Historia 


El Reino de Hungría (1920-1945) (VII)

Acercándonos ya al final de este artículo, se narra en estas líneas el golpe de Estado llevado a cabo en Hungría bajo patrocinio alemán, así como el recrudecimiento de las medidas contra la población judía.

Operación Panzerfaust: el golpe de Estado de los Cruces Flechadas

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El teniente coronel de las Waffen-SS Otto Skorzeny.

Sin embargo, todos los esfuerzos de la Regencia y de buena parte de las autoridades húngaras para evitar la aplicación de la Solución Final a su país habrían de caer en saco roto cuando los alemanes, hartos de este doble juego, decidieron patrocinar un golpe de Estado para derrocar a Horthy y a sus colaboradores. La causa de este cambio de rumbo fue la misma que motivó la ocupación del país de los magiares poco tiempo antes: las negociaciones de paz secretas con los Aliados [1]. El primer ministro Sztójai, a pesar de ser marcadamente pro-alemán, había continuado con la política de doble juego, intentando negociar una paz separada con los Aliados antes de que su país fuese aniquilado por los últimos estertores de la guerra. Sin embargo, los agentes del SD se enteran de estos contactos secretos e informan al alto mando alemán en Hungría, que decide tomar cartas en el asunto (poco antes había comenzado la invasión soviética de Hungría), organizando la Operación Panzerfaust (también conocida como Operación Mickey Mouse) para anexionarse Hungría definitivamente y asegurar su posición frente al avance soviético, aniquilando cualquier asomo de autonomía húngara. El 15 de octubre (poco antes de que el Regente radiase el armisticio), un comando paracaidista de las Waffen-SS liderado por el legendario SS-Sturmbannführer Otto Skorzeny, Caracortada [2], secuestra al hijo de Horthy [3] mientras las tropas alemanas rodean el palacio del Regente intimándole a renunciar al cargo sin ofrecer resistencia bajo amenaza de dar muerte a su hijo. Al borde de un ataque de pánico, el Regente continúa radiando el armisticio, momento en el que las milicias de los Cruces Flechadas toman por asalto el palacio, publicando inmediatamente un desmentido del armisticio y anunciando la firme determinación de que Hungría seguiría luchando junto a Alemania hasta el final. Depuesto de su cargo, el Regente es trasladado y puesto bajo arresto domiciliario en Alemania, donde esperaría en soledad el final de la guerra.

Budapest, Ferenc Szálasi

Ferenc Szálasi en Budapest, tras el golpe de Estado.

Consumado el golpe, los alemanes colocan al mayor-conde Ferenc Szálasi como jefe del nuevo Estado Húngaro (con el título de «Líder de la Nación Húngara»), ya bajo control total de los alemanes. El radical Szalasi era jefe del partido fascista de la Cruz Flechada, que se había agitado en Hungría desde los años 20 bajo varias formas (si bien no fue fundado hasta 1935, aunque se prohibió y refundó en varias ocasiones bajo la Regencia) sin conseguir el poder ni alcanzar una influencia significativa en la política húngara y que ahora veía recompensada su fidelidad a la causa del Reich. Como ya se advirtió, muchos de los oficiales rebeldes que habían protagonizado la matanza de Újvidék y que desde entonces habían sido protegidos por la RSHA, vuelven en este momento a Hungría para ocupar altos cargos en la policía y en el ejército.

Abolida la regencia y destituidos todos los cargos leales al anciano almirante, los seguidores de la Cruz Flechada se afanan en aplicar con gran celo todas las medidas exigidas por los alemanes. Extinguida la resistencia oficiosa de mandos húngaros a la deportación [4], el sistema organizado por Eichmann se pone en marcha a toda máquina, aunque la desintegración del aparato de seguridad alemán en las postrimerías de la guerra impidió en gran medida la ejecución eficaz de estos planes. A pesar de ello, los Cruces Flechadas no dudan en lanzarse a una campaña de terror, represión y violencia extremos sobre la población judía de Hungría. Esta, en combinación con el exterminio organizado por los alemanes, acabó con el 75[5] de los 800.000 judíos que había en Hungría (es decir, sólo sobrevivieron 200.000). Es de suprema importancia recordar aquí la excepcional labor, tanto por su humanitarismo como por la enorme audacia que requirió, de una serie de representantes diplomáticos de países neutrales que desplegaron toda su energía para intentar salvar al mayor número posible de judíos. Capitaneada por la embajada sueca, esta iniciativa consistía en expedir falsos pasaportes y dar asilo diplomático en los locales de las embajadas a los judíos, de forma que los protegidos quedaban fuera del alcance de sus perseguidores. Rápidamente, los representantes del Vaticano, España, Suiza y Portugal se suman a la iniciativa, excepcional valor que logra salvar 33.000 vidas. Aunque esta iniciativa fue liderada en un primer momento por el sueco Raúl Wallenberg, la mayoría de los historiadores destacan aún más el papel de su homólogo español, el embajador Ángel Sanz-Briz. Escribe así A. Beevor:

