Historia 


¿Era nula la higiene en el Palacio de Versalles?

Me topé hace unos días con un artículo que trataba un tema que, por estrambótico, casi resultaba imposible de considerar verdadero. Por supuesto, por todos es sabido que el nivel de higiene en el pasado era muy diferente al nuestro de hoy en día. En la Edad Media, por ejemplo, y fundamentalmente entre las gentes del pueblo llano, las posibilidades de aseo básico eran muy reducidas. De hecho, la falta de higienización llegó hasta niveles dramáticos al fomentar la imparable expansión de la pandemia que azotó a Europa en el siglo XIV: la peste bubónica o peste negra. Pero, ¿hasta qué punto llegaba la ausencia de pulcritud? ¿Tan distintas eran las costumbres higiénicas de aquellas épocas? ¿Cómo de cochinos eran? Para ejemplificar algunos de los curiosos datos aportados, el artículo invitaba a viajar al Palacio de Versalles del siglo XVII, y no dando crédito a muchos de ellos, investigué un poco más acerca de estos, nunca mejor dicho, trapos sucios.

Portrait Of Louis XIV. H. Rigaud. 1694

Portrait Of Louis XIV. H. Rigaud. 1694

El Palacio de Versalles, imponente edificio cuya construcción ordenó Luis XIV, se consideraba como uno de los más lujosos lugares de su época. Quizá a todos nos vengan a la mente posibles escenas de salones de baile llenos de gente con impresionantes ropajes, esas afeminadas pelucas de caballeros que repetían una y otra vez exageradas reverencias, modales exquisitos y manjares en las mesas. Pero no todo era tan elegante como parece. El Palacio de Versalles se levantó con más de trecientas habitaciones, pero lo realmente curioso es que ninguna de ellas era un cuarto de baño. Del baño corporal directamente no podríamos contar mucho, pues prácticamente era nulo, pero, ¿qué hay del se mettre a leur aise? Lo cierto es que cada uno se buscaba la vida como podía, y no era poco habitual que las gentes hicieran sus necesidades en plena calle. Es más que probable que esos majestuosos jardines estuvieran plagados de excrementos. Alrededor del año 1700, el mismísimo Erasmo de Rotterdam escribía ciertas normas destinadas al comportamiento ante posibles situaciones incómodas, y decía que “es descortés saludar a alguien mientras esté orinando o defecando, y se ha de actuar como si no se le viese, disimulando las ventosidades tosiendo“. Poco después, un decreto de 1715 ordenaba retirar los excrementos de los pasillos y patios una vez a la semana.

Las ropas se lavaban más bien poco, siendo el indicador de que había que hacerlo, el hecho de no poder soportar mayor cantidad de pulgas en las mismas. Un material muy común era el lino, destinado a absorber la suciedad y los sudores para que el cambiarse de ropa fuese sustitutivo de bañarse. Cuando en contadas ocasiones cada año tocaba bañarse, era habitual que la familia entera utilizara la misma bañera sin cambiar el agua, comenzando por el padre. Se dice del propio Luis XIV que sólo se bañó dos veces en su vida y porque se lo recetaron sus médicos, pero lo cierto es que este falso rumor nació de la equivocada interpretación de varios documentos que narraban los cuidados sanitarios del rey, donde se explica que tomó dos baños terapeúticos. Sin embargo, lo que está claro es que era una creencia muy habitual la de considerar que la actividad de bañarse era un peligro, por pensar que se propagaban enfermedades por el agua. Por contra, estar protegido con una buena capa de roña era tomado como un eficiente método de protección.

Palacio de Versalles

Palacio de Versalles

El cabello grasiento era sinónimo de pelo saludable y se consideraba algo atractivo al lucir brillante. La epidemia de piojos aprovechó esta extraña moda. Uno de los modos de pasar el tiempo en Versalles era desparasitarse los unos a los otros. Durante el siglo XVI surgieron diversos productos cosméticos dirigidos a enmascarar malos olores para poder evitar el baño. En la corte de Francia se utilizaban paños impregnados en agua, alcohol, vino o incluso saliva para lavarse las manos y las zonas más olorosas. Existían ciertos ungüentos fabricados con hierbas que se aplicaban en las partes íntimas para disimular el mal olor. Para la boca, se solían utilizar pastas creadas también con hierbas para poder evitar el mal aliento, y en concreto, las hojas de laurel eran un común antiséptico.

Los tiempos han cambiado y todos estos datos nos resultan sorprendentes. El Palacio de Versalles, hermoso edificio. Pero qué curioso, de sus incontables ventanas, efectivamente, se escuchaban en los atardeceres de aquellos tiempos esos repentinos gritos seguidos de inesperadas lluvias de hediondo contenido. ¡Agua va!

En colaboración con QAH| Corresponsal en la Historia

Vía| Muy Interesante. Preguntas y Respuestas. Verano 2012

Imagen| Cuadro, Palacio

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