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El “sí” de Irlanda a los matrimonios gays

Soplan aires nuevos en la bella Éire. Desde que el pasado 23 de mayo se aprobara mediante referéndum los matrimonios homosexuales, este país tan impregnado de un férreo catolicismo va dando muestras de apertura y haciéndose eco de las demandas de la sociedad. La forma en que los irlandeses expresaron su deseo de cambio es el ya mencionado referéndum o plebiscito, que no es más que un procedimiento jurídico que permite el sometimiento de ciertas materias a voluntad popular y a proposición del gobierno.

Llama la atención, por un lado, que es la primera vez que se aprueban las uniones de personas del mismo sexo por esta vía de democracia directa y, por otro, la movilización e implicación activa de los irlandeses, sobre todo de los más jóvenes. El registro electoral reflejaba la inscripción de 66.000 personas dispuestas a responder a la cuestión de si “el matrimonio puede ser contraído de acuerdo con la ley por dos personas sin distinción de su sexo”.

La bandera arcoiris ondeaba por doquier

Muchos ciudadanos residentes fuera del país incluso se desplazaron a la isla para poder ejercer su derecho, al no existir voto por correo. Todo ello es signo inequívoco de la paulatina transformación del pensar tradicionalmente católico en Irlanda. Y es que la Iglesia católica ha sufrido un duro revés con estos resultados, debido en parte a los escándalos por abusos sexuales por parte de sacerdotes que fueron ocultados, inmorales, reprochables y de todo punto despreciables. Como es lógico, se alzó en contra de la consulta y a favor de la defensa del matrimonio entre hombre y mujer y, en general, de los valores familiares tradicionales. Y, como no podía ser de otra manera, las críticas al proceso por parte del Vaticano no se han hecho esperar.

Es ese alejamiento de la religión la que de algún modo ha propiciado numerosos cambios legislativos de un tiempo a esta parte, como la derogación en 1993 de la ley que castigaba la homosexualidad, ley decimonónica y muy contraria al sentir actual de la población, pero sobre todo a los derechos humanos. De igual modo y desde que en 2011 Irlanda retirara a su embajador en el Vaticano, el ministro de Exteriores, Eamon Gilmore promovió una reforma para que el matrimonio gay se encuadrara dentro del marco constitucional.

En definitiva, y con el 62,07 % de los votos, Irlanda dijo “sí” a la unión de personas del mismo sexo, demostrando así sus instituciones una mayor modernidad y una capacidad de respuesta a las demandas ciudadanas, y culminando estas con un proceso ya denominado histórico.

 

Vía| Diario de Cádiz

Imagen| Bandera arcoiris

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