Historia 


El testamento de Felipe II

Introducción

Felipe II de España (1527-1598) no solo fue el dirigente más poderoso del siglo XVI, sino uno de los personajes más destacados de la Historia de nuestro país. Fue el rey que culminó la formación del primer imperio global jamás conocido, por herencia de sus abuelos y sus padres, gracias al cual llegó a gobernar sobre una cuarta parte de la población mundial. No obstante, la muerte llega para todos.

Retrato de Felipe II hecho por Sofonisba Anguissola

Retrato de Felipe II hecho por Sofonisba Anguissola

El testamento de un rey

Años antes de su muerte, en 1594, el secretario del despacho de su correspondencia, Jerónimo Gasol, recibió su testamento. Desde que en 1591 había ocupado el cargo de su cuñado fallecido, Mateo Vázquez, Gasol era el secretario de la Junta de Gobierno (denominada Junta de Noche hasta septiembre de 1593), por lo que se encargaba tanto de las cartas como de los memoriales dirigidos al “rey en su mano” y la correspondencia rutinaria.

Cuando recibió el testamento se lo encontró ya validado no solo con la firma y rúbrica del monarca y su sello real, sino con la de los consejeros más importantes de la Monarquía Hispánica, entre los que se encontraba Rodrigo Vázquez, presidente del Consejo Real de Castilla, don Cristóbal de Moura, el conde de Chinchón, consejero de temas relativos a Aragón o Italia, o don Juan de Idiáquez, consejero de Estado y asuntos exteriores.

En contraposición a lo que harían sus sucesores, tanto Felipe III como Felipe IV, Felipe II va a firmar su testamento cuatro años antes de morir, en un contexto que así lo exigía: sus enfermedades, fruto de su edad avanzada para la época (casi 70 años) no parecían tener fin, a nivel internacional existía un relativo equilibrio europeo, y el futuro de su hija predilecta, Isabel Clara Eugenia, no parecía guardar esperanzas de ser reina de Francia. En referencia a ésta última, el codicilo, suscrito tres años más tarde, reservará la segunda cláusula al matrimonio de Isabel y a la dote del mismo: los Países Bajos.

Estructura del testamento de Felipe II

Retrato de Felipe II hecho por Antonio Moro

Retrato de Felipe II hecho por Antonio Moro

El testamento de Felipe II está dividido en cuarenta y nueve cláusulas, las diecinueve primeras (profesión de fe, enterramiento, pago de deudas, limosnas, celebración de sufragios…) son las que podríamos encontrar adaptadas en el testamento de cualquier particular, mientras que las treinta restantes son las últimas voluntades de alguien que ha sido un poderoso gobernante.

Estas treinta disposiciones se dividen de tal modo que entre la número 20-27 se ocupan de la Monarquía Hispánica, centrándose en tres temas de gran relevancia: la integridad del patrimonio real, la permanencia de la unión de las Coronas de Castilla y Portugal, y la devolución de lo enajenado a la Iglesia y Órdenes Militares, tema crucial en la política hacendística de Carlos V y Felipe II. A continuación, y tras los consejos a su hijo en su condición de heredero, se inicia la parte del testamento más internacional (cláusulas 28-42), en la que el monarca establece el orden sucesorio y la temporal separación de los Países Bajos en favor de su hija Isabel Clara Eugenia. Por último, las cláusulas finales (de la 43 a la 49) sirven para asegurar y refrendar la inalterabilidad del contenido del testamento.

Singularidades del testamento de Felipe II

Testamento de Felipe II

Testamento de Felipe II

De entre todas las cláusulas, quizás las más llamativas sean las referidas al orden de sucesión y a la Monarquía Hispánica. Si el príncipe Felipe fallecía antes que su padre o sin descendencia, su hermana Isabel Clara Eugenia sería la heredera universal a condición de que se viniera a vivir a España con sus hijos. Los siguientes en la línea sucesoria eran Catalina Micaela de Austria y sus hijos, teniendo la misma condición que su hermana Isabel.

El carácter altamente previsor de Felipe II también se muestra cuando deja dispuesto que, de morir todos sus hijos y descendientes, la heredera universal de la Monarquía Hispánica sería su hermana María de Austria, que había sido emperatriz consorte del Sacro Imperio, y después los hijos de ésta. Felipe II va aun más allá al establecer que, de morir todos ellos también, la sucesión debía seguir la disposición de las leyes de las Siete Partidas (redactado durante el reinado de Alfonso X “el Sabio”, a mediados del siglo XIII), siempre teniendo a un único y universal heredero que debía ser un verdadero católico.

En colaboración con QAH| Historiae Heródoto

Vía| FLORISTÁN, A. (2005): Edad Moderna: Historia de España. Ariel, Barcelona; BOUZA, F. (1998): Imagen y propaganda: capítulos de historia cultural del reinado de Felipe II. Akal, Madrid.; Testamento y codicilio de Felipe II (2015), de Testimonio Compañía Editorial. Recuperado de este enlace.

Imagen| Retrato de Sofonisba, Retrato de Antonio Moro, Testamento

En QAH| La legitimación del poder en Felipe II; Felipe II, mecenas de las artes plásticas

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