Salud y Deporte 


El síncope: Un incómodo compañero

Desmayo

Desmayo

Quizá muchos no estén familiarizados con la palabra síncope, pero es bien seguro que desgraciadamente reconocen a la perfección la de desmayo y es que en nuestro día a día cada vez más estresante y vertiginoso la estabilidad de nuestro cuerpo es continuamente puesta a prueba.

Dentro de las numerosas sensaciones desagradables que podemos sentir, no hay ninguna que nos revele tan indefensos o vulnerables como el síncope ya sea porque resulta casi imposible hacer nada efectivo para combatirlo o por los desafortunados síntomas con los que viene, en la mayoría de los casos, precedido.

Además y paradójicamente, es un cuadro clínico bien conocido entre los estudiantes de medicina y de enfermería muy especialmente durante las primeras sesiones de prácticas quirúrgicas donde el agobiante calor del quirófano y las continuas visiones de sangre y vísceras suponen unos estímulos casi infalibles para sufrir un síncope. A todos nos ha pasado y es la fuerza de la costumbre la que nos convierte en seres casi invulnerables a ellos o al menos a un tipo muy concreto de desmayo: el vasovagal.

Sin embargo, como ocurre en la mayoría de los cuadros clínicos frecuentes que trascienden del ámbito hospitalario al civil, es rigurosamente necesario hacer una breve reseña que nos permita obviar los falsos mitos que circulan alrededor de este generalmente leve pero molesto síntoma clínico.

Un síncope por definición es una pérdida brusca y transitoria de la consciencia debida a un hipoperfusión –insuficiente flujo de sangre– cerebral, generalmente asociada a una pérdida del tono muscular, seguida de una rápida, espontánea y completa recuperación. Por ello, todo supuesto desmayo que no cumpla estos criterios no es estrictamente un síncope. No confundir con lipotimia que es un desvanecimiento sin pérdida de consciencia.

Los síncopes son clasificados habitualmente por el factor desencadenante o la etiología que los produce en:

  • Neuromedidados
    • Vasovagal
    • Seno carotídeo
    • Situacional
    • Neuralgia glosofaríngea
  • Hipotensión ortostática
  • Arritmias cardiacas
    • Bradiarritmias
      • Enfermedad del nodo sinusal
      • Bloqueos AV
    • Taquiarritmias
      • Supraventricular
      • Ventricular
  • Cardiopatías estructurales
    • Estenosis aórtica
    • Miocardiopatía obstructiva
    • Disección aórtica
    • Tumores cardíacos (mixoma)
    • Taponamiento cardíaco
    • Embolismo pulmonar

Por lo general, cuando nos referimos a síncope todos pensamos en el tipo neuromediado y particularmente en su subtipo vasovagal ya que supone el 75% de los casos consultados. Aunque su fisiopatología no es del todo conocida, se basa en que aparece una respuesta refleja a distintos estímulos desagradables –frecuente el de ver sangre– desde centros superiores que controlan la presión arterial y la frecuencia cardíaca provocando mediante mecanismo vagal bradicardia e hipotensión. Entre los principales estímulos que lo causan, el estrés emocional –susto, ver sangre, nerviosismo– y el estrés ortóstatico –estar mucho tiempo de pie, habitual en soldados de parada o en pases militares– son las causas más frecuentes y probables en una persona sana.

Por otra parte, un estímulo accidental –una corbata demasiado apretada– o intencionado del seno carotídeo provoca la misma reacción vagal con semejantes resultados. El síncope también puede estar asociado a diferentes situaciones muy concretas donde se producen importantes y breves cambios de presiones o de flujo sanguíneo dentro del cuerpo como ocurren durante la micción, la tos, o después de la comida y del ejercicio.

En el caso del síncope por neuralgia glosofaríngea, se asocia a una irritación del IX par craneal por compresión del nervio mediante neoplasias o infecciones que producen un dolor intenso, aunque en la mayor parte de los casos desconocemos la causa concreta que lo origina.

