Coaching y Desarrollo Personal 


El Talento, ¿se tiene o se trabaja?

 

Trabajar el Talento

Trabajar el Talento

En los talleres que imparto a emprendedores y desempleados que quieren “reinventarse” profesionalmente,  hay un momento en el que saco este tema para discutirlo con los participantes. El Talento, ¿se tiene o se trabaja?, y pongo como ejemplos a Messi, Paco de Lucía, Rafa Nadal y hasta el mismísimo Mozart.

Las discusiones suelen ser muy interesantes y, aunque la mayoría de personas le dan importancia al trabajo, acaban asumiendo que hay un factor genético fundamental y que “o se tiene o no se tiene”.

En su último libro “Del Capitalismo al Talentismo”,  Juan Carlos Cubeiro nos dice que el talento innato está sobrevalorado. Básicamente, porque es un talento falso. La diferencia está en lo que define como “práctica deliberada”, o lo que es lo mismo, 10.000 horas de trabajo y esfuerzo, para mejorar y llegar a dominar cualquier disciplina. Los elementos de esta práctica deliberada son su orientación específica a mejorar el rendimiento, la perseverancia, el feedback continuado y la exigencia mental entre otros.

Está claro que en todos los casos arriba mencionados de personas con talento, aparte de unas cualidades e intereses, hay muchísimas horas de trabajo bien enfocado.

En este mismo libro, Juan Carlos extrae un fragmento del “Informe Robinson” desarrollado por Ken Robinson, uno de los mayores expertos en educación del Mundo, que dice: “Es falsa la idea de que el talento es propiedad exclusiva de un puñado de privilegiados. TODOS TENEMOS TALENTO. El punto de inflexión es cuanto amas aquello que haces. El talento tiene que ver con descubrir aptitudes naturales y alentarlas activamente. Tengo el convencimiento de que la mayoría de adultos no tienen idea de cuáles son sus talentos, que dedican sus vidas a trabajos que quizás les parecen interesantes, pero por los que no sienten pasión. Es necesario potenciar la diversidad para realizarlos, pues la única forma de descubrir talentos es pensar de forma diferente”. Precisamente en QAH hemos hablado en alguna ocasión de Ken Robinson; en artículos sobre Creatividad, Escuelas y la Educación del Futuro.

Pero sigamos adelante; en 2007 se publicó en España bajo el título de “La actitud del Éxito” un magnifico libro de Carol S. Dweck, investigadora y profesora de psicología de la Universidad de Stanford. Dentro de sus investigaciones descubrió que existen dos mentalidades básicas: la mentalidad fija y la de crecimiento. Y que sólo la segunda conduce a un éxito verdadero en todos los órdenes de la vida.

La mentalidad de crecimiento cambia aquello por lo que una persona lucha y lo que considera un éxito. Cambia el significado, la definición y el impacto del fracaso. Y, sobre todo, cambia el significado más profundo del esfuerzo.

En el mundo de la mentalidad fija, el de los rasgos de carácter fijos; el éxito consiste en demostrar que somos inteligentes o tenemos talento. Consiste en validarlos. En el mundo de la mentalidad de crecimiento, el de las cualidades cambiantes; se trata de esforzarnos en aprender cosas nuevas. Consiste en desarrollarnos.

En el mundo de la mentalidad fija, el fracaso es tener un revés, obtener una mala nota, perder un partido, ser despedido, rechazado. Equivale a no ser inteligente o a no tener talento. El esfuerzo es considerado algo negativo porque pone de manifiesto que no somos inteligentes ni tenemos talento, de lo contrario no tendríamos que esforzarnos.

En el mundo de la mentalidad de crecimiento, el fracaso es no crecer, no alcanzar lo que se valora, no desarrollar la totalidad de nuestro propio potencial. El esfuerzo es lo que nos hace inteligentes o nos da talento. La gente con mentalidad de crecimiento no solo busca el reto, sino que se siente a gusto con él.

Las personas con mentalidad de crecimiento se sienten cómodas cuando se superan. Pero, ¿cuándo se sienten cómodas las personas con mentalidad fija? Cuando todo está seguro y dentro de su alcance.

“En la época que nos ha tocado vivir, con muchísima inestabilidad y cambios, tener una mentalidad de crecimiento se convertirá en una ventaja competitiva.”

Pero, entonces, si me identifico con la mentalidad fija, ¿qué puedo hacer?

No hay que preocuparse, no es algo definitivo. Las mentalidades no son más que creencias. Son creencias poderosas, pero solamente son algo que existe dentro de la mente de cada uno, y la mentalidad puede cambiarse. Es más, el simple hecho de conocer que existen dos tipos de mentalidades parece impulsar a las personas a afrontar los retos de otra manera.

Aunque normalmente no somos conscientes de dichas creencias, es posible aprender a prestarles atención y escucharlas. Una vez que las “reconocemos” seremos capaces de trabajar sobre ellas para cambiarlas.

Bueno, y tú… ¿qué mentalidad quieres tener?

Más información| Del Capitalismo al TalentismoLa Actitud del Exito

En QAH| Tres claves para la gestión del talentoCreatividadEscuelas matan creatividadEducación del Futuro

Imagen| Trabajando el talento

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