Economía y Empresa 


Entender la política fiscal

politica fiscalHoy, como cualquier otro día, de camino al trabajo escucho diferentes fragmentos de tertulias. Todos nos hemos vuelto expertos economistas, cronistas de nuestro tiempo. La gran mayoría protestamos, a veces en tono quejoso y lastimero, de lo mal que está la economía. Cuantos de nosotros no hemos oído la famosa frase “la culpa es del gobierno”, “la culpa es de los políticos”, “la culpa es de los bancos”, la culpa, la culpa, la culpa… Y todo ello magnificado debido al año electoral que estamos viviendo. Que manía en buscar culpables.

Pero lo que nadie intenta hacer es comprender el porqué de ciertas medidas, el porqué de ciertas acciones y el porqué de ciertos debates abiertos y en los que nadie quiere entrar. Por ejemplo, ¿Por qué se adoptaron medidas de aumento del gasto público en España, aun a sabiendas de que el déficit publico se dispararía? ¿Por qué se lanzan globos sonda intentando concienciar a la opinión pública de que la edad de jubilación debe aumentar? Por qué, por qué, por qué…

En un año electoral como el que estamos viviendo estas respuestas tienen y deben responderse en los distintos programas electorales que, tarde o temprano, presentará cada uno de los partidos políticos.

Un poco historia

Hasta hace no mucho, en el primer cuarto del siglo XX, la intervención del estado en la economía de un país no estaba muy bien vista por algunos sectores de la sociedad. Se pensaba que el propio mercado era lo suficientemente solvente y eficiente para ajustar cualquier desequilibrio. Pero el inicio de la Gran Depresión de los años 30 demostró que ese mercado tan eficiente y tan autorregulado necesitaba un pequeño empujoncito para ponerse en marcha. Fue entonces cuando apareció un nuevo paradigma de hacer política económica, la postulada por John Maynard Keynes en su obra Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, publicada en 1936.

Simplificando mucho, cuando la producción cae debido a una caída de la demanda, la producción puede activarse estimulando la demanda agregada con un aumento del gasto público, aunque incurra en déficit público. Esta corriente de pensamiento fue dominante hasta los años 70 y 80, época en la que perdió peso en favor de políticas de corte neoliberal. Esta guerra ideológica entre los defensores de las políticas de demanda y las políticas de oferta aun se mantiene hoy en día, más viva que nunca.

Sin entrar en el debate de si es o no pertinente aplicar una política fiscal que actúe sobre la producción, el empleo y los precios, ¿como se aplican este tipo de políticas?

Política fiscal expansiva

Los instrumentos utilizados por la política fiscal son, básicamente, el gasto público y el ingreso público (sobre todo vía impuestos). ¿Cual es la cadena de efectos producida por un aumento del gasto público? Un primer efecto es el aumento de la demanda agregada. Es decir, si el sector privado no consume, si las empresas no invierten, entonces será “papá estado” quien gastará por todos ellos. El aumento de actividad, aunque artificial, arrastrará al resto de agentes económicos y, tarde o temprano, la producción de ese país aumentará.

Una reducción de impuestos tiene un efecto similar, pero actúa sobre la renta disponible de los agentes económicos. Es decir, al pagar menos impuestos, todos tendremos más dinero disponible. Si se dispone de una cantidad con la que no se contaba, ¿que hace cualquier hijo de vecino? pues eso, gastar, aumentar el consumo. Ya tenemos el “empujoncito” de la demanda agregada para poder aumentar el PIB.

Las dos medidas anteriores tienen un pequeño efecto secundario: el déficit público (exceso de gasto sobre ingreso) se dispara. Pero no pasa nada, el aumento de producción futuro permitirá reducir el gasto público y aumentar los impuestos para subsanar el desfase presupuestario. La economía, desde este punto de vista, es ese pajarito en el nido que tiene que echar a volar pero que no se atreve. ¿Que hace mama pájaro? Le da un empujoncito y A VOLAR. Pero hay algún pajarito que no consigue volar y se estrella estrepitosamente contra el suelo. No hay garantías de que un estímulo fiscal se traduzca en un aumento de producción. Todo depende del multiplicador del gasto público o del multiplicador de los impuestos.

¿Que falla entonces?

Lo anterior funciona salvo por un pequeño detalle. Si las expectativas no son buenas, los consumidores no gastan. Si las expectativas no son buenas, las empresas no contratan. Si el gasto público no es en inversión productiva, una vez eliminados estos gastos, volvemos a la situación de antes, pero tremendamente endeudados. Si aumenta el número de parados, los subsidios por desempleo también son gasto público (aunque tiene un efecto de estabilizador automático). Además de no aumentar la producción, hemos creado un problema. El sector privado compite con el sector público para captar recursos financieros. Y en esas estabamos hasta no hace mucho.

Este desfase de gasto público hizo que los organismos internacionales nos dieran un toque de atención. Algo así como cuando el presidente de nuestra comunidad de vecinos nos dice que dejemos de lavar el coche con el agua de la comunidad, que al final todos tienen que pagar el agua. Y llegaron las políticas de austeridad.

¿Ha llegado la hora de relajar las políticas de austeridad? ¿Ha llegado la hora de aplicar políticas fiscales expansivas? Ya veremos…

Vía| Fuente propia

Imagen| Fotografía propia

En QAH| ¿Políticas de demanda o políticas de oferta? El dilema de cómo salir de la crisis (I)

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