Ciencia, Neurociencia 


Enamorarse, pura bioquímica

El  amor ha pasado a ser un tema de interés científico dada su importancia en la vida del ser humano. Aunque cada uno de nosotros puede tener su propia definición del amor, desde el punto de vista biológico se le ha caracterizado como un fenómeno integral que involucra nuestro cerebro y nuestros órganos productores de hormonas, como la hipófisis y la glándula adrenal. En el amor participan varios mensajeros químicos que proporcionan una gama de sensaciones que van desde el placer, la euforia, la confianza y la seguridad, hasta la ansiedad, la obsesión y la depresión. Es un fenómeno que incluye patrones conductuales, cognitivos y emocionales característicos.

Todas estas sensaciones y conductas complejas que se viven en el amor han llevado a los investigadores a estudiar cada uno de sus componentes y conocer de este modo las bases biológicas que lo sustentan.

Amor y personalidad

Hay  cuatro tipos de sistemas cerebrales, según la sustancia que más se segrega, y que estarían ligados a personalidades distintas y tendrían un papel en el enamoramiento. Si una persona produce mucha dopamina, un neurotransmisor cerebral, tiene una personalidad exploradora, curiosa, energética; si produce mucha serotonina, otro neurotransmisor, tiene una convencional, meticulosa; si produce mucha hormona testosterona, es lógica, con gran decisión, de esas personas que les gustan la ingeniería o las matemáticas, y si produce muchas hormonas estrógenos u oxitocina, es de personalidad negociadora, imaginativa, compasiva.

Según diversos estudios se ha observado, que las personas que tienen una personalidad curiosa o una convencional tienden a enamorarse de alguien que sea como ellas; en cambio, quien tiene una personalidad donde domina la testosterona tiende a sentirse atraído por quienes expresan mayores niveles de estrógenos y viceversa.

Cuestión de química y biología

amorSegún Fisher, existe una determinación biológica en enamorarse de una u otra persona, además de los factores que se habían considerado hasta ahora: aspectos psicológicos, la atracción visual, compartir unos valores y una cultura o tener un nivel de inteligencia y socioeconómico similar. Hay diferentes sistemas cerebrales que se activan, por separado y compartiendo algunas áreas, para el sexo, el enamoramiento y el amor duradero, y entendemos ya esos circuitos básicos. El deseo sexual se activa por las hormonas sexuales (testosterona y estrógenos) y sobre todo en regiones del cerebro como el hipotálamo y la amígdala. Es un mecanismo más primario que el del amor y menos coincidente con él de lo que se pudiera creer.

En el enamoramiento, según investigadores norteamericanos se activa sobre todo una zona cerebral (área ventral tegmental, en la región subcortical) que segrega dopamina, el neurotransmisor cerebral que rige el placer.

Durante el enamoramiento, se activo un mecanismo de gratificación que está por debajo de los sistemas cognitivos y emocionales en el cerebro, regula comportamientos de supervivencia como los que responden a la necesidad de comida o los que también se ha visto que actúan en un toxicómano ante el deseo de consumir cocaína. En el amor, sería un sistema primario de búsqueda de pareja según, Arthur Aron.

Se produce una sustancia en el SNC que actuaría como indicadora, la feniletilamina (FEA) de un proceso neuroquímico que puede dividirse en dos fases sucesivas: atracción y enamoramiento. La FEA es una sustancia derivada del aminoácido fenilalanina y se la considera un neuromodulador catecolaminérgico que desencadena el mecanismo simpático. Su estructura química es muy similar a la alfa-metil-anfetamina y es inactivado por una enzima MAO-B. Justamente con ello se activa el mecanismo simpático del estrés con producción de adrenalina y NA. La FEA desencadenará la secreción de dopamina en el SNC que activa el circuito de la recompensa y se alterarán los niveles de serotonina, dando paso al enamoramiento.

 Según esta teoría de Helen Fisher, el área de la zona tegmental ventral  se activa como cuando la persona experimenta con la cocaína. Esto indicaría que “el amor romántico no es una emoción, sino que es un impulso, una necesidad fisiológica del ser humano”, y por tanto, buscada a lo largo de la vida.

Esto explicaría porque algunas personas siguen enamoradas a pesar de haber sido rechazadas ya que estas áreas siguen perteneciendo al sistema de búsqueda del placer, que en estos casos se seguiría buscando. A pesar de no recibir lo que uno quiere, la dopamina sigue activando esas zonas.

De esta manera se comenzaría a comprender el mecanismo neurobiológico de los celos y de ciertos comportamientos obsesivos.

* Vía| Radical, ¿Cómo ves?
* Imagen|Psique Psicología
* En QAH| Memoria, ¿cómo le afecta el estrés?, Neurobiología del mindfulness,

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