Cultura y Sociedad 


El Teatro Real entre bambalinas

Teatro Real

Con más de cien años de historia a sus espaldas, el Teatro Real se ha consolidado como uno de los más prestigiosos templos de la ópera europea. La llegada del siglo XXI y de la crisis económica le ha llevado a modernizarse tanto de puertas adentro como de cara al público. Actualmente acoge la ópera Cyrano de Bergerac, protagonizada por Plácido Domingo y Ainhoa Arteta.

La idea de construir el Teatro Real surge del rey Fernando VII, quien incluyó el proyecto como parte de la remodelación de la Plaza de Oriente. Finalmente, el Teatro se inauguró el 19 de noviembre de 1850, y vivió su hegemonía durante la segunda mitad del siglo XXI. Pero la inestabilidad económica y política del siglo XX, unida al incendio que sufrió en 1867, precipitaron su cierre en 1925.

El renacer del Real comenzó en 1991, cuando se reconvirtió en una sala operística. Al escenario -en cuyos 1430 m2 hoy cabría el edificio madrileño de Telefónica- se le incorporó otro con el que puede alternarse, gracias a una tecnología puntera que permite descender las plataformas a veinticuatro metros de profundidad. Para montar el escenario son necesarios trescientos hombres, lo que da una idea de su envergadura.

Estas reformas vieron la luz en 1997, cuando el Real abrió de nuevo sus puertas. Desde entonces, cualquier visitante puede contemplar su grandiosa lámpara de veintisiete toneladas, sus salas de ensayo acondicionadas para la orquesta, el coro y el cuerpo de baile; o los talleres de sastrería, peluquería, caracterización, utilería y montaje de escenografías.

El Real es una fábrica de música. Mientras se representa una ópera se está preparando la siguiente en el sótano de este edificio que, paradójicamente, tiene forma de ataúd. El proceso de confección de una ópera es complejo. Primero se reúne a los músicos y al director, de diversas nacionalidades. Ensayan sólo con un piano, ya que la orquesta se incorpora justo antes del estreno. El pianista correpetidor debe dominar varios idiomas y conocer de memoria todas las óperas importantes-la más representada hasta ahora en el Real es Rigoletto, de Verdi-.

Con el paso de los días se van incorporando elementos, como el coro o el cuerpo de baile. El último ensayo sin público congrega a la orquesta y los cantantes, además del vestuario y maquillaje. Llama la atención la cantidad de veces que el director musical y el artístico interrumpen a los cantantes para corregir aspectos como la sincronía entre voces y música.

La prueba final antes del estreno es el ensayo general, al que acuden como público trabajadores del Teatro y estudiantes universitarios. En el caso de Cyrano de Bergerac, protagonizada por el tenor Plácido Domingo y la soprano Ainhoa Arteta, se pudo comprobar la máxima responsabilidad del director musical (Pedro Halffter), inmóvil y pálido durante los cambios de acto, expectante ante la inminente apertura del telón.

Pero quizás destaca aún más un elemento de la escenografía escogido para este melodrama amoroso de finales del XIX. Se trata de dos filtros reflectores que, por momentos, acompañan los protagonistas en el escenario, dotando a la escena de un carácter cinematográfico. Estos elementos discordantes son obra del Gerard Mortier, que como director artístico del Real, ha modernizado su estética.

En definitiva, el Teatro Real es una institución centenaria que ha sido testigo de los años más convulsos de nuestra historia. Pero también ha introducido la ópera en nuestro país, de mano de los artistas más destacados de cada época. En los últimos años ha logrado democratizar este arte asociado tradicionalmente a la burguesía.

Vía| Teatro Real 

Más información| El PaísRTVE, Es Madrid

Imagen| Teatro Real

Vídeo| Youtube: Cyrano de Bergerac-Ópera-con Plácido Domingo

En QAH| La zarzuela, ópera made in Spain

RELACIONADOS