Reflexiones, Uncategorized 


Equilibrio

equilibrioTendemos a centrar nuestra vida en la búsqueda de una felicidad plena muy difícil de conseguir. Pasamos la infancia sin ser conscientes de que al crecer, dejamos atrás esa facilidad para vivir tranquilos que nos acompaña mientras somo niños. De pronto, un día te has hecho mayor y todo parece mucho más complicado de lo que era hace unos años. Casi sin tiempo para acostumbrarte, has de hacer frente a situaciones desconocidas y muy complicadas de gestionar.  Y aparecen sensaciones que nunca antes habías experimentado, te sientes frustrado, no sabes dónde está tu sitio, la incertidumbre te mata y todo frente a ti cobra una dimensión abismal. Es la vida, tu vida, la que te espera ahí fuera.

Suena grande, enorme, pero no hay otra salida más que enfrentarse a ello. Y entonces empiezas a caminar solo, buscando eso que siempre nos han dicho que es lo que debemos buscar: la felicidad. Esa piedra filosofal imposible de alcanzar y que nos empeñamos en buscar y buscar muchas veces incluso sin sentido. Caminamos en busca de algo que muchas veces no tenemos claro qué es exactamente y al no encontrarlo, aparece la desmotivación, el peor de los escenarios para poder seguir avanzando.

Antes de llegar a esta situación, conviene ser consciente de cuáles son las circunstancias que nos rodean, analizar la realidad y ponernos metas realistas. Centrarnos en aquellas metas que sí podemos conseguir y alcanzar el equilibrio en nuestra experiencia vital. Es casi imposible sentirnos absolutamente plenos en todas las facetas de nuestras vidas, por eso intentar compensar unas con otras, es una buena estrategia a la hora de sentirnos a gusto en nuestra propia piel.

Hay circunstancias en nuestra vida que escapan a nuestra voluntad, que son incontrolables para nosotros, sin embargo, hay otras de las que somos totalmente dueños; cuando una de esas facetas incontrolables nos haga sentir mal, tendremos que potenciar aquellas otras en las que tenemos la posibilidad de hacer aquello que nos llene. Si nuestro trabajo no nos hace felices, además de tratar de cambiarlo, por duro que sea, tendremos que esforzarnos por construir en nuestras vidas pequeños gestos que nos hagan felices. Centrar nuestros esfuerzos en disfrutar de nuestras familias, los amigos, los hobbies… cualquier vía de escape que nos ayude a olvidar aquello que no es como nos gustaría. 

Equilibrio, ahí está la clave de la felicidad, no en buscar la plenitud total si no en ser capaces de estar bien, incluso cuando no todo lo está. Hacer frente a los problemas, superarlos y seguir hacia delante. Así funciona la vida y así debemos de adaptarnos a ella.

Imagen| Taringa

RELACIONADOS