Coaching Profesional, Coaching y Desarrollo Personal, Uncategorized 


Equipaje para la luna

En 2012 empezó a hablarse seriamente de un turismo habitual en la Luna. Hay empresas que están preparando la tecnología adecuada para las bases lunares y las pequeñas naves que deberán conducir, hacia 2020, a grupos pequeños de personas y empresas que puedan pagar la módica suma de entre setecientos cincuenta y mil quinientos millones de dólares.

Aunque ese viaje es apenas una locura remota, no pude evitar imaginarme a mí misma instalada en una de las habitaciones que las grandes cadenas hoteleras empiezan a proyectar en nuestro pequeño satélite natural. Están ya en una enloquecida carrera comercial (¿especulativa?) hacia el futuro. Arquitectos de todas las latitudes compiten para convencernos de que el máximo confort lo tendrán sus albergues de ciencia ficción, y parece seguro que no se escatimarán medios para que allá se disponga de los artículos más exclusivos que es posible conseguir en la Tierra… sólo que en la Luna.

¿Cómo prepararía yo el equipaje para tan singular destino? ¿Llevaría cantidades enormes de libros y novelas? ¿Un ordenador portátil para conectar con Internet y con la lejana familia? ¿Postales y fotos de la Tierra? ¿Videos, música? ¿Un cargamento de chocolate?

Las vistas que tendría desde la Luna.

Las vistas que tendría desde la Luna.

Me pregunté qué sentiría, sentada en un sillón ergonómico, bajo la constante noche lunar tapizada de estrellas, dentro de una estática nave espacial, ante su amplia ventana con vistas al Planeta Azul. Casi de inmediato me embargarían una serie de emociones muy intensas; una ternura íntima como la que se siente recordando la casa de nuestra infancia, los olores de su cocina, el patio de los juegos que fue el primero de nuestros universos. ¡Qué hermosa es la Tierra! ¡Qué adecuada para nosotros, qué a nuestra medida! Cuánta maravilla hay en un sencillo vaso de agua fresca… ¡y con cuánta indiferencia pisoteamos sus delicados mecanismos!¡Qué poco valoramos los milimétricos equilibrios entre las distintas formas de vida!

Quien vaya a la Luna en calidad de turista sideral difícilmente podrá encontrar en ella un refugio para olvidarse de la Tierra. Porque… ¿quién, con esa perspectiva, podrá sustraerse a las viejas preguntas provenientes de imborrables utopías? ¿Logrará evadir la impresión de que hay demasiado qué hacer y quizá aún más, demasiado qué dejar de hacer en nuestro planeta? Y si sueña la sociedad del futuro, ¿le bastará imaginar a las personas en casas de líneas cada vez más frías y metálicas? Al colonizar el universo, ¿arrastraremos como un saco de basura nuestro viejo acerbo de vicios, violencia y resentimientos recogidos con fruición en tantos libros de historia? ¡A la Luna y al espacio, si se va, habría que ir con lo mejor de uno mismo y de la humanidad en su conjunto!

Nuestro planeta nos ofrece millones de posibilidades para disfrutar.

Nuestro planeta nos ofrece millones de posibilidades para disfrutar.

Vi de nuevo mi maleta aún vacía; empecé por meter en ella la alegría de sentirme ser. Aquí, en esta mota de polvo voladora dentro de su pequeña galaxia; un planeta hermoso, condición indispensable para mi existencia. Ser, precisamente con mis contemporáneos concretos, fruto de la misma ola de la Historia, muchos millones de los cuales viven en condiciones infrahumanas. Proseguí buscando las mejores piezas para construir un mundo verdaderamente de futuro: la decisión de no colaborar con tanto dolor inútil y evitable; las energías de todos los voluntarios que entregan sus horas para que otros padezcan menos; el arte, la música, la buena cocina, la ciencia, el cine, la presencia amorosa que se comparte entre los que se quieren. En suma, los esfuerzos de innumerables hombres y mujeres que han acertado a encontrar claves para una convivencia plena, justa, libre, pacífica, plural, festiva.

¡Si lleváramos este equipaje allá donde la exploración nos conduzca!

Tuve la impresión de que al volver, los viajeros habríamos redoblado nuestro amor por el planeta, y lo que es más importante aún, por los habitantes concretos, esos realmente existentes, que la poblamos en este escarpado inicio de milenio.

Vía| Leticia Soberón

Imagen|Disfrutar, Luna, Maleta.

RELACIONADOS