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El ser humano y el darwinismo

Cada noche antes de dormir, la radio me ayuda a pensar y a relajarme. La otra noche hablaron de Charles Darwin y de su obra “El origen de las especies”. Explican la selección natural: Las especies se adaptan al entorno a través de la mutación. Aquellos especímenes con una característica que les ayude mejor a sobrevivir van proliferando poco a poco en la población en detrimento de aquellos que carecen de ese rasgo. Poco a poco, ese carácter – pensemos en el desarrollo del cuello tan largo de las jirafas – se va difundiendo hasta que se convierte en carácter común. La especie ha evolucionado.

¿Ocurre lo mismo con los seres humanos? La respuesta puede parecer obvia, pero detrás se esconde un profundo y oscuro debate: ¿Selección natural o selección artificial?

Ya nos hemos adelantado a esta respuesta en múltiples ocasiones, decantándonos por la segunda. Los avances en genética y biología celular nos han permitido modificar la naturaleza a nuestro antojo siguiendo objetivos de bienestar y calidad de vida. Muestra de ello son las manipulaciones genéticas para el desarrollo de especies vegetales más fuertes o la clonación de animales, como ocurrió con la oveja Dolly.

Los avances en biología molecular están poniendo en entredicho los principios básicos de Darwin

Los avances en biología molecular están poniendo en entredicho los principios básicos de Darwin

¿Qué ocurre con la genética humana? La respuesta es la misma. Los avances médicos han supuesto un freno a la teoría darwiniana. Un ejemplo ayuda a ilustrar esta idea: Según la selección natural, los animales con problemas de visión terminarían extinguiéndose y la especie evolucionaría con la proliferación de aquellos sin defectos en la vista. Sin embargo, ahora la selección natural no mejora la especie haciéndola más fuerte, sino que la medicina elimina los obstáculos para que todos los individuos tengan las mismas oportunidades de reproducirse.

Gracias a los avances científicos se han erradicado muchas enfermedades, pero el ser humano no se ha hecho inmune a ellas. Al desaparecer la amenaza, no existe peligro, pero el genoma del ser humano no ha experimentado una mejora que suponga una evolución de la especie. Es esto mismo lo que no tiene sentido dentro de la selección natural de Darwin.

La idea que pretendo transmitir no es una crítica a la medicina. Todas las personas tienen el mismo derecho a sobrevivir. Lo que nos diferencia de los animales es la capacidad de raciocinio que nos ha ayudado a mejorar y a progresar como especie, aunque no de la forma que Darwin pensaba. En la evolución de la raza humana las leyes de la naturaleza no tienen la misma cabida, dejando lugar a la razón, los principios, el progreso tecnológico y la igualdad de los individuos.

Entonces, ¿somos esa excepción que confirma la regla? Algunos estudios demuestran que la selección natural aún se produce en la especie humana, aunque también hay muchos otros casos – como el ejemplo de la deficiencia visual – en el que ésta es más que discutible.

Por ello voy a preguntar de nuevo: ¿Selección natural o selección artificial? En mi opinión el debate está servido.

Vía| Revista de Libros, Te interesa

Más información| Frontline, Métode

Imagen| ¿Selección natural o selección artificial?

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