Emperadores-Dioses: El origen del culto imperial en Roma

Escultura de Octavio Augusto vestido ocn rojajes sacerdotales

Escultura de Octavio Augusto vestido ocn rojajes sacerdotales

El pueblo romano necesitaba unificar de una manera efectiva su cada vez más creciente imperio, en el cual dominaba la heterogeneidad cultural. Como muy bien dice Hopkings, unos de los mayores especialistas en culto imperial, el poder político y la legitimidad no sólo se apoyan en impuestos y ejércitos, sino también en las concepciones y creencias de los hombres.

Augusto, el primer emperador romano, era consciente de ello, y por eso ejerció su autoridad para introducir una serie de cambios político-religiosos que acabarían constituyendo los pilares fundamentales de su sistema de gobierno y el de sus sucesores. Uno de los cambios más importantes fue la introducción del culto imperial. Ahora bien, sufrió un proceso de evolución. Se originó con el principio básico de que el emperador, al igual que un dios, representa en su persona el orden moral, y que al ser el mejor de los hombres se sitúa en un estadío intermedio entre los seres mortales e inmortales.

 

El emperador en vida aún no es deificado, sólo consigue llegar a este status con su muerte. Sí se permitió el establecimiento de templos y sacerdotes en su honor, pero sólo en asociación con una deidad, por lo general Roma, o bien permitían sacrificios únicamente al Numen del emperador. Poco a poco esta visión iría evolucionando hasta que finalmente se acepta al emperador como una divinidad en sí misma. Todo esto tiene un trasfondo político profundo, y es que se trataba de una dominación de la conciencia bastante efectiva. César fue el primer romano a quien se reconoció como dios en un culto público, adorado como hijo de Venus; ello originó recelos en otros ámbitos políticos y provocó su asesinato en el año 44 a. C.

Moneda de Augusto en la cual de observa un altar en su honor

Moneda de Augusto en la cual de observa un altar en su honor

Es a partir de Octavio cuando se inicia la relación Iglesia-Estado, en el momento en el que el Senado le concedió el título de Augusto (y las atribuciones que ello conllevaba), el 27 a. C., siendo reconocidos él y sus sucesores como futuros dioses tras su muerte. Las distintas ciudades y provincias competían entre sí en la alabanza al emperador, como medio de conseguir su favor y elevar el estatus de la élite local.Y de esta manera fueron surgieron los diferentes tipos de culto al emperador según la zona: estatuas, procesiones, juegos, altares, arcos, templos, sacrificios…todo un gran abanico de posibilidades según la región.

Todos estos símbolos compartidos proporcionaban el nexo de unión de habitantes repartidos a lo largo y ancho del Imperio, otorgando un sentimiento de pertenencia a un orden político del cual se sentían, ahora, parte.

 

Vía|  Hopkins, K. (1981), Conquistadores y Esclavos, Barcelona.

Más información| Historia de las Religiones

Imagen| Moneda, Augusto

Vídeo| Culto imperial romano [I], Culto imperial romano [II]

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