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El trigésimo sexto costalero

Bien es sabido, dentro del amplio corolario que demuestra cada día la cultura española, que la Semana Santa es un período festivo de costumbres, recogimiento con la familia y como no, de historias que, con el paso del tiempo y el devenir de los ciudadanos, se convierte en leyenda.

Esta no es más que otra anécdota, cuanto menos hilarante, de lo que significa la Semana Santa para los sevillanos y de como un sentimiento tan profundo como el propio del affectio maritalis puede convertirse en un chiste al más puro estilo del recordado Paco Gandía.

El Cachorro realizando su estación de penitencia

El Cachorro realizando su estación de penitencia

Situémonos primero para empezar a comentar el suceso. Son las cuatro y cuarto de la tarde en Sevilla, una calor más que agobiante, acompañada de una leve brisa, cae sobre visitantes y propios que contemplan el paso del Cristo de la Expiración, también conocido como “El Cachorro”, por una de las calles más emblemáticas del popular barrio de Triana, la calle Castilla.

En ese preciso momento, una señora se aproxima a la imagen barroca con algo entre sus manos. El capataz se percata de la insistencia de la señora y detiene el paso ante las plegarias de la misma. Sin previo aviso, dicha señora, la cual portaba una urna funeraria con los restos mortales de su marido, lanza las cenizas del mismo al aire con el fin de, al entendimiento de este que le escribe, caigan depositados sobre el paso.

El resultado es el que sigue: el segundo capataz del paso ornamentado con cenizas de un extraño, el primer capaz cubierto de los restos del malogrado esposo y alzando la voz al aire mientras amenazaba que de no cambiarse la chaqueta se marcharía a su casa.

Con el capataz dando pases toreros con la chaqueta al más puro estilo de insignes toreros en la Maestranza, el público presente impactado por la estampa, los costaleros oliendo a algo quemado, la mesa del paso llena de ceniza y una esposa más que satisfecha por el deber cumplido, aquí termina esta cómica historia.

hermandadelcachorro

A partir de ahora, el paso del Cristo de la Expiración llevará un costalero más. Al menos esperamos que éste fuera hermano de la hermandad y que no se le requiera el previo pago de la papeleta de sitio.

 

Javier J. Trillo


 

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