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El Sistema D’Hondt (II): críticas y posibles soluciones

Probablemente, si pudiéramos buscar en Google quien ha recibido más críticas durante esta campaña, el primer puesto no sería para Rubalcaba, Rajoy ni ningún otro político, sino para la Ley del Régimen Electoral General (en adelante LOREG). Estos últimos días el mecanismo de reparto de escaños para el Congreso de los Diputados ha estado en el ojo del huracán. Pero, ¿cuál es la razón de que tenga tantos detractores? Los ataques a la aplicación del sistema D’Hondt y al resto de requisitos (circunscripción provincial y existencia de barrera electoral) que establece la LOREG vienen fundamentalmente por tres frentes:

–  A pesar de pertenecer al grupo de los llamados “sistemas proporcionales” se le critica, precisamente, su falta de proporcionalidad. Así, si comparamos gráficamente el porcentaje de votos obtenidos vemos que no guarda correspondencia con el de escaños asignados:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De este modo, el número medio de votos que cada partido ha necesitado para obtener un escaño es muy diferente. Por ejemplo, mientras que Amaiur ha necesitado 47.661,14 votos para obtener cada uno de los 7 escaños que tiene, UPyD ha necesitado  228.048,40, es decir: un escaño le sale 5 veces más caro a UPyD que a Amaiur, o lo que es lo mismo cada votante de Amaiur “vale” por cinco de UPyD. ¿Por qué? Porque al fijarse la  provincia como circunscripción estamos favoreciendo a las formaciones que presenten una mayor concentración de sus votos. Algo que es característico de los partidos nacionalistas, que al defender prioritariamente los intereses de su Comunidad obtienen todos sus votos concentrados en ella, por lo que a pesar de tener una representación (casi) nula en el conjunto nacional consiguen tener un número de escaños elevado (en relación con sus votos).

Pero no sólo los partidos nacionalistas son los beneficiados por el sistema D’Hondt: los dos grandes, PP y PSOE, no superan los 65.000 votos por escaño, ya que como se analiza en el ejemplo del anterior artículo, las formaciones más votadas se ven beneficiadas por este sistema.

–                         Enlazando con lo anterior, otra de las críticas es la que de que tal y como se configura, nuestro sistema electoral favorece el status quo, la continuación en el poder de los partidos existentes (lo que se ha venido a llamar bipartidismo), haciendo muy complicada la entrada en el arco parlamentario de nuevos partidos, que difícilmente consiguen obtener uno de los 350 escaños que se discuten, especialmente si se presentan a nivel nacional ya que la dispersión de los votos en todas las circunscripciones hace que en ninguna de ellas obtengan los suficientes votos para obtener algún escaño.

–                         Así mismo se critica que el valor de los votos no sólo difiere en función de la formación a la que votemos sino también depende de dónde lo hagamos. Debido a la exigencia constitucional (y al posterior desarrollo legislativo) cada circunscripción debe tener una representación mínima, que la LOREG fija en dos diputados por provincia. De este modo, en Soria, la provincia menos poblada de España, para conseguir uno de los dos escaños que se discuten se requieren 36.292,90 votos, mientras que en Madrid, hacen falta 124.123,69 votos (casi el cuádruple).

Las debilidades expuestas son algo innegable y que no escapan al entendimiento de nadie. Ahora bien, analizado el problema, ¿qué alternativas de cambio se nos presentan?

1. Un cambio radical, sustituir el sistema D’Hondt por uno mayoritario, en el que la totalidad de los escaños fijados para cada provincia se asignarían al partido que obtenga mayor número de votos. Si siguiéramos este modelo el resultado de las pasadas elecciones sería totalmente distinto.

Si observamos un mapa electoral, vemos que el PP ha sido la formación más votada en prácticamente todas las provincias. De este modo, de los 350 escaños en juego el PP se habría llevado 277, el PSOE 43, CiU tendría16, a Amaiur le corresponderían 6 y al PNV 8.

Los defectos de este sistema saltan a la vista:

–                         La representatividad del reparto sería aún menor que la que actualmente tenemos, y en muchas provincias una diferencia mínima de votos haría que la balanza se inclinara a favor de uno u otro partido. Grosso modo, este es el sistema que se aplica en EEUU, donde en no pocas ocasiones la polémica ha estado servida porque la diferencia de votos que ha hecho ganar o perder un Estado ha sido ridícula.

–                         Además, este sistema hace prácticamente imposible la entrada de nuevos partidos de los llamados “nacionales” que tendrían que conseguir desbancar por completo a los dos “grandes” en alguna circunscripción para conseguir algún escaño. No ocurriría lo mismo con las formaciones nacionalistas que, gracias a su tradicional concentración de votos en pocas provincias, mantendrían un nivel de representación muy similar al actual.

–                         Asimismo, se requeriría una reforma constitucional, pues el artículo 68.3 establece que para repartir los escaños del Congreso de los Diputados “la elección se verificará en cada circunscripción atendiendo a criterios de representación proporcional.

Por no solucionar, e incluso empeorar, los defectos del actual sistema nadie aboga por este sistema.

2. Mejorar la proporcionalidad en la aplicación del Sistema D’Hondt. El legislador español, al fijar las circunscripciones y establecer una barrera electoral, desvirtúa al sistema D’Hondt, si bien es cierto que éste, per se, tiende a favorecer a las formaciones más votadas. Es decir, la falta de proporcionalidad exacta o matemática de esta fórmula electoral se ve agravada por la configuración que en nuestro país hacemos de la misma.

