Cultura y Sociedad, Patrimonio 


El subsuelo de Roma, un mundo por descubrir

“Vivimos, por lo tanto, sobre metros de memoria acumulada -invisible bajo el cemento y el asfalto-  que han condicionado, literalmente desde los cimientos, todo lo que hoy en día sigue en pie y, por consiguiente, nuestra vida urbana, en armonía o contraste con aquello que la precede” (Carandini 2007).

Murallas Servianas. Siglo IV a.C. Construidas con tufo volcánico.

Murallas Servianas. Siglo IV a.C. Construidas con tufo volcánico.

La fortuna de la ciudad de Roma se vio influenciada desde un primer momento por la morfología del territorio en el que se fundó, determinada por la presencia de dos áreas volcánicas –I Colli Albani e I Monti Sabatini– y atravesada por el río Tíber. Recursos naturales y materias primas estuvieron disponibles desde un primer momento. 2.767 años después, salpicada de edificios de todas las épocas, una característica de la actual Roma son los desniveles que presenta–más de 20 metros entre algunos puntos – debidos en gran parte a la orografía, pero también a los terremotos, incendios, derrumbes, reconstrucciones e inundaciones sufridos desde época romana. Estos factores causaron el enterramiento de insulae y edificios de todo tipo, pasando éstos a formar parte del patrimonio subterráneo. La Roma subterránea comenzó a ser investigada a partir de evidencias aisladas en el siglo XVIII y en la actualidad son varios los grupos (formados por arqueólogos, geólogos, ingenieros, arquitectos y espeleólogos) quienes tratan de desvelar los secretos que yacen bajo el asfalto y el caótico tráfico de la Ciudad Eterna.

¿Existe entonces una Roma subterránea? No sólo existe una, sino tantas como los diferentes usos y reutilizaciones de sus espacios. Por ejemplo, gran parte de los ambientes subterráneos localizados hoy en día (insulae, domus, estructuras de habitación, termas, etc…), en época romana no formaban parte del subsuelo de la ciudad, sino que tenían acceso desde la calle. Sin embargo, otros (hipogeos, catacumbas, acueductos, obras hidráulicas, etc…), sí que formaban parte del subsuelo; de este segundo grupo, le cave o canteras constituyen el tipo más numeroso de la Roma subterránea de hace 2.000 años.

Interior de una "cava" de Roma. Poseían varios niveles, comunicados entre sí por pozos y escaleras.

Interior de una “cava” de Roma. Poseían varios niveles, comunicados entre sí por pozos y escaleras.

¿Por qué destacamos le cave a la hora de hablar de ese patrimonio que el turista de hoy en día desconoce? Si consideramos que entre el siglo IV a.C. y el III d.C. Roma aumentó su extensión de 420 hectáreas a 1400, ¿de dónde obtenían el material de construcción? Basta visitar el centro monumental de Roma para observar que el tufo, roca magmática, fue utilizado para las grandes construcciones debido a su ligereza y resistencia; si añadimos que Roma estaba asentada sobre dos áreas volcánicas, es fácil comprender que extrajeran el tufo del subsuelo (aunque también había canteras a cielo abierto). Considerando la gran extensión que alcanzó Roma, podemos concluir que a medida que ésta crecía horizontalmente, le cave del subsuelo lo hicieron verticalmente y su explotación aumentó, desarrollándose en varios niveles, mientras que las explotaciones al aire libre fueron reutilizadas e integradas en otros complejos (como las catacumbas de San Sebastián junto a la Via Appia).

Diseño de una "cava" en la Roa actual. Como se observa, la importancia del riesgo que suponen es muy importante.

Diseño de una “cava” en la Roma actual. Como se observa, la importancia del riesgo que suponen es muy importante.

La explotación de estas canteras se extendió por las siete colinas y la parte sudoriental de la ciudad, caracterizada por galerías de 3 metros de ancho por 5 de alto aproximadamente, con esbeltos pilares de tufo que aseguraban la estabilidad de dichos ambientes; además, se crearon varios niveles alcanzando los 15 metros de profundidad. Una vez extraído el material, los niveles inferiores se dejaron vacíos, mientras que los primeros fueron, en algunos casos, utilizados como almacén de materiales o depósitos hidráulicos, así como lugares de enterramiento (destaca el reaprovechamiento de los cristianos y sus catacumbas). La perfección de tal obra de ingeniería ha hecho que se sigan manteniendo hoy en día, si bien durante el siglo XX, debido al boom urbanístico sufrido por Roma y a los grandes desastres (terremotos, inundaciones) se produjeron numerosos hundimientos que han sacado a la luz estas galerías. Mientras que para la investigación arqueológica ha supuesto un gran avance, numerosos especialistas analizan el estado de conservación de dichos espacios y su posible reutilización para solucionar muchísimas de las necesidades de Roma (aparcamientos, canalización de aguas para evitar inundaciones…).

Arquitectura e ingeniería hicieron posible la explotación de estos ambientes para la creación de la que es llamada la Ciudad Eterna. Casi tres milenios después de su fundación, es la arqueología la encargada de desvelar otro de los secretos que la Caput Mundi esconde, colaborando con arquitectos, ingenieros, geólogos, etc… ¿No debe ser entonces la arqueología valorada como el resto de disciplinas? Éste, como otros tantos casos, constituye un ejemplo de la posibilidad de la integración de la herencia del pasado y de las necesidades de la sociedad actual.

Más información| Roma Sotterranea

Vía| CARANDINI, A. Roma il primo giorno. Roma, Laterza, 2007; VV.AA., I sette colli. Guida geologica a una Roma mai vista. Milano, Raffaello Cortina Editore, 2006.

Imagen|  Murallas Servianas, “Cava”, Diseño de derrumbe (Libro I sette colli, VV.AA., 2006).

 

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