Jurídico 


El sistema D’Hondt (I): un ejemplo práctico

Pese a quien le pese, la inviabilidad del modelo rousseauniano de democracia directa o asamblearia, en donde no existieran representantes políticos, es más que evidente: a nadie escapa la imposibilidad de paralizar a diario el país para someter a votación cualquier medida necesaria para su funcionamiento. Por ello, debemos inclinarnos por un sistema de democracia representativa, que supone que en la toma de decisiones no participa la nación en su conjunto, sino que éstas serán adoptadas por unos representantes elegidos por sufragio universal, libre, igual, directo y secreto.

Llegados a este punto, se nos plantea quizá la duda más importante que puede surgir cuando se abarca este tema: ¿cómo elegir a los representantes? ¿Debemos optar por un sistema de escrutinio mayoritario o por un mecanismo de representación proporcional? En este artículo vamos a analizar el sistema D’Hondt, que pertenece a este último grupo, por ser el que se aplica en la elección de los miembros del Congreso de los Diputados (por imperativo del art. 68 de la Constitución, y que desarrolla el capítulo III del título II de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General).

El sistema D’Hondt se encuadra en el grupo de sistemas de representación proporcional aproximada y persigue, como cualquier sistema proporcional, que cada partido político obtenga un número de escaños, si no matemático, sensiblemente equilibrado con su importancia real (medida en número de votos obtenidos).

Para analizar el reparto de escaños lo más conveniente es servirnos de un ejemplo numérico, en el que iremos aplicando las reglas que establece el art. 163 de la citada Ley.

Supongamos que en la circunscripción X, a la que corresponden 5 escaños, el resultado de la votación ha sido el siguiente:

  • Partido A: 258.020 votos
  • Partido B: 168.030 votos
  • Partido C: 114.040 votos
  • Partido D: 60.050 votos
  • Partido E: 17.480 votos

En primer lugar, debemos eliminar del reparto de escaños al partido E, ya que con 17.480 votos no alcanza el 3% del total de votos emitidos (18.529 votos) que establece la ley como mínimo.

A continuación, dividiremos los votos obtenidos por cada candidatura entre 1, 2, 3… hasta completar el número de escaños a repartir, que en este caso hemos fijado en 5. De este modo, tenemos:

Partidos

Votos obtenidos

nº votos/1

nº votos/2

nº votos/3

nº votos/4

nº votos/5

Escaños obtenidos

Partido A

258.020

258.020

129.010

86.006,67

64.505,00

51.604,00

3

Partido B

168.030

168.030

84.015

56.010,00

42.007,50

33.606,00

1

Partido C

114.040

114.040

57.020

38.013,33

28.510,00

22.808,00

1

Partido D

60.050

60.050

30.025

20.016,67

15.012,50

12.010,00

0

Total

617.620

617.620

308.810

205.873,33

154.405,00

123.524,00

Elegiremos de la tabla los 5 cocientes más altos (casillas señaladas en rojo), de forma que al partido A corresponderán tres escaños, al partido B y al C un escaño respectivamente, y el partido D quedará sin ningún escaño.

Las debilidades del sistema son fácilmente observables: si dividimos los votos obtenidos por cada partido entre el cociente más pequeño al que se le asignó escaño (el llamado repartidor) obtendremos, con decimales, el número de diputados que corresponden a cada formación:

  • Partido A: 258.020/86.006,67= 3,00
  • Partido B: 168.030/86.006,67= 1,95
  • Partido D: 114.040/86.006,67= 1,33

El sistema D’Hondt al hacer el reparto de escaños se centra únicamente en la parte entera. Esto hace, por ejemplo, que el partido B, que está muy cerca de obtener un segundo escaño, quede finalmente sólo con uno. De hecho, si vemos la media de votos que ha necesitado cada partido para alcanzar un escaño, observaremos grandes divergencias:

  • Partido A: 258.020/3= 86.006,67 votos por escaño.
  • Partido B: 168.030/1= 168.030
  • Partido C: 114.040/1= 114.040

Es fácil observar que para la lista más votada cada escaño sale más barato que para el resto de listas, especialmente si lo comparamos por el partido B, que resulta especialmente castigado por el sistema D’Hondt. Una posible solución al problema planteado sería partir de circunscripciones de mayor tamaño, de forma que el número de escaños en juego también fuera mayor. De este modo si en lugar de cinco, se repartieran diez escaños el resultado sería mucho más justo y equilibrado, ya que el partido A obtendría cuatro escaños, el partido B tendría tres, el partido C recibiría dos y el partido D obtendría representación, al conseguir un escaño.

Vía| Jean-Marie Cotteret y Claude Emeri, Los sistemas electorales. Ediciones Oikos-tau, S.A.

Más información| Web del Ministerio del Interior 

Imagen| Urna electoral

En QAH| El sistema D’Hondt (II) , Elecciones: Interventores y apoderados

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