¿Cómo podemos mejorar la proporcionalidad manteniendo el sistema D’Hondt como fórmula electoral?

En primer lugar, se podría sugerir ampliar el número total de diputados, de modo que el número de escaños que se discutirían en cada circunscripción también aumentaría y mejoraría la proporcionalidad, como ya indicamos en el anterior artículo. ¿Inconvenientes de esta solución? En primer lugar, nos encontramos con que la Constitución, en su artículo 68.1 establece que el Congreso estará formado por un mínimo de 300 y un máximo de 400 diputados. Por tanto, jugaríamos con un margen bastante pequeño, ya al tener actualmente 350 diputados el incremento máximo de 50 diputados no sería lo suficientemente significativo como para solucionar el problema de proporcionalidad que se nos plantea. Por otro lado,  podríamos reformar la Constitución y ampliar ese límite, lo que supondría un coste injustificado, especialmente en estos tiempos en que se habla del sobredimensionamiento del sector público en España.

Otra vía, y esta es quizá la más interesante de todas las que se nos plantea, es la fijar una circunscripción única a nivel nacional. De este modo desaparecía el tercer reproche que hacíamos a la configuración actual: el voto de cualquier español, con independencia del punto de España en que se encuentre, tendrá el mismo peso.

¿Cómo sería la configuración del Congreso de los Diputados, tras las elecciones del 20N si estableciéramos una circunscripción única, sin ningún otro requisito?  Siguiendo la mecánica que expusimos en el anterior artículo pero repartiendo 350 escaños en lugar de cinco, obtendríamos el siguiente resultado:

Partido

Número de votos

Escaños actuales

Escaños con circunscripción única

PP

10.830.693

186

164

PSOE

6.973.880

110

105

CIU

1.014.263

16

15

IU

1.680.810

11

25

AMAIUR

333.628

7

5

UPD

1.140.242

5

17

PNV

323.517

5

4

ERC

256.393

3

3

BNG

183.279

2

2

CC

143.550

2

2

COMPROMÍS-Q

125.150

1

1

FAC

99.173

1

1

GBAI

42.411

1

0

EQUO

215.776

0

3

PACMA

101.557

0

1

Eb

97.706

0

1

PA

76.852

0

1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las diferencias saltan a la vista: una circunscripción única favorecería a los partidos “nacionales pequeños” especialmente IU y UPyD, que obtendrían unos resultados más acordes con el número de votos que han conseguido.

Pero, ¿son todo ventajas? Un análisis más detallado nos permite ver que las diferencias en cuanto al número de votos necesitado por escaño persisten, sin bien es cierto que se atenúan: PP, PSOE, IU, CiU, Amaiur y UPyD necesitarían en torno a 67.000 votos por diputado mientras que Compris- Q, con 125.150 votos, obtendría un único escaño.

Sin embargo, este no es el mayor problema se nos plantea. El mayor peligro que puede surgir al establecer una circunscripción nacional es lo que se conoce como la atomización del Parlamento: el poder se disuelve entre muchos partidos, de modo que se hace muy difícil que algún partido obtenga un número de escaños suficiente como para gobernar de forma autosuficiente, sino que tendría que estar constantemente pactando con otras formaciones (y haciéndoles concesiones) para sacar adelante sus propuestas y cumplir con su programa. En un momento dado, podría provocar la ingobernabilidad, pues al no haber partido que sea un líder claro el resto de fuerzas podrían sistemáticamente aliarse para impedirle tomar cualquier decisión. Hablando en plata, el Parlamento podría llegar a convertirse en una “jaula de grillos”, donde fuera imposible llegar a ningún acuerdo.

Y lo que es peor, un sistema de estas características favorece la entrada de partidos de ideología extrema (ya sea de izquierdas o de derechas), que podrían llegar a convertirse en socios del partido en el Gobierno, condicionando su política a cambio de su apoyo.

Estos defectos que la circunscripción única introduce pueden, no obstante, subsanarse mediante la fijación de una barrera electoral. Actualmente, la LOREG la establece a nivel provincial, requiriéndose un 3% de los votos emitidos. Pues bien, si estableciéramos una barrera del 2% a nivel nacional (es decir, unos 500.000 votos) tendríamos el siguiente reparto de escaños:

Partido

Escaños

PP

176

PSOE

113

CIU

16

IU

27

UPD

18

Conclusiones.

¿Cuáles son las virtudes de esta configuración? A priori, la circunscripción única con barrera electoral del 2% soluciona, dos de los fallos de nuestro actual sistema: elimina la diferencia de votos entre provincias y mejora la relación de votos por escaño entre las distintas formaciones (todas oscilarían entre 61.500 y 63.500 votos/escaños).Además, al reducir el número de partidos entre los que se reparten escaños se favorece la gobernabilidad.

¿Y sus defectos? En primer lugar, exige una reforma constitucional (pues como ya hemos visto el artículo 68 fija la provincia como circunscripción). Por otro lado, reduce el pluralismo político, ya que la barrera de los 500.000 votos deja fuera a unos doce partidos.

Después de éste artículo tan extenso, ¿Qué conclusiones podemos sacar? Desde luego, no hay un sistema ideal, o como se suele decir: “nunca llueve a gusto de todos”; pero si tuviéramos que elegir uno, yo personalmente me quedaría con este último, pues me parece justo sacrificar cierto pluralismo político a cambio de gobernabilidad y proporcionalidad en la representación.

Imagen| El Mundo, Congreso

En QAH|El Sistema D’Hondt (I): un ejemplo práctico

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