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Entrevistamos a Raúl Cancio: “La reforma judicial únicamente reforzará los bloques ideológicos ya existentes en el seno del CGPJ”

Cancio

Raúl César Cancio es, entre otras cosas, Doctor en Derecho y Letrado del Tribunal Supremo adscrito a la Sala Contencioso-Administrativo. En Qué Aprendemos Hoy ya hemos tenido la oportunidad de disfrutar de varios de sus artículos, que son publicados en multitud de diarios nacionales y revistas especializadas. No duda en analizar jurídicamente cualquier tema de actualidad, como por ejemplo la regulación del burka en occidente. Es además autor de numerosas obras que podéis encontrar aquí.

Hoy nos hablará de las últimas reformas que se han  llevado a cabo, y como es ya costumbre en nuestras entrevistas, del sistema educativo español, protagonista por la reciente aprobación del Proyecto de Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa.

 

Pregunta: ¿Qué opina del sistema educativo español?

Para responder a esa cuestión, me va a permitir que reformule su pregunta: ¿Qué opina de la pendular e irresponsable conducta de los sucesivos legisladores con respecto al sistema educativo español? Y mi respuesta no puede ser otra que la incredulidad. Resulta inadmisible que materias y sectores tan sensibles como la educación, el gobierno de los jueces o la interrupción voluntaria del embarazo, por poner tres ejemplos arquetípicos,  estén sometidos al basculante arbitrio de las sucesivas tendencias políticas cuando, precisamente, son esferas que, por su naturaleza,  deberían gozar de una estabilidad a prueba de tendencias políticas coyunturales. Por lo demás, cualquier sistema educativo estable, consensuado y duradero,  basado en el mérito, el esfuerzo y la capacidad, me parecería idóneo.

P: Recientemente se aprobó el Proyecto de Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, ¿ha tenido la oportunidad de echarle un vistazo?

He de decirle que lo he examinado, más en mi condición de padre que de jurista, y he de lamentar la oportunidad perdida por el ministro del ramo para ubicar  la asignatura de religión donde merece. Estoy de acuerdo, la religión no debe ser una materia optativa, debiera formar parte, por el contrario, de la preceptiva asignatura de Historia del Pensamiento, pero en modo alguno contemplarla como lo hace la LOMCE. Me interesa extraordinariamente que mis hijos conozcan la historia del pensamiento cristiano y su ineludible influencia en la cultura occidental; en el caso de que también estuviere interesado en que participaran de sus dogmas, preferiría que les instruyeran fuera del colegio. Esto viene a demostrar una vez más la alarmante ignorancia de nuestros políticos acerca de la posición de la religión en un estado laico.

P: ¿Qué importancia atribuye al aprendizaje paralelo a la Universidad (lectura de artículos, libros, asistencia a conferencias…), es decir, a la formación continua?

Me parece fundamental, pero le diré más. Me interesa aún en mayor medida el aprendizaje previo. Tengo buenos amigos docentes en la Universidad y yo mismo imparto un Practicum de derecho público en una Universidad de Madrid y tengo que decir que no es de recibo el nivel de instrucción con que llegan algunos alumnos a las Facultades. Es por todos conocido que de la Universidad uno sale prácticamente ignaro en todo, pero del colegio habría que egresarse al menos, sin incurrir en faltas de ortografía.

P: Dejando un poco aparte el tema educativo, ¿Qué tres reformas adoptaría si fuera Presidente del Gobierno en materia judicial? ¿Se atrevería a decir tres reformas económicas?

Sí, se las voy a decir: primero inversión, después, más inversión y finalmente, inversión. Las reformas en materia judicial de perfil ideológico, como las que estamos sufriendo en estos últimos meses, tienen las piernas muy cortas. Sin embargo, la dotación de sistemas informáticos adecuados; la dignificación de las sedes judiciales; los programas de ayuda a victimas de terrorismo, violencia domestica o en situaciones de desamparo; la formación integral del personal…todo ello sí redundaría en un mejor servicio al justiciable. Le voy a poner un ejemplo perfectamente comprensible: el mantenimiento de las medidas de refuerzo para la Sala Tercera del Tribunal Supremo,  aprobadas en enero de 2011, han permitido reducir la pendencia de 11.000 asuntos pendientes de sentencia en julio de 2010 a los 7.200 a 1 de abril de 2012, con un ingreso anual de 8.000 asuntos al año, lo que a un ritmo actual de reducción de 300 a 500 asuntos mensuales, ha permitido ponerse al día una jurisdicción que hace cinco años ni el más optimista podía augurar. No ha sido ningún milagro. Es tan solo el fruto de un importante refuerzo económico, material y humano. No hay secretos. Por lo que respecta a las reformas económicas, permítame que niegue la mayor. No es una crisis económica la que venimos sufriendo desde 2008. Es una crisis política y moral. Sin entrar en un tema que daría para mucho más que el espacio de esta pregunta, creo sinceramente que la Gran Recesión es un grandioso caballo de Troya mediante el cual nos han introducido un verdadero proceso constituyente contra-legem. No, no creo en las reformas económicas, creo en las reformas políticas de acuerdo con nuestra Constitución.

