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El síndrome Wendy y la necesidad de complacer a los demás

Muchos de nosotros tenemos la irracional necesidad de satisfacer siempre a los demás, de asegurarnos que tienen todo y cuanto necesitan. Y digo irracional, porque cada vez que dejamos de lado nuestros placeres e incluso nuestras necesidades por las de los demás, nos estamos alejando un poquito de nuestra propia felicidad. Algunos lo llaman síndrome de Wendy  y se trata de una persona que, además de sus propias responsabilidades  y necesidades, se hace cargo de la de los demás, como las de su pareja o hijos. De este modo, la necesidad de satisfacer los deseos de los demás puede convertirse en una obsesión, descuidando nuestra propia salud física y mental.

No obstante, no es necesario llegar a esa situación y, de encontrarnos en ella, es el momento de reconsiderar si lo estamos haciendo bien. Por ello, vamos a dedicarnos unos minutos a reflexionar sobre estas líneas y pensar si realmente estamos viviendo nuestra vida para nosotros o se la hemos regalado a alguien que, de aceptarla, estaría muy lejos de velar por nuestro bienestar.

Desde hacer unos simples recados a sacrificar tus horas por deseo de los demás. Simplemente, hacer algo que no deseas, invertir tu tiempo libre en algo que no te apetece, o dividirte en dos para que todas las partes estén contentas. Sin embargo, esta actitud se aleja de lo que quieren para ti las personas que te aprecian. Está bien ayudar a los que te importan, pero antes de ellos estás tú. Dedicarte  tiempo, hacer lo que deseas, disfrutar de esas pequeñas cosas que tanto te gustan y que te roban una sonrisa harán que le eches más ganas a la vida y a los que te rodean. Para poder complacer a los demás primero tienes que disponer de todas las herramientas para lograr tus ambiciones y aspiraciones, y utilizarlas día a día hasta conseguirlas.

Dedicarte tiempo

Dedicarte tiempo

Dejar de lado el qué pensarán, el miedo al fracaso, la culpabilidad o la necesidad de sentirte imprescindible. Porque somos seres humanos, y todos hemos fallado alguna vez, y a todos nos han fallado, y eso es lo que nos convierte en las personas maravillosas que podemos ser, capaces de ver el amor que te profesa otra persona sin que implique sacrificio.

Un amigo, en su inmensa sabiduría me dijo una vez: “Cuando un avión va a sufrir un accidente lo primero que piden a los pasajeros es que se coloquen su máscara de oxígeno. Después, puedes ayudar al resto. Si te pasas la vida dando todo tu aire a los demás, te ahogas. Y si te ahogas, no puedes dar aire a nadie.”

Imagen| Dedicarte tiempo

Más información| El síndrome de Wendy

 

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