Historia 


El superacorazado “Yamato” (II)

En la entrega anterior dejamos al acorazado “Yamato” y al resto de la flota nipona en la Batalla del Golfo de Leyte, en octubre de 1944, donde no les sonreía la suerte a pesar de no conseguir establecer contacto directo con el enemigo, estando a merced de la aviación embarcada estadounidense.

HIJMS Yamato y un crucero pesado, probablemente el HIJMS Tone o HIJMS Chikuma, en plena batalla de Samar

Como hemos visto, el “Yamato” hasta este momento, inmerso en una de las mayores batallas aeronavales de la historia, salvo encajar pasivamente torpedos y bombas, no había conseguido establecer combate con unidades de superficie, propósito para el que fue creado. Sin embargo, en las postrimerías de este gran enfrentamiento aeronaval, llegaría su oportunidad en la Batalla de Samar (25 de octubre), donde el “Yamato” consiguió establecer contacto y entrar en liza con fuerzas de superficie enemigas, eso sí, por primera y última vez en su carrera, haciendo blanco en varios buques estadounidenses de escolta. Después de que hiciera varios impactos con sus baterías principales en el portaaviones de escolta USS Gambier Bay, fueron avistados varios torpedos en dirección al acorazado que lo obligaron a alejarse del combate para evitarlos y le impidieron reincorporarse al mismo de manera efectiva, retirándose a Brunei con lo que quedaba de la maltrecha fuerza de Kurita.

Posteriormente, la larga Batalla de Leyte supuso el final de la guerra naval efectiva en el Pacífico con la derrota definitiva de la otrora poderosa Marina Real japonesa.

Oficiales en jefe del Yamato, fotografía del 5 de abril de 1945

La última salida del acorazado junto con los restos de la flota se produjo en abril de 1945, tras la ofensiva norteamericana en Okinawa. Los norteamericanos, dueños del cielo y del mar, estaban bombardeando a placer las bases niponas, lo que hizo temer al Alto Mando que el “Yamato” sucumbiera en puerto, lo cual unido al convencimiento de que la invasión norteamericana de las islas centrales del Japón era cuestión de tiempo, llevó al almirante Toyoda, el 5 de abril de 1945, a poner en práctica la operación TEN-GO, que conduciría el vicealmirante Seiichi Ito con el “Yamato”, el crucero ligero “Yahagi” y ocho destructores.

El plan no estuvo exento de polémica entre los miembros del Estado Mayor del vicealmirante, puesto que en esencia consistía en un viaje sin retorno hacia Okinawa, sin cobertura aérea de ningún tipo y el petróleo justo para la ida en una misión suicida, escenario ante el cual los valerosos comandantes no podían evitar lanzar la siguiente pregunta ¿quién defenderá a Japón después?

Rutas de la Marina Japonesa (en negro) y de los portaaviones estadounidenses (en rojo) hacia el lugar de la batalla (X).

Como no podía ser de otra manera, la operación se puso en marcha a pesar de todo. El superacorazado debía irrumpir por la noche sin ser localizado en aguas de Okinawa y agotar sus municiones a quemarropa hundiendo todos los barcos enemigos posibles. Agotadas las municiones debían encallar en las costas el acorazado y sus navíos de escolta para desembarcar a sus 3.500 marineros de la flota antes del amanecer para unirse a las tropas de infantería.

El 7 de abril de 1945 zarpó la valerosa flota oculta en una borrasca. Sin embargo la suerte no estaba del lado de los japoneses, y en la misma mañana fueron avistados por los submarinos enemigos USS Threadfin y USS Hackleback, que inmediatamente alertaron a su flota. El almirante Mitscher, al mando de la Task Force 38 de la US Navy desató el infierno sobre la desdichada flota nipona, lanzando desde sus portaaviones alrededor de 350 aeronaves en diversas oleadas que se llevaron al fondo del mar a toda la flota y 3.665 marineros japoneses.

El “Yamato” bajo ataque de la US Task Force 38. Se pueden apreciar los graves incendios a popa y la línea de flotación que denota una gran cantidad de agua embarcada por impacto de torpedos

El “Yamato” se fue al fondo del mar a las dos de la tarde de ese mismo día entre los terribles estallidos de sus pañoles de munición tras haber encajado diez torpedos y cinco impactos directos de bomba, sin más defensa frente a las fuerzas aeronavales enemigas que su fuego de cobertura antiaérea, tarea para la que no había sido diseñado.

Vía| LA GUERRA NAVAL EN EL PACÍFICO, Luís de la Sierra

En colaboración con QAH| Rumbo a la Historia

Imágenes| Wikimedia

En QAH| El superacorazado “Yamato” (I),  Especial Segunda Guerra Mundial

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