Historia 


El sacerdocio mesopotámico

Administrar y dirigir todo el complejo de un templo en Mesopotamia quedaba en las manos exclusivas del sacerdocio. Aunque en los albores del tiempo un líder secular habría cumplido también las funciones religiosas, con el tiempo estos cargos terminaron por separarse. Lo que no quiere decir que se desarrollase una comprensión separada de la vida religiosa y la laica; la sociedad mesopotámica creía firmemente que cada asunto cotidiano estaba intrínsecamente ligado a la voluntad del Cielo y la Tierra, entidades sagradas y superiores que gobernaban la existencia y a los que había que servir.

No obstante, el ejercicio religioso se separó del político, quedando en manos de un sacerdocio profesional que manejaban las actividades del día a día de los templos y la adoración a los dioses. Y en este sector de la población, las mujeres tuvieron un papel destacado.

Reconstrucción del templo de Eridu

 

Cada templo contaba con un administrador central, conocido como sanga en Sumerio y shangu en Acadio, que supervisaba también los negocios y comercios que se articulaban alrededor del templo. Al mismo tiempo, el sacerdote mayor (en) o la sacerdotisa mayor (entu) dirigían el desarrollo de los ritos y actividades sagradas en el santuario de lo alto. Para asistirlos tenían a su disposición un gran número de sacerdotes y sacerdotisas, algunos de ellos con funciones especializadas: por ejemplo, sacrificar animales sagrados, interpretar presagios o llevar a cabo ritos de purificación mediante agua y fuego. También un sacerdote o una sacerdotisa cantaba canciones de lamento o regocijo para acompañar a los ritos, junto a un coro profesional de más de cien personas y una banda de músicos.

Para poder acceder a esta labor sagrada, hacía falta ser joven y tener un cuerpo libre de cualquier desperfecto físico, así como pertenecer a una buena familia. La educación de un sacerdote se realizaba en la escuela propia del templo, donde se les enseñaba a leer, escribir, algo de música. El periodo de aprendizaje era muy extenso. Los novicios dedicaban su vida al servicio de un dios, mientras que las novicias lo hacían a una diosa. No obstante, quedan testimonios de grandes sacerdotisas que dirigieron los templos de deidades masculinas, como es el caso del dios de la luna Nanna/Sin.

Reconstrucción de las puertas de Ishtar

Reconstrucción de las puertas de Ishtar

Las sacerdotisas estaban restringidas al celibato. Paradójicamente, podían casarse y convertirse en las madres adoptivas de cuantos hijos tuviera su esposo. El cargo de sacerdotisa era muy respetado (se podría establecer un paralelismo con las Vestales romanas). Curiosamente, una de las actividades más populares y al mismo tiempo respetadas era la «prostitución sagrada», esto es, las mujeres que ofrecían sus cuerpos en las inmediaciones del templo de Ishtar, la diosa del sexo y el deseo carnal (entre otras advocaciones). Se conservan descripciones de Herodoto, Estrabo y Luciano al respecto de esta práctica, pero cuánto de verdad hay en sus palabras, no puede saberse con claridad.

 

 

Vía | Bertman, S., Handbook to life in Ancient Mesopotamia, Nueva York, Facts on File, 2003.

Imágenes | Templo de Eridu, Puerta de Ishtar

RELACIONADOS