Coaching y Desarrollo Personal, Reflexiones 


El rumbo hacia la felicidad

Se dan demasiadas cosas por supuesto. Vivimos en un mundo donde las normas parecen estar preestablecidas. Desde que nacemos, se nos dicta que la mayor meta que podemos perseguir es la felicidad, pero no se nos enseña cómo llegar a ella. Se nos educa en masa, para que seamos siempre lo mejor de nuestro entorno, para que sintamos lástima por aquellos que no nos alcanzan, despreciando a los individuos a los que no se les ha permitido desarrollar su potencial, como si todos los niños fuesen iguales, un conjunto de engranajes ensamblados en una cadena de montaje antigua y oxidada. Como resultado, productos que entran en el mercado creados para satisfacer unas necesidades mayores que esa búsqueda de la felicidad, pero ni siquiera uno tiene tiempo para tomarse un respiro, el oxígeno cuesta dinero, y uno tiene que sobrevivir.

El rumbo hacia la felicidad

Durante este proceso de pujas, de cambio de dueño, de vida, en el que el alma y el cuerpo se deterioran gota a gota, uno se enamora, aunque no sepa qué significa, porque nadie le ha explicado en que consiste el amor, hacia una mujer, hacia un hombre, hacia una persona. No es de extrañar que la gente se confunda y convierta en suyo a un espíritu que debería ser libre, siempre se nos ha tratado como a objetos, menospreciándonos, poniendo en duda el valor real que tenemos todos y cada uno de nosotros, dando lugar a un estado continuo de manipulación, de maltrato, de criaturas subyugadas y obedientes a las que se educa a base de violencia. ¿Cuándo nos dimos cuenta de que no éramos iguales? ¿Dónde se perdió el respeto?

Se dan demasiadas cosas por supuesto. Seguimos caminando, aunque no tengamos rumbo, porque no sabemos hacer otra cosa. En esta ocasión, de la mano de otra persona, otro alma, otro cuerpo. A veces caminaremos juntos, otras veces uno caminará por delante del otro, en ocasiones nos detendremos, cada uno a un lado del camino, sin decir nada, sólo mirándonos como si, después de habernos dado tanto, volviéramos a ser extraños dudando de si el otro puede llevarnos a esa felicidad que tanto buscamos.

Se dan demasiadas cosas por supuesto, quizá porque nadie se ha parado a pensar que, como no nos han enseñado a perder, ni siquiera podemos perdonarnos a nosotros mismos. Tal vez no tengamos más remedio que aprender que nuestras derrotas marcan el rumbo hacia una felicidad que se encuentra bajo nuestra piel.

@Jota_PrietoAbia

Imagen| Pixabay.

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