Historia 


El Tiempo y el Espacio en la Edad Media

En cualquier sociedad el Tiempo y el Espacio marcan las pautas para el desarrollo de ciertas estructuras, que a la larga condicionan desde la vida cotidiana de sus habitantes hasta las características del sistema económico.  Así como las visiones del mundo y las formas de percepción del conocimiento cambian, las concepciones acerca del Tiempo y el Espacio también varían a lo largo de la Historia. A continuación veremos un breve esbozo sobre la concepción del Tiempo y el Espacio durante la Edad Media, amplio período histórico que por su misma extensión evidencia profundas transformaciones en la percepción de las categorías temporales y espaciales. El hombre de la Antigüedad Tardía (período de transición entre la Antigüedad y el Medioevo), estaba frente a una disyuntiva sobre las concepciones del Tiempo. Por un lado aun pervivía en el imaginario social la concepción de un Tiempo Cíclico, alimentada por algunas obras de los clásicos, por otro, irrumpía con fuerza la concepción lineal del Tiempo (proveniente en gran parte de las doctrinas del Cristianismo), que lo comprendía como la finalidad del movimiento del mundo, que presenta un inicio y un fin. Pero así como los herederos de la cultura romana en la Alta Edad Media manifestaban su propia concepción del Tiempo, en proceso de cambio entre el Tiempo cíclico y el Tiempo lineal; las tribus bárbaras que despedazaron al Imperio Romano también sostenían su propia concepción del Tiempo. Para ellas sólo existía el Tiempo Presente, transformado en una especie de Tiempo Épico que se había dejado atrás y que era irrepetible.

Agustín de Hipona, pilar de la Iglesia Católica.

Agustín de Hipona, pilar de la Iglesia Católica.

De la mixtura entre las distintas concepciones de Tiempo enfrentadas (romanas y bárbaros y sus transformaciones) surgió una concepción del Tiempo en la Edad Media múltiple y polifacética. Así, ya entrada la Edad Media, el Tiempo se volvió largo, épico y lineal; los días y las noches fueron divididos en siete horas canónicas cuyo inicio y fin se marcaban con los toques de campana de las iglesias. Asimismo, las sociedades medievales comenzaron a desarrollar cierto interés por la cronología: la narración histórica de la Edad Media consistió principalmente en las cronologías y los Anales. Surgía así un Tiempo Histórico, reconocible para el hombre medieval, porque se incluía también en sus diversas estructuras temporales. De esta manera, aunque se identificaba la existencia del Tiempo Histórico, éste estaba sometido al Tiempo Sagrado. Gracias a San Agustín la historia de la humanidad, esencialmente bíblica, se dividió en seis períodos: 1. De Adán al diluvio. 2. Del diluvio a Abraham. 3. De Abraham a David. 4. De David al exilio de Babilonia. 5. Del exilio hasta Cristo. 6. De Cristo al fin del mundo. La división del Tiempo Histórico – Bíblico de San Agustín coincidía con la concepción medieval de la vida del hombre, establecida también en seis períodos distintos: 1. Primera edad. 2. Infancia. 3. Adolescencia. 4. Juventud. 5. Madurez. 6. Vejez.

La coincidencia de los dos últimos “Tiempos”, el histórico-bíblico y el del hombre, llevó a un sentimiento de

El mes de Abril en el Libro de Horas "Las muy ricas horas del Duque de Berry".

El mes de Abril en el Libro de Horas “Las muy ricas horas del Duque de Berry”.

pesimismo histórico generalizado. Había llegado la última época y a la par que el mundo envejecía y se acercaba a su fin, el hombre hacía lo propio. De esta manera la idea de Progreso se asoció sólo al campo espiritual. El curso de la Historia, aunque irreversible y fatal, llevaba a los hombres cada vez más cerca al conocimiento de Dios. Así, a la coexistencia del Tiempo Histórico y el Tiempo Sagrado, se sumaba otra dualidad: a la par que había desesperanza por habitar la última etapa de la Historia de la Humanidad, también existía la esperanza en la redención, después de todo, el Tiempo era propiedad de Dios y el hombre no tenía potestad sobre él. Con la cristianización de la vida cotidiana del hombre medieval, la Iglesia se apropió del patrimonio temporal de las sociedades. Así, los ritmos eran establecidos por la institución eclesiástica hasta más o menos el siglo XIV. En dicho siglo la aparición y difusión del reloj mecánico, debilitó paulatinamente el control de la Iglesia sobre el tiempo de los hombres, por lo menos el Tiempo Social, el de la vida diaria. Poco a poco los hombres de la Baja Edad Media comenzaron a desarrollar un manejo del tiempo propio, marcado por sus propios intereses y perspectivas.

Europa en el Atlas de Cresques (1375)

Europa en el Atlas de Cresques (1375)

En cuanto a la concepción espacial, no era ni mucho menos más organizada o menos estructurada. La fuerte presencia del Cristianismo conllevó a una concepción del mundo dualista, en constante oposición: La Ciudad de Dios y la Ciudad Terrena, dualidad formulada por San Agustín que era una de los principales antagonismos. El hombre habitaba en un mundo manchado por el pecado, en oposición al reino de Dios. Por otra parte, la gran fragmentación administrativa durante la Edad Media hizo que los hombres restringieran su propio mundo. Así, cada cual reconocía su mundo como una unidad pequeña y “visible”, la hacienda donde se vivía, el monasterio al que se pertenecía, o bien la ciudad a la cual se pertenecía se convirtieron en diversos mundos para los hombres medievales. La disminución del espacio terrestre hizo difícil la representación cartográfica, la cual tampoco escapó de la influencia del Cristianismo. Nace así la Geografía Alegórica que en un mismo plano podía representar elementos de la Historia Sagrada y la Historia Terrestre, marcando otra dualidad espacial: El mundo de los cristianos en oposición al mundo de los infieles. De esta forma, en el plano espacial así como en el temporal, el hombre medieval confundía los elementos físicos y espirituales, llegando a tratarlos indistintamente tanto en representaciones geográficas como en las rutinas de su vida diaria. El Tiempo y el Espacio Medieval eran propios de una sociedad marcada por la doctrina del Cristianismo y reforzada por las circunstancias históricas, que terminaron por mantener dicha cosmovisión hasta el Renacimiento, que irrumpió con fuerza en varios ámbitos de la vida del hombre.

Vía| Gurévich, Aaron. Las Categorías de la Cultura Medieval.  Madrid: Taurus, 1990.

Imagenes| San Agustín; Libro de Horas; Mapa de Europa

En QAH| El sexo en los claustros medievales

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