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Entrevista a Diego García Paz, embajador del mes

Nuestro embajador del mes de abril es Diego García Paz, Letrado Jefe de Civil y Penal de la Comunidad de Madrid.

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Licenciado en Derecho por la Universidad de León, estudios para los que fue becado por el Banco Santander al contar con uno de los mejores expedientes académicos de Bachillerato de España, pertenece por oposición al Cuerpo Superior de Letrados de Comunidad de Madrid. Asimismo, es Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, en la que ingresó con la conferencia titulada “la prueba indiciaria en el proceso penal”.

De una fuerte vocación hacia la filosofía y la docencia, es profesor del Instituto Superior de Derecho y Economía, a través de la obra Big Data ISDE, en las materias de Derecho Procesal Penal y Penal Sustantivo. Cuenta con diferentes artículos sobre Historia y Derecho publicados en prensa especializada, y como leonés, amante de su tierra, le gusta investigar sobre el surgimiento de la institución parlamentaria en el antiguo Reino de León, pudiendo simultanear el cariño hacia su tierra natal con su actividad profesional e intelectual, contribuyendo, como Vicepresidente de la Casa de León en Madrid, al brillo y reconocimiento de su tierra en la capital de España.

Cuéntanos, ¿cómo empezaste a colaborar con QAH?

Conocía QAH a través de algunos amigos míos que ya colaboraban en esta magnífica iniciativa y por mí mismo al consultar las diferentes entradas que diariamente se iban publicando. Llegó un día en el que se me propuso, por parte del equipo de QAH, la posibilidad de participar como redactor de la sección de jurídico.

¿Y cómo ha sido tu trayectoria en QAH? 

Llevo cerca de un año aportando un artículo mensual en jurídico, que se publica los primeros días de cada mes. Intento tratar temas que unan la actualidad con los conceptos jurídicos más clásicos de una forma muy sencilla y didáctica, con la finalidad de demostrar que el Derecho es una materia viva, como un organismo en el que todas sus áreas se imbrican, e interesante y muy práctica aún en sus aspectos más abstractos. A ello se añade la sensibilidad de muchos temas, como todo lo referente al conflicto bélico o los menores.

¿Qué es para ti ser parte de QAH? 

Un honor. Para una persona con gusto por la docencia y con cierto ánimo filantrópico no existe una mejor comunidad que ésta, pues su esencia es precisamente contribuir al enriquecimiento del ser humano, y con ello intentar hacer nuestro mundo un poco mejor.

¿Qué fue lo primero que pensaste de la Comunidad?

Un lugar en el que obtener información muy diversa sobre todas las cuestiones que se puede plantear una persona en su día a día.

¿Y qué piensas ahora?

QAH es la comunidad en la que aprender, crecer intelectualmente y contribuir a mejorar la sociedad constituyen su razón de ser y así se plasma en la realidad, pues consigue, de forma objetiva, ese efecto.

¿Cuáles crees que son las grandes virtudes de QAH?

Entender el conocimiento humano en toda su diversidad y riqueza, tratando todas las materias posibles. Yo creo que así se engloban todas las virtudes de la comunidad.

¿Qué te ha aportado personalmente QAH?

Conocer a unos compañeros de comunidad excepcionales, y como he expuesto antes, aprender mucho, de muchas personas y materias.

¿Y profesionalmente?

Tomar noticia de otros profesionales con similares inquietudes y poder intercambiar entre nosotros conocimientos y proyectos.

¿Cómo ves el futuro del proyecto?

QAH goza hoy de un reconocimiento y prestigio considerables, y crece a un ritmo ininterrumpido. Su carácter práctico, su voluntad de llegar a todos y su ánimo de expandir en la red el saber humano en todas sus dimensiones y facetas son la fórmula de un futuro brillante.

Por último, ¿qué le dirías a alguien que se esté pensando ser parte de QAH?

Si quiere contribuir a dar la luz propia del conocimiento a la sociedad; si quiere tomar contacto con una comunidad de personas inquietas, cultas y estupendas; si quiere participar en la versión más actual del humanismo y contribuir a hacer realidad en el actual mundo tecnológico el antiguo adagio “soy humano, y nada de lo humano me es ajeno”, que no lo dude ni un segundo.

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