Especial Abdicación, Historia 


El Rey y “su” Gobierno

Instantánea que muestra el momento en el que el Rey entrega al presidente del Gobierno, Marino Rajoy, el texto de su abdicación en su despacho de La Zarzuela.

Instantánea que muestra el momento en el que el Rey entrega al presidente del Gobierno, Marino Rajoy, el texto de su abdicación en su despacho de La Zarzuela.

Posiblemente una de las primeras personas que conoció la voluntad de don Juan Carlos I de abdicar fue Mariano Rajoy. Y es que sin el apoyo del Gobierno, y más en concreto de las Cortes, su retirada es inviable legalmente. El proceso de renuncia o abdicación es guiada por la Constitución, que establece en su artículo 57.5 lo siguiente: “Las abdicaciones y renuncias (…) se resolverán por una ley orgánica”. Y quien propone y elabora esta ley es el Gobierno, para después ser aprobada por las Cortes. Hasta que no sea publicada en el BOE no se podrá realizar la sucesión, que se llevará a cabo en los términos establecidos en la ley aprobada. Después se producirá la proclamación como Rey, que no coronación, del Príncipe de Asturias con el nombre de Felipe VI en el Congreso.

Paradójicamente, cuando don Juan Carlos I llegó al trono ocurría lo contrario: era el Rey el que influía en el Gobierno, hasta el punto que él era el que elegía al presidente, bajo la disposición de una terna elaborada por el Consejo del Reino, que hoy ya no existe. Esto solo sucedió con Adolfo Suárez. A partir de la aprobación de la Constitución de 1978 las relaciones fueron reguladas: se establecen reuniones en el despacho del Rey en la Zarzuela con una agenda de contenidos a tratar, los discursos del Rey son revisados por el Ejecutivo, etc. Hay una coordinación por tanto entre el palacio de La Zarzuela y el palacio de La Moncloa. Fernando Ónega recuerda cómo fue esta relación en la presidencia de Adolfo Suárez: “Hubo un reparto. Suárez se encargaba de la gestión y el Rey de tranquilizar a los militares (…) El Rey se presentaba en el Consejo de Ministro, por su propia voluntad y a veces sin previo aviso iba en su propio moto, para dar ánimos. Tener un Jefe del estado que se comporta así con un gobierno es algo maravilloso”.

La relación formal entre el Jefe del Estado y el Gobierno es la siguiente, según la Constitución:

– Nombramiento y cese del Gobierno, desde el presidente del Gobierno hasta los miembros que componen su equipo (artículo 62, apartado d y e).
– Derecho a ser informado de los asuntos del Gobierno y a presidir las sesiones del Consejo de Ministros cuando lo estime oportuno a petición del Presidente del Gobierno (artículo 62, apartado g).
– Expedir los decretos acordados en Consejo de Ministros y Facultad de conferir los empleos civiles y militares (artículo 62, apartado f).
– Facultades respecto a las relaciones internacionales, como acreditar y recibir a los embajadores y representantes diplomáticos (artículo 63, apartado 1); manifestar el consentimiento del Estado para obligarse internacionalmente mediante tratados internacionales (artículo 63, apartado 2); y declarar la guerra y hacer la paz, previa autorización de las Cortes Generales (artículo 63, apartado 3).
– Mención aparte merece la relación del Monarca con los gobiernos de las comunidades autónomas. A él le corresponde el nombramiento de los Presidentes de los Consejos de Gobierno de las Comunidades Autónomas (artículo 152, apartado 1).

Don Juan Carlos y Adolfo Suárez protagonizaron quizás la relación más intensa de amistad, teniendo como referencia los otros cinco presidentes.

Don Juan Carlos y Adolfo Suárez protagonizaron quizás la relación más intensa de amistad, teniendo como referencia los otros cinco presidentes.

Pero esto es solo la teoría. En la práctica, la relación que ha tenido Don Juan Carlos con los presidentes ha ido más allá de lo institucional, y muchas veces la lealtad constitucional ha pasado a una lealtad de afecto. En una entrevista en TVE concedida a Victoria Prego en el año 2000, con motivo del 25º aniversario de su reinado, Don Juan Carlos hizo un balance de los cuatro primeros presidentes: “Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo, Felipe González y con José María Aznar la relaciones han sido excelentes desde el punto de vista institucional, buenísimas desde el punto de vista personal y siempre con todos amigos y siempre dispuesto a ayudar y a trabajar juntos”. Una buena sinfonía que también han reconocido dos presidentes. Adolfo Suárez, en una entrevista a María Antonia Iglesias, afirmó: “Del Rey no tengo más que palabras de gratitud y tengo que confesar, paralelamente, que le quiero mucho, con sus virtudes y sus defectos como tenemos todos, como él me quiere a mí con mis virtudes y mis defectos”. Y José Luis Rodríguez Zapatero expresó, en una entrevista el pasado 23 de febrero a Risto Mejide, lo siguiente: “Tengo un gran afecto por Rey, es la única persona que en todo los momentos que tenía como presidente complicados, la única persona que siempre me llamaba para decirme ánimo, un abrazo `bueno no pasa nada`; siempre”.

La mejor explicación del por qué Juan Carlos se ha preocupado de que haya una verdadera coordinación entre la Corona y el Gobierno se lo confesó él mismo a Felipe González: Y seré su mejor amigo mientras continúe siendo presidente. Pero el día que los españoles elijan otro presidente, yo también haré lo posible para que sea mi mejor amigo, porque las cosas no pueden marchar bien si no existe una confianza absoluta entre el jefe del Estado y el jefe del Gobierno”. Ahora es solo cuestión de tiempo comprobar si el nuevo rey, Felipe VI, conservará esta filosofía de entendimiento de su padre con los presidentes.

Vía| Los presidentes y el Rey 

Imagen| @CasaReal y El Rey y Adolfo Suárez

En QAH| Especial Abdicación de Juan Carlos I

RELACIONADOS