Opinión 


El sistema educativo

 

-¿Qué le pasa a un numero cuando crece, crece y crece?

-¡Qué se hace adulto!

 

Así es como respondió un buen amigo mío del instituto, llamémoslebart

Guti, a la pregunta que le formuló mi profesora de matemáticas en una clase de 3º de la ESO. Ella querría, digo yo, que le hablara sobre el infinito, pero Guti, que supongo ni habría traído el libro a clase, soltó esa chorrada. Todos nos partimos de risa claro, menos una: la profesora. Ella sólo sonrió, le dijo que era muy gracioso y que, por favor, saliera a la pizarra. Lo que vino después ya no fue tan gracioso. La gran profesional que era esa mujer se dedicó, durante aproximadamente veinte minutos, a demostrar con rigurosidad matemática, que mi amigo Guti era un completo inútil y que si no cambiaba pronto, no le iba a ir nada bien en la vida.

 

A mí, en su momento, Guti me dio mucha pena; pero en el fondo pensaba que se lo merecía. ¿Cómo no iba a merecérselo? ¡Si no sabía nada, si nunca hacía los deberes y ni  siquiera llevaba el libro a clase! En mi mente estaba grabado a fuego que, como niños que éramos, nuestra obligación (la única que teníamos, cómo nos solían decir) era estudiar; estudiar, atender, portarse bien y hacer los deberes. Daba igual que los profesores te provocaran pesadillas, que necesitaras horas para entender algo que otro pillaba al vuelo, o que solo de pensar en ciertas asignaturas se te cerrara el estómago. Había que aguantarse, porque para eso están los niños, no les queda otra. ¿Qué lo pasan mal? Mejor, así se preparan para la vida ¿Que fracasan? Bueno, en realidad, más facilidades no han podido tener, es culpa suya; de eso, créanme, son totalmente conscientes. Ellos saben que algo están haciendo mal, que algo anda mal en ellos. -¿Por qué a fulano sí que le interesa lo que le pase a un numero cuando crece y crece, y a mi no?- se preguntan. -No hay nada que hacer, Fulano es mejor que yo.

 

Y así van creciendo, en un ambiente donde sólo se valora justo aquello para lo que no sirven. Poco a poco, olvidando las cosas en las que son realmente buenos, restándolas importancia, porque al fin y al cabo, nadie más se la da.

 

Y es que Guti no sabía de matemáticas, pero era el mejor haciéndote sentir a gusto, querido y aceptado. Si él estaba en un grupo, en ese grupo había buen rollo. Era amigo de cualquiera, hasta de los más pringados. Nadie hablaba mal de él, excepto los profesores, claro. Además, jugáramos a lo que jugáramos, siempre era el líder, no por mandón, sino porque eso era lo que surgía espontáneamente. Le hacíamos caso, sabía como hacerlo, y punto.

 

Con el tiempo fui perdiendo la amistad con él, pasaron los años y solo sé que anduvo muy liado entre clases de apoyo, de diversificación y profesores particulares. Y no volví a saber más de él.

 

Hasta hace cuatro días.

 

Porque hace cuatro días, mientras tomaba un café con un amigo, este abre un periódico y exclama: ¡Coño, mira quien sale aquí!

 

Y ahí estaba,weasly sonriendo, con un gorro de cocina puesto; y en el epígrafe:  Guti, elegido mejor cocinero de la región, representará a su comunidad en el  X concurso de pinchos…

 

Y no puedo sino alegrarme, por él y porque ha demostrado a todos esos  profesores, que no tenían razón, que era una buena persona y que sus  virtudes podían más que sus defectos. Menos mal que él, a diferencia de        muchos otros en su misma situación y que no les ha ido tan bien, nunca les    hizo el menor caso.

 

Espero que esta historia, que es totalmente verídica, sirva para hacer reflexionar a toda esa gente que tiene ideas tan gastadas sobre la educación y el valor personal. Ideas que han demostrado ser ineficaces y que fueron concebidas para una era diferente. No podemos pedir lo mismo a todos los alumnos, porque no todos los alumnos son iguales; no podemos dar importancia sólo a un par de materias, porque se están echando a perder auténticos genios; y, sobre todo, no podemos reducir todo el valor de una persona únicamente a sus resultados académicos.

 

“Si juzgas a un pez por su capacidad de subir a un árbol, pasará toda su vida pensando que es un inútil”  -Antiguo proverbio de Internet-

 

Vía|JM Carrascosa

Imagen|BestepisodeeverGoogle

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