Jurídico 


El testamento vital

 La reticencia a hablar de todo lo que conlleva el final de la vida en nuestra sociedad  es una de las razones que explicaría  que tan sólo tres de cada mil personas hayan formalizado testamento vital  en nuestro país (también conocido como voluntades anticipadas o instrucciones previas).

El testamento vital (living will), cuyo antecedente normativo lo encontramos en el Convenio  relativo a los derechos humanos y biomedicina celebrado en Oviedo en 1997, viene regulado  en la  Ley 41/2002 de 14 de Noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica y desarrollado también por las comunidades autónomas.

El artículo 11 de la citada ley 41/2002 dispone:” Por el documento de instrucciones previas, una persona mayor de edad, capaz y libre, manifiesta anticipadamente su voluntad, con objeto de que ésta se cumpla en el momento en que llegue a situaciones en cuyas circunstancias no sea capaz de expresar personalmente, sobre los cuidados y el tratamiento de su salud o, una vez llegado el fallecimiento, sobre el destino de su cuerpo o de los órganos del mismo”

Por tanto, se trata de un documento en donde la persona capaz y consciente  manifiesta anticipadamente una voluntad acerca de los tratamientos y cuidados que quiere que le sean aplicados para el caso de   sufrir un accidente o situación de enfermedad irreversible   y en la que no le sea posible expresar su consentimiento libremente (ej.: no aplicación de determinados tratamientos,  retirada del tubo de respiración para no alargar artificialmente la vida…)

Podría parecer que estas voluntades anticipadas van de la mano de la eutanasia activa, pero nada tienen que ver. La eutanasia activa es el auxilio al suicido de un paciente que de forma expresa , seria e inequívoca manifiesta su deseo de morir ante una enfermedad grave “terminal”, en cambio en el testamento  vital el paciente no está solicitando morir, sino que expresa su voluntad de no ser tratado de cierta forma ante esa enfermedad terminal.

No debemos confundir tampoco  el testamento vital con el testamento en sede de derecho sucesorio del que Testamento Vitalestamos acostumbrados a oír.  Frente a aquél que tiene que ver con implicaciones patrimoniales y que entra en vigor “mortis causa”, una vez que la persona fallece, el testamento vital está referido  a voluntades sanitarias y  tiene la peculiaridad que entra en vigor estando la persona viva  pero en situación de  irreversibilidad  en la que no puede manifestar libremente su voluntad.

Con respecto al contenido de dicho documento, no existe ningún modelo de testamento vital a nivel estatal, sino que han sido algunas comunidades autónomas, como Madrid, las que han propuesto modelos  y en las que el paciente, siempre  con el asesoramiento de su médico podrá disponer todo lo que quiere y lo que no  de forma más o menos concreta en función de la situación de salud en la que se encuentre. Es más, en el propio documento podrá también dar otras instrucciones como por ejemplo si quiere donar todos sus órganos, donde quiere recibir los últimos cuidados o la asistencia espiritual que quiere recibir conforme a sus creencias, entre otros.

Estas instrucciones serán vinculantes en la medida en que lo que solicite el paciente sea razonable y se halle dentro de los límites legales. Así de esta forma dispone el artículo 11.3: “No serán aplicables las instrucciones previas contrarias al ordenamiento jurídico, a la lex artis, ni las que no se correspondan con el supuesto de hecho que el interesado haya previsto en el momento de manifestarlas”.

En cuanto a la forma, la voluntad ha de hacerse por escrito y en cuanto a su otorgamiento podrá hacerse o bien ante notario o ante tres testigos mayores de edad y con plena capacidad en función de lo que se disponga para cada comunidad autónoma.

Esto ha supuesto un avance importante en el ámbito de la sanidad, si tenemos en cuenta que hemos pasado de una “medicina paternalista” en donde el médico decidía en todo caso que tratamientos aplicar al paciente a una situación  en donde la autonomía del paciente y su consentimiento informado priman en todo caso. Es por ello qué resulta interesante que los ciudadanos conozcamos las herramientas que ponen a nuestra disposición nuestras leyes, en este caso concreto, para gestionar las decisiones acerca de los últimos momentos de nuestra vida.

Vía| RTVE

Imagen|Testamento Vital

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