Fisiología del ortostatismo

Fisiología del ortostatismo

Otra etiología frecuente, y más comúnmente en ancianos, es la ortostática. Se debe fundamentalmente al pasar rápidamente del decúbito –estar tumbado– o la sedestación –estar sentado– a la bipedestación –de pie– lo que origina mareos y puede llegar a producir un síncope. El mecanismo asociado es un fallo de los reflejos compensatorios vasoconstrictores por una alteración del sistema nervioso autónomo, que repercute en que la cantidad de sangre que llega al cerebro sea insuficiente. Es importante recordar que fisiológicamente debido a la gravedad, hace falta una mayor presión arterial para que llegue buen flujo a las zonas que están por encima del corazón, entre las que se encuentra el cerebro. Secundariamente, también puede ocurrir debido a una extensa depleción del árbol vascular a pesar de la integridad del sistema nervioso autónomo como ocurre en el infrecuente síndrome de Shy-Drager, la neuropatía diabética, el Parkinson o el tratamiento antihipertensivo mediante fármacos hipotensores.

Las arritmias con baja frecuencia cardíaca –bradicardias, <60 lpm– dan frecuentemente síncopes lo mismo que ocurre con aquellas de alta frecuencia –taquicardias, >100 lpm– especialmente en casos de taquicardias ventriculares sostenidas, muy malignas y potencialmente letales y requieren la implantación de un desfibrilador DAI o de un marcapasos.

Las cardiopatías estructurales –alteraciones de la estructura interna del corazón–comparten el mismo mecanismo patológico que se define como un bloqueo de la salida de la sangre del corazón a diferentes niveles aunque el más común es en el tracto de salida del ventrículo izquierdo hacia la aorta; obviamente, tales obstrucciones dificultan la llegada de sangre al cerebro.

Protocolo de actuación

Protocolo de actuación

La clínica del síncope es fácilmente reconocible por aquellos que hayan vivido o presenciado uno y son especialmente característicos los signos pródromos que lo preceden: náuseas, vómitos, sensación de malestar, sudoración fría, visión borrosa, aturdimiento, debilidad, sensación de pérdida de conocimiento inminente, acúfenos o tinnitus, etc. No siempre aparecen, ni aparecen todos en conjunto aunque son frecuentes en el tipo neuromediado y nos avisan de la inminencia de la pérdida de consciencia por lo que debemos estar muy atentos a ellos. En el momento de tener pródromos es importante apartarse a un lugar tranquilo y sentarnos o si es posible tumbarnos, si por motivos de espacio o lugar nos resulta imposible podemos realizar la técnica o maniobra Handgrip -apretando con fuerza las manos en la posición que muestra la imagen- que rápidamente nos aumenta la presión arterial frenando el síncope, es muy efectivo. Los fármacos, concretamente los betabloqueantes, en general no han demostrado eficacia. Sin embargo, como medida de prevención si somos propensos a padecerlos, se recomienda una abundante ingesta de agua y una dieta rica en sal para amortiguar la bajada de presión, como es lógico esta medida está totalmente contraindicada en pacientes con hipertensión.

Handgrip

Maniobra handgrip

A pesar de su gran incomodidad y del malestar que generan, los síncopes suelen tener muy buen pronóstico y no deben preocuparnos en pacientes sanos -si es de tipo neuromediado- aunque sí resulta recomendable, especialmente si son de repetición, ponerse en manos de un especialista para su estudio y definir su causa ya que los asociados a cardiopatía estructural y a arritmias pueden ser el preludio de causas cardíacas graves que ocasionan muerte súbita.

 

Vía|Bonow, Mann, Zipes, Libby. (2013). En Braunwald: tratado de cardiología, Parte V: Arritmias, Muerte súbita y Síncope, 41. Parada cardíaca y muerte súbita cardíaca. España: Elsevier.

Imágenes|DesmayoSíncope, Protocolo, Handgrip

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