 P: Escribe para muchos diarios nacionales y especializados, así como para distintas páginas web ¿cómo se alcanza el grado de conocimiento que muestra en sus artículos?

En fin, ese grado de conocimiento del que habla es un punto de vista subjetivo que le agradezco, desde luego. Creo, honestamente, que todo en mi vida es fruto de la curiosidad, infantil, añadiría. Un buen amigo mío siempre me dice que esa inquietud por temas tan diversos es fruto de mi inmadurez. Y es cierto, me apasiono por lo que me gusta, disfruto con trivialidades y eso se nota cuando uno escribe.

P: Entonces, además de estudiar Derecho, ¿podría decirse que debe convertirse en una pasión?

En efecto, estudiar Derecho, correr por las mañanas, hacer maquetas, leer libros, escuchar a Celibidache dirigir, ir al fútbol, coleccionar figuras de Star Wars, ver películas de Woody Allen…todo debe llevar aparejada una razonable dosis de pasión, sino no merece la pena.

P: El diario EL PAÍS publicó un artículo suyo en relación con la regulación del Burka en Occidente en el que muestra dos bienes jurídicos enfrentados: libertad religiosa y seguridad. ¿Está el legislador preparado para tratar este tema en nuestro país?

Por supuesto, siempre y cuando, como decía en aquella tribuna, sea respetuoso con nuestro acervo constitucional y lo haga poniendo en valor principios estructurales de nuestro paradigma jurídico, como son los la seguridad jurídica, la presunción de inocencia, la libertad ideológica, religiosa y de culto o el principio de legalidad, todos ellos  activos verdaderamente identificadores de “nuestra civilización”, mucho más que el bizarro afán de algunos por protegernos de las que consideran diferentes por ocultar su rostro.

P: El aborto es sin duda un tema sensible, pero más que jurídica parece una discusión ideológica, ¿se logrará alguna vez una ley consensuada al respecto?

Me remito a lo que le comenté sobre los perniciosos vaivenes legislativos. Yo tengo mi opinión formada acerca del aborto y de su tratamiento legal. Pero es intrascendente. Lo sustancial es exigir a los políticos que abandonen su sordera demagógica y alcancen un acuerdo que permita legislar en el sentido de que todos los implicados vean satisfechos sus derechos –ponderando razonablemente la naturaleza jurídica de cada de ellos, claro está-  y dispensando una escenario previsible y duradero en una materia tan sensible como ésta.

P: ¿Qué opinión le merece la reforma judicial que se plantea, en donde los magistrados son los que elegirán a los miembros del CGPJ en vez de hacerlo los políticos?

Bueno, si bien esa era la promesa electoral –una más- del partido hoy en el gobierno, lo cierto es que el texto aprobado por el Pleno del Congreso el pasado 16 de mayo, diseña un sistema de elección prácticamente idéntico al existente, que combina la participación en el proceso de los miembros de la carrera judicial, estén o no asociados, atribuyendo al Congreso y al Senado, como representantes de la soberanía popular, la responsabilidad de la designación de dichos Vocales, eso sí, introduciendo una sistema de evitación de bloqueos con un sesgo claramente coyuntural que únicamente reforzará los bloques ideológicos ya existentes en el seno del CGPJ y una figura absolutamente tóxica y exótica: la vicepresidencia del Tribunal Supremo y del CGPJ, que hoy mismo conocemos que ha sido vaciada de su insensato contenido original merced a las enmiendas al texto,  sometiendo lógicamente a esta figura al mismo mecanismo de nombramiento que el presidente y eliminando las funciones jurisdiccionales propias que se le habían atribuido (presidencia del Tribunal de conflictos de jurisdicción, la Sala de conflictos de jurisdicción y de la Sala de conflictos de competencia), limitándose su papel a ejercer, en funciones, el cargo de presidente del Supremo y del CGPJ en los casos legalmente previstos de cese anticipado el presidente y hasta el nombramiento de nuevo presidente y a prestar al presidente la colaboración necesaria para el adecuado cumplimiento de sus funciones. Además –esto, como usted comprenderá,  me interesa especialmente-  sólo por delegación del presidente, podrá ejercer la superior dirección del Gabinete Técnico del Alto Tribunal.

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