Historia 


El verano no cesa en Barcelona

Sucedió otra vez. Ya no son noticias procedentes de París, Bruselas o Londres. Ha sido dañado el corazón de una de las ciudades más turísticas del mundo, de una ciudad que muchos de nosotros hemos frecuentado. Barcelona ha sido atacada. Todos hemos vuelto a ser atacados. La guerra continúa. Los radicales no tienen vacaciones de verano. Por desgracia, la capital catalana ya lo sabe.

El 17 de agosto de 2017 quedará marcado en rojo en la historia de Barcelona. “Les Rambles” fueron el triste y sádico escenario del nuevo terrorismo low cost. No hay presupuesto para hacer volar edificios por los aires. El mal no lo crean los artefactos explosivos: lo crean algunos energúmenos con la sangre llena de veneno. Atropellar a las personas, arrancarles la vida desde un vehículo, es la nueva manera de sembrar el pánico en las calles occidentales. Son las espinas de los nuevos brotes del terror.

A las pocas horas del atentado no faltaron inapropiados mensajes en las redes sociales, sobre la religión de los terroristas, sobre inmigración y sobre distinciones entre nosotros y ellos (o como matizan algunos, entre buenísimos y malísimos). Cada mensaje de odio, cada generalización racista, cada pensamiento despectivo hacia la comunidad islámica, es otra victoria de los terroristas. Europa debe promover los aspectos positivos sobre la integración de culturas. Es la primera baza para evitar más radicalizaciones. Estamos en Europa, cuna de decenas de atrocidades -no lo olvidemos- pero, por encima de todo, cuna de los ingredientes más elementales de la libertad e igualdad. Parece que algunos comentarios esperaban el atentado para vociferar sus cavilaciones medievales.

Una de las miles de muestras de apoyo que se pueden encontrar en las redes sociales

La historia es maestra infinita. Todos los mensajeros endemoniados de la parcialidad, hipocresía, segregación y racismo deberían recordar que en Europa tuvimos muchas escabechinas religiosas. Durante la Noche de San Bartolomé (1572) la corona francesa ordenó matar a miles de protestantes. Muertes inútiles, ya que posteriormente se instauró la tolerancia de culto en Francia. Hubo un aumento de la violencia en las siguientes semanas, cometiendo atrocidades católicos y protestantes por igual. Fue un episodio más de las olvidadas Guerras de religión (acaecidas entre los siglos XVI y XVII). Las Cruzadas quedan para otro día, pero también enfrentó a cristianos contra cristianos.

Tampoco hay que olvidar las barbaridades que provocó la Reforma protestante entre el campesinado alemán. Se estima que unos 100.000 campesinos perecieron por el enfrentamiento que suscitaron las élites. Juan Calvino (1509-1564), otro protestante, es uno de esos nombres que nunca debe olvidarse. Amado por unos y odiado por otros… instauró una teocracia en Ginebra. Calvino coordinó un buen número de asesinatos (el más famoso de todos ellos, el de Miguel Servet), además de exiliar a enemigos políticos y religiosos.

Para algunos la historia está enterrada y no sirve de nada. Por eso, para los que no quieran leer (ni asimilar) los anteriores ejemplos, basta que recuerden todos los conflictos actuales que ha engendrado Occidente, en los territorios que se origina el terrorismo. Tanto si la mirada es histórica, como actual, a todos los intolerantes: “aquel que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra” (Juan 8: 7). Los comentarios grotescos son demasiado fáciles, seguramente por eso son igualmente repugnantes.

El atentado está materializado, pero no olvidemos los que nunca llegaron a buen puerto. En el último año y medio se han detenido más de cincuenta personas relacionadas con el yihadismo, y desde los fatídicos sucesos del 11 de marzo de 2004, la policía ha llevado a cabo unas cincuenta operaciones contra presuntos terroristas, evitando un número incalculable de atentados, impidiendo un número incalculable de muertos.

Fuerzas de seguridad en el lugar del atentado, coordinando y estabilizando la zona, desde los primeros momentos.

Un centenar de personas han sufrido el integrismo en primera persona y más de una docena ya no lo podrán contar, pero el terrorismo no ha ganado nada. El pánico fue controlado en pocos momentos, los heridos están siendo tratados con el máximo cuidado y la mayoría de las personas entiende que el acto perpetrado la tarde del 17 de agosto es obra de un grupo de locos, no de toda una comunidad religiosa.

Conmocionados, pero no asustados. Los minutos posteriores al atropello fueron los más críticos. Hoy “Les Rambles” bombean vida y nada podrá evitarlo. Los minutos trágicos ya pasaron. Ahora es el momento de continuar con nuestra vida, sin temor, sin ningún tipo de complejo, con la cabeza muy alta y orgullosos de vivir en… da igual la ciudad, el país o la región del planeta que sea agredida por la barbarie. Es imposible perturbar nuestras vidas más que unos instantes. Después del atentado hay más rechazo y más unidad contra el terrorismo. Los criminales estaban solos, pero hoy lo están más.

En el planeta hay diferentes culturas, pero cada una encierra sus propias ideas, progresos y significados. Los musulmanes, constituyen una más; los terroristas, no. Una furgoneta a velocidad media, por una zona peatonal, no va a distinguir la religión, la condición social o la moralidad de los embestidos. Simplemente va a segar vidas inocentes. En Kabul, al estallar un coche bomba, la mayoría de asesinados son musulmanes. En Barcelona, entre los atropellados hay más disparidad de creencias, pero el resultado último es idéntico: muerte. Los asesinatos son inhumanos y crueles, en cualquier lugar de globo terráqueo.

 

Imágenes| Muestra de apoyo, fuerzas y cuerpo de seguridad.

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