Historia 


El virrey fraile

Plaza Mayor de Santafé de Bogotá en los siglos XVIII y XIX.

La mezcla de los aires de la Ilustración y los del paisaje americano, la luz tenue de la Santafé de Bogotá del siglo XVIII y las montañas agrestes que la protegían, fueron testigos de la conversión de un joven y alegre virrey madrileño en el más devoto de los religiosos franciscanos. Corría el año 1753 cuando el rey Fernando VI de España otorga el cargo de virrey y capitán general de Nueva Granada a don José Solís Folch de Cardona, hijo menor del duque de Montellano. El nuevo virrey contaba por entonces con 37 años, había desempeñado una brillante carrera militar que lo había llevado a obtener el título de brigadier y manifestaba un espíritu progresista y reformista, acorde con el programa gubernamental que la recién instalada dinastía Borbón procuraba impulsar desde el trono.

Aquel mismo año y para cumplir con la orden real, el madrileño se trasladó al lejano Nuevo Reino de Granada, que para entonces distaba por lo menos entre mes y medio o dos meses en barco de la España peninsular. Sin embargo, el periplo del virrey no terminaría con la llegada a Cartagena de Indias, el puerto por excelencia del virreinato que estaba a su cargo. Para establecerse en la corte, la ciudad de Santafé de Bogotá, Solís de Cardona hubo de viajar por el ancho río Magdalena hasta el puerto fluvial de Honda, en el centro del reino, y de allí entrar en el corazón de la cordillera de los Andes, hasta llegar a una fría y lluviosa ciudad que por entonces no contaba con más de veinte mil habitantes.

Retrato de Solís Folch de Cardona como virrey de Nueva Granada. Pintado por Joaquín Gutiérrez. Museo Colonial de Bogotá.

El gobierno de Solís como virrey duró alrededor de siete años. Antes de ser retirado del cargo en 1761, el madrileño renovó diversas estructuras administrativas del virreinato, cuyo gobierno había estado anquilosado en múltiples aspectos. Entre sus logros más notables se destaca el mejoramiento de la infraestructura del reino: la ampliación y el mejoramiento de caminos, la construcción de puentes y la reestructuración del acueducto de la ciudad de Santafé. Sin embargo, Solís procuró combatir también el atraso económico del virreinato: Intentó reactivar la economía minera de regiones como Mariquita y Pamplona;, supervisó de cerca los manejos de la Real Hacienda para evitar casos de corrupción (tomando medidas como el establecimiento de Reales Cajas en otras ciudades del reino como Ocaña y Barbacoas) y fortaleció el funcionamiento y desempeño de la Casa de Moneda de Santafé (edificación que aún se conserva en Bogotá y que lleva una inscripción en honor del virrey en su portón).

Sin embargo, es a partir de su retiro del cargo donde la historia se mezcla con la leyenda. Cierto es que al virrey se le siguió un juicio de residencia desde España, motivado por las constantes disputas que el madrileño sostenía con los oidores de la Real Audiencia. Estos terminaron por acusarlo de corrupción (lo que en la época se traducía en faltas a la tesorería y el erario real) frente al Consejo de Indias. Así las cosas, con un juicio de residencia a cuestas y sin poder desempeñar ya el cargo de virrey, del que había sido removido, el madrileño decidió permanecer en Santafé de Bogotá durante algunos meses mientras concluían los procesos que esclarecerían su situación judicial. Entonces sucedió lo inesperado: el ex virrey tomó los hábitos de la orden franciscana.

Retrato del Virrey Solís como el hermano Joseph Solís.  Museo Colonial de Bogotá.

En contraste con la vida opulenta que había llevado como la cabeza de la corte virreinal de Santafé, Solís encontró entre los religiosos un modo de vida austero y sencillo. La noticia de su entrada a la vida monástica debió sorprender entre las élites de la ciudad, acostumbradas a despedir a los virreyes en cuanto estos terminaban su período de mandato pues, o bien eran nombrados en otros cargos administrativos en diversas regiones del Imperio, o regresaban a España para rendir cuentas personalmente al rey. Sin embargo, la situación de Solís era especial: el juicio de residencia continuaba y ante el temor de ser encarcelado si regresaba a Madrid, decidió permanecer como religioso en la ciudad donde había sido virrey al menos siete años.

Iglesia y puente de San Francisco de Santafé de Bogotá. Luis Núñez Borda.

A los seis meses de iniciado el juicio, el juez Miguel de Santisteban, encargado del caso, declaró culpable al ex virrey de los delitos que se le imputaban (defraudación y disipación del erario real). Era entonces agosto de 1762 y el madrileño llevaba recluido en el convento franciscano de Santafé ya casi un año. Al conocer la sentencia, Solís escribió un largo memorial dirigido al rey Carlos III, con el objetivo de apelar el veredicto que lo había hallado culpable. No fue sino hasta dos años después, en 1764, cuando el Consejo de Indias habiendo puesto en consideración los testimonios de ambas partes, declaró inocente al franciscano de los delitos que los oidores de la Real Audiencia habían insinuado que cometía.

No obstante, las sorpresas no cesaron. Aunque la ciudad estalló en júbilo por el veredicto del Consejo de Indias, el estupor por la intempestiva e inesperada religiosidad del ex virrey no cesó. Aun sabiendo que había sido exonerado de sus cargos, Solís decidió continuar recluido en el convento, donde permaneció allí hasta su muerte, ocurrida seis años después, el 27 de abril de 1770, durante el gobierno del virrey Pedro Messía de la Cerda y con quien intercambió correspondencia en repetidas ocasiones. A partir de entonces, la historia del virrey que habiendo terminado su mandato se convirtió en un fraile más de la monacal Santafé pasó de generación en generación. Años después fueron añadiéndose detalles a la historia, incluso llegando a convertir la vida del virrey en la de un hombre de lujos y excesos que recompuso su camino al recibir la llamada de Dios. Como otros personajes de la época colonial, el virrey Solís hace parte hoy de la idiosincrasia colombiana y de las historias populares que aún cuentan los muros del casco antiguo de Bogotá.

* Vía| Restrepo Olano, Margarita. Nueva Granada en tiempos del virrey Solís, 1753 – 1761. Bogotá: Universidad del Rosario, 2009.
* Más información| Mantilla, Luis Carlos. “La conducta disoluta del virrey Solís”. Credencial Historia. No. 20, 1991.
* Imagen|Retrato del Virrey; Virrey en la orden franciscana; Plaza mayor de Santafé;  Iglesia de San Francisco (Bogotá) 
* En QAH|Los comuneros de Nueva Granada; La Ilustración en Nueva Granada

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