Cultura y Sociedad 


En defensa de la comedia

La comedia siempre se ha considerado un género menor en cine. Es complicadísimo encontrarlas entre las listas de las nominaciones a los Oscar o los Globos de Oro, que suelen estar copadas de dramas, y si son de época, mejor aún. Preguntad a cualquier persona cuál es su película favorita y ya veréis que, exceptuando alguna de Billy Wilder tipo Con faldas y a lo loco (1959) o El apartamento (1960), las preferencias del público al pensar en obras maestras van por otros derroteros.

¿Será que no hay grandes películas que sean comedias? Nada más lejos de la realidad. Sin ir más lejos: Atrapado en el tiempo (1993), Mejor…imposible (1997) o Pequeña Miss Sunshine (2006) merecen estar en el olimpo cinematográfico.

El estigma que persigue a la comedia como género menor tiene varias razones de ser muy diferentes entre sí, y la primera es totalmente achacable a los guionistas, que por desgracia han ido descuidando cada vez más sus textos cuando han escrito en clave de humor. Es una realidad que por cada pieza que merece estar en un museo te encuentras en cartelera cien comedias que son entre regulares y malas.

Poster de la película Groundhog day

Poster de la película Groundhog day

Y ello se debe sobre todo a un error de base al concebir el guion, que por elemental se suele pasar por alto: una comedia es también una película que cuenta una historia y que debe funcionar como cualquier otra. Esto, que de lógico parece hasta absurdo señalar, no se cumple en demasiadas ocasiones. Así, los guiones suelen constar de una premisa graciosa que sirve para concatenar una serie de gags, pero en su conjunto quedan muy vacíos de contenido.

La regla principal que hay que tener en cuenta al escribir comedia es responder a estas dos preguntas: ¿Lo que está ocurriendo es interesante y atrapa al público independientemente de que le haga reír? ¿La escena es graciosa sin haber construido aún el diálogo? Si pensáis en los tres casos antes expuestos, veréis como cumplen estas premisas, y eso hace que además de grandes comedias sean excelentes películas.

Otro problema que ha desgastado mucho el género ha sido la proliferación de dos tipos de comedia de consumo rápido. Por una parte, tenemos las que se centran en el llamado humor grueso, es decir, sus gags son escatológicos; como eso no da mucho de sí, suelen combinarlo con el slapstick, humor físico que bien llevado puede ser una delicia pero que en manos menos hábiles se convierte en un desastre. Y por la otra, encontramos las comedias románticas, cuyo gran pecado suele ser el machacar hasta la extenuación la fórmula chico conoce a chica-se enamoran-se pelean-se reconcilian, fiándolo todo a la química de los dos protagonistas, que los productores suponen suficiente como para arrastrar a la sala a un digno número de espectadores. Bagaje muy pobre para un subgénero que cuando ha trabajado y alterado la fórmula ha obtenido maravillas como La boda de mi mejor amigo (1997).

Pero hay razones que se escapan al control del que escribe comedia. Y es que, aunque cueste creer, es más complicado crear una buena pieza de este género que no un gran drama. Generalizando y explicado de forma llana: a todos nos hace llorar lo mismo pero nos reímos por cosas distintas. ¿Quién no se conmueve con un niño pasando hambre? ¿O si se suicida el querido amigo del protagonista? Hay que ser duro de verdad para que no se te remueva nada por dentro al ver a Simba acurrucarse junto al cadáver de Mufasa.

En cambio, ¿Cuántas veces has contado un chiste y te han dicho que no lo entienden, o directamente, “no me hace gracia”? ¿O te han recomendado ir a ver tal estreno y a los cinco minutos querías huir de la sala? Sin ir más lejos, considero Gracias por fumar (2005) una de las mejores películas de los últimos diez años, pero la recomendé a gente allegada a mí que aún hoy en día me lo echa en cara porque no les hizo la menor gracia.

Cartel de la película "Gracias por fumar"

Cartel de la película “Gracias por fumar”

La tragedia tiene una raíz mucho más universal, pues toca temas que nos preocupan como especie: la  muerte, la pérdida, el sufrimiento, etc. Pero el humor es muy subjetivo y por lo tanto personal, ya  que se fragua cociendo a fuego lento el carácter innato más el contexto sociocultural. Y si queréis  pruebas de ello, contad un chiste de humor negro (es decir, el que satiriza temas que son dolorosos  y/o polémicos) y veréis como cada persona reacciona de modo distinto: tanto uno se ríe como otro se  ofende.

Espero haber puesto un granito de arena para contribuir a que se valore y respete un género que, en  algunos momentos de nuestra vida, nos hace falta como agua de mayo. Y es que pocas sensaciones  nos hacen sentir mejor que una buena carcajada.

 

 

 

Más información| IMDb, Oscar

Imagen| Gracias por fumar, Groundhogday

En colaboración con QAH| LGEcine

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