Patrimonio 


El Tríptico de Miraflores regresa a casa

La última exposición temporal del Museo del Prado está dedicada al afamado Rogier Van der Weyden reuniendo numerosas obras atribuidas al maestro flamenco, pues, aunque nunca firmó una obra, si se pueden observar esas características pictóricas, y en algunos casos, escultóricas tan propias de su mano que emanan todas sus tablas. Pero lo más llamativo es haber conseguido, que las tres obras maestras de Van der Weyden se encuentren en un mismo espacio, unidas por fin, pues ni en vida del autor estuvieron frente a frente, ni en el mismo país. Estas obras son: El Descendimiento (Ca. 1435 encargo para una de las capillas de Nuestra Señora de Extramuros Lovaina, Bélgica), El Calvario (1460, obra donada a la Cartuja de Scheut, Bruselas) y el Tríptico de Miraflores, donado a la Cartuja por la que toma su nombre, objeto del expolio llevado a cabo durante la invasión napoleónica y que estará en España durante estos meses.

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“Tríptico de Miraflores”, ha. 1438-1445.

La historia de esta obra, conocida en un primer momento comoTríptico de la Vida de la Virgen, nos remonta al reinado de Juan II de Castilla, padre de Isabel la Católica, que encargó al flamenco un altar portátil que donaría a la Cartuja de Miraflores en 1445, algo que llamaría poderosamente la atención, pues ya en vida, Van der Weyden, gozaría de una fama que traspasaría fronteras.

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Tabla izquierda. María adora al recién nacido sobre su regazo,

Tras esta donación, la obra fue ubicada en la sacristía del cenobio burgalés, donde se mantuvo allí durante siglos como bien nos cuenta Don Antonio Ponz, en su famoso “Viage por España”  describiéndola en 1783 como unaltarito con portezuelas. Treinta años después, en 1809, la obra abandonará España definitivamente por culpa del saqueo que sufrió la Cartuja a manos del general napoleónico, Jean Darmagnac. Sabemos que en 1835 el Tríptico se encuentra en Londres siendo subastado por la Casa Christie´s, pasando, a partir de entonces, por diversas manos, desde un adinerado comerciante de vinos hasta por la casa real holandesa, pues perteneció a Guillermo II hasta su muerte en 1849, momento en el que fue subastado y comprado por la Gemäldegalerie de Berlín, donde encontró su ubicación definitiva.

Es una obra de pequeñas dimensiones que cautiva tanto por su calidad artística como por su excelente estado de conservación, era un oratorio cuya función era provocar emoción y estimular la oración. Las tres tablas muestran una serie de imágenes con momentos primordiales de la vida de Cristo, donde la figura de la Virgen adquiere un protagonismo especial como Corredentora, y al tema en sí se le debe unir el simbolismo de los colores: en el Nacimiento vestida de blanco virginal, en la Piedad con un rojo que simboliza ese amor materno-filial pero al mismo tiempo esa pasión dolorosa de la Quinta Angustia, y en la Resurreción el azul de su manto muestra la tristeza y la humildad en una escena de sorpresa ante su hijo resucitado.

Tabla central. María llora a su hijo muerto bajado de la cruz.

Tabla central. María llora a su hijo muerto bajado de la cruz.

Las tres escenas principales se complementan con dos aspectos más: el primero la presencia de la palabra escrita en las filacterias que portan los ángeles y en el refinado filo del manto de la Virgen; y el segundo, en las esculturas en grisalla que decoran la rosca del arco, mostrando escenas que no son casuales y ayudan a perfeccionar el contenido.

Van der Weyden ha roto por completo con el sentido espacial del gótico pasando a una nueva captación del entorno con base más realista. Esto se observa en la sabia combinación de arquitecturas y en  la iluminación de los espacios: un interior en el Nacimiento, un exterior en la Piedad donde se abre un paisaje y una ciudad flamenca, y una combinación de ambos en la Aparición de Cristo a su madre, con un mundo natural de fondo en el que se insertan otras escenas para complementar el tema.

Sin lugar a dudas, Van der Weyden fue todo un genio como bien demuestran las obras que nos legó, pues con una simple tabla, unos pocos útiles y pigmentos elaborados en su propio taller, consiguió crear obras dignas de ser contempladas y loadas, que provocan una agitación interior en el espectador. No se puede estar más de acuerdo en lo que reza en el Libro Becerro de Miraflores sobre el Tríptico del mismo nombre: “prestiosum et devotum“, pues el artista flamenco crea obras preciosas y devotas.

 

Vía| Rogier Van der Weyden, la otra pintura posible, Las tres obras maestras.

Más información| VV.AA, “Catálogo de la exposición: Rogier Van der Weyden“, dir. CAMPBELL, L., Ed. Museo del Prado, 2015. ANTIGÜEDAD DEL CASTILLO-OLIVARES, M.D., “Arte y coleccionismo en Burgos bajo la ocupación francesa”. Espacio, Tiempo y Froma, Serie Vil, Hf del Arte, t. 2, 1989, págs. 329-342.

Imagen| Tríptico de Miraflores, Natividad, Piedad, Resurrección.

En QAH| Una exposición imprescindible: Rogier Van der Weyden en el Museo del Prado, Rogier Van der Weyden y la expresión del dolor.

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