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Entre la magia y el libre albedrío

Una de las ciencias que más ha avanzado en los últimos tiempos es la que se ocupa del funcionamiento del cerebro, lo que está permitiendo una cierta desmitificación de tan excepcional órgano humano.

 

Entre las últimas investigaciones la que quizás más sorpresas está deparando se relaciona con el sentido de la vista. Simplificando un tanto, dicho sentido se asemeja bastante a una cámara de fotos. El ojo equivale a la lente de una cámara; se supone que transmite al cerebro todo lo que ve, pero el cerebro procesa la información captada en parecidos términos que la película, o ahora sensor, que construye la imagen que realmente percibimos.

 

Trayecto óptico en el cerebro

Trayecto óptico en el cerebro

En el caso de una cámara, la imagen grabada depende de la calidad ―transparencia y ausencia de aberraciones ópticas―, de la lente y de la película o sensor ―sensibilidad, grano, píxeles, etc.― y también de la técnica fotográfica, asociada a la longitud y apertura focal, que determina la nitidez de los objetos en función de la distancia.

 

El cerebro humano, además de ser tautológicamente muy inteligente, es más bien vago: no pierde el tiempo con aquello que estima no le interesa. Por ejemplo, sigue con más atención cuanto se mueve que lo que permanece fijo, según parámetros lógicos: para qué perder el tiempo, se dice el cerebro, observando detenidamente lo que no cambia; mejor dedicar toda nuestra atención a lo que merece la pena, es decir, lo que sí modifica su estado.

 

Sleights of mind

Sleights of mind

Este comportamiento cerebral conlleva que lo que realmente vemos, sentimos y pensamos esté más basado en las expectativas originadas por los recuerdos y experiencias previas, que por lo que sucede. Lo real y lo imaginado comparten la misma fuente física en el cerebro, hasta el punto de que una sorprendente proporción de nuestra percepción es fundamentalmente ilusoria, sostienen Macknik y Martínez-Conde en Sleights of mind, y añaden: “Desechamos el 95% de lo que ocurre”.

 

Inventamos gran parte de lo que vemos. Puesto que la resolución de nuestro sistema visual equivale a la de una cámara digital barata, nuestra experiencia óptica es una ilusión creada por los procesos de relleno de nuestro cerebro. Somos una máquina de predicción constante.

 

La mayor parte de trucos de magia tienen una sólida base científica: los juegos de cartas ―nos fijamos en lo que más se mueve y la resolución de nuestro sistema visual es muy pobre, salvo en el centro exacto de nuestra mirada―, las cucharas dobladas ―cuando un objeto aparece escondido detrás de otro, se verá en su totalidad aunque se encuentre oculto― , la mujer cortada por la mitad con una sierra ―una caja hueca y el deseo de nuestro cerebro de lograr continuidad―, la desaparición de objetos, etc.

 

Escher dibujo escaleras

Escher dibujo escaleras

No fueron los científicos quienes inventaron la mayor parte de las ilusiones visuales existentes, sino lo pintores renacentistas. El hotel Venetian de Las Vegas es un museo vivo de las ilusiones humanas; pero, antes, el famoso litógrafo holandés Escher dibujó escaleras interminables, algo físicamente imposible.

 

Una de las ilusiones visuales más interesantes ―recientemente de moda por la copia encontrada en nuestro Museo el Prado― es la sonrisa de la Mona Lisa, que solo cabe observar si no miramos su boca. Otra, ya referida en esta web, es el cuadro del citado museo pintado por Tintoretto: una mesa –con Jesucristo y sus apóstoles–que, vista de frente, persigue a la vista en un desplazamiento horizontal de cerca de diez metros frente a la pintura.

 

Mago

Mago

Los magos recurren al humor y a la risa para desarmar nuestro centro de atención, porque cuando dos acciones son igualmente llamativas y comienzan de manera simultánea, aquella que detectemos primero será la que capte nuestra atención. También saben que, si una mano se mueve a toda velocidad en línea recta, nuestros ojos se disparan automáticamente hacia el final del recorrido, mientras que, si se mueve dibujando un arco, el mecanismo de seguimiento será distinto; no predice el final del trayecto.

 

¿Cómo es posible que no veamos un gorila enorme en medio de un partido de baloncesto entre adolescentes? En Internet se puede disfrutar de la experiencia fácilmente. Chablis y Simons, en The invisible gorilla, demuestran que edificios enteros, barcos, gente, cualquier objeto de envergadura considerable, pueden aparecer y desaparecer ante nuestros ojos sin que nos demos cuenta, siempre que lo hagan con suficiente lentitud.

 

El misterio de la cuerda India

El misterio de la cuerda India

En el ámbito de la memoria sorprenden los descubrimientos de Peter Lamont, que en su Auge y caída del truco de la cuerda india sostiene que la gente acaba tomando como cierto cualquier rumor o patraña, a pesar de las evidencias que prueben lo contrario, siempre que las afirmaciones de veracidad se repitan lo suficiente.

 

Muy poco de lo que contiene nuestra memoria es verdaderamente fiel: la confabulación puede convertirse en una característica permanente de la memoria sin que se distinga del original. Las ilusiones de nuestra memoria son fruto de nuestra necesidad de darle sentido al mundo.

 

Francisco J. Rubia, catedrático de Fisiología Humana y especialista en Neurociencia, en su El fantasma de la libertad sostiene que la ciencia del cerebro demuestra que el libre albedrío es solo uno más de los mitos de que se ha dotado la humanidad.

 

David Hume

David Hume

David Hume dejó establecido en su Tratado sobre la naturaleza humana que la libertad es una impresión interna, una sensación consciente, personal y subjetiva de la causa, fuerza o motor de los actos, pero no era esa causa o motor, lo que ha acabado siendo corroborado por experimentos neurofisiológicos.

 

Para Rubia, nuestras acciones están determinadas por lo que ha sucedido anteriormente. Una persona es realmente libre si es ella misma la causa de sus acciones, pero para que exista libertad tiene que haber consciencia. Las acciones derivadas de motivaciones inconscientes no hacen que esa persona posea libertad.

 

Se calcula que los ojos envían al cerebro diez millones de bits por segundo, los oídos unos cien mil y el gusto unos mil. Solo una pequeña parte de dicha información llega a la consciencia: se calcula que de toda la actividad del cerebro, únicamente la milésima parte se hace consciente. Es enorme la diferencia existente entre el consciente y el inconsciente en cuanto a la información que procesan. El lenguaje, una de las funciones más complejas que realiza el ser humano ―único animal que posee esta habilidad―, exige toda una serie de leyes de gramática y sintaxis sin que seamos conscientes de ellas.

 

Siendo innumerables los recientes descubrimientos científicos acerca del funcionamiento del cerebro que parecen desmitificar su asombrosa función, hasta el punto de que nos pueda tomar el pelo cualquier mago y lleguemos a pensar que la libertad podría ser una ficción cerebral, ¿qué sería de nosotros sin él?

 

* Twitter| @jbanegasn
* Más información| España, más allá de lo conseguido, Canal Youtube de Jesús Banegas y Programa radio “Viaje a Serendipia”

* En QAH| Otros artículos de Jesús Banegas
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