 «Las embajadas de El Salvador y Nicaragua proporcionaron varios centenares de documentos de ciudadanía, pero la treta más extraordinaria es la que llevó a cabo la embajada española. El encargado de negocios español, Ángel Sanz-Briz, sabía que el régimen de Szálasi estaba desesperado por obtener el reconocimiento de su gobierno. Él se encargó de fomentar esa ilusión en las autoridades húngaras, mientras se enfrentaba a la Cruz Flechada con más determinación incluso que la embajada sueca. Sanz-Briz se vio obligado a abandonar el país, pero dejó el puesto a un nuevo encargado de negocios, Jorge Perlasca, que en realidad era un antifascista italiano. Perlasca reunió a cinco mil judíos en pisos francos bajo la protección de España, mientras que en Madrid el gobierno de Franco desconocía lo que estaba haciéndose en su nombre. Un fraude todavía más osado fue el que llevó a cabo Miksa Domonkos, miembro del Consejo Judío, que se dedicó a falsificar salvoconductos en nombre de un superintendente de la gendarmería húngara. Todos estos intentos de salvar vidas inocentes se harían más urgentes a medida que el Ejército Rojo se acercaba a Budapest y las actividades de la Cruz Flechada se volvían más mortíferas[6]

El arrojo de estos diplomáticos fue recompensado posteriormente por Israel, concediéndoles el título de «justos entre las naciones».

En la siguiente entrega de este artículo, que habrá de clausurar esta serie sobre el Reino de Hungría, narraremos los últimos días de Hungría al terminar la Segunda Guerra Mundial.

Vía| Memorias de Nicolás Horthy, Andrew L. Simons; La Segunda Guerra Mundial, Anthony Beevor; Eichmann en Jerusalén, Hannah Arendt;  Hungary: The Unwilling Satellite, John Flournoy  Montgomery; The Royal Hungarian Army in World War II, Men At Arms nº 449, Osprey Publishing; Review Article: Inventing Historical Myths—Deborah S. Cornelius. Hungary in World War II.  Caught in the Cauldron. New York: Fordham University Press, 2011. Peter Pastor.

Imagen| Otto Skorzeny; Ferenz Szálasi

En QAH| ¿Por qué algunos nazis tenían cicatrices en el rostro?


[1] Entre otros, un representante de Horthy firmó con gran secreto un pacto en Moscú por el que el gobierno de la Regencia se comprometía a declarar la guerra a Alemania. Cuatro días después, Horthy informaba al embajador alemán en Budapest y proclamaba el armisticio con la Unión Soviética por radio.

[2] Genial comandante austríaco de la unidad de operaciones especiales Friedentahler de las Waffen-SS. Culmina con un éxito aplastante el rescate de Mussolini del Nido del Águila en julio de 1943 sin disparar un solo tiro y provoca la paranoia aliada con la operación Grifo durante la batalla de las Ardenas en octubre de 1944.

 [3] Nicolás (Miklós) Horthy, sería llevado en avión a Viena y después confinado en el campo de concentración de Mauthausen.

[4] En julio de 1944, Horthy había paralizado totalmente las deportaciones, aunque para entonces unos 437.000 judíos húngaros o residentes en Hungría al momento de la ocupación alemana habían muerto, la mayoría de ellos en Auschwitz. A pesar de ello, muchos judíos seguían en cautividad, empleados brutalmente por los alemanes como mano de obra esclava.

[5] 63.000 judíos húngaros habían muerto en Hungría entre 1941 y la ocupación alemana y 20.000 habían sido judíos no húngaros deportados a Alemania.

 [6] A. Beevor, La Segunda Guerra Mundial, Capítulo 42: Esperanzas Defraudadas.

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