Historia 


El Reino de Hungría (1920-1945) (V)

Continuamos el artículo sobre el Reino de Hungría, abordando en esta entrega el papel jugado por Hungría en la invasión de la Unión Soviética.

Participación húngara en la Operación Barbarroja

El 22 de junio de 1941, tres millones de soldados alemanes agrupados en tres Grupos de Ejército (Norte, Centro y Sur) se lanzan a la conquista de la Unión Soviética, abriendo en pocas horas un frente de 1.800 kilómetros de largo. Se trata de la mayor ofensiva militar de la historia, que habría de decidir el curso de la Segunda Guerra Mundial y que fue bautizada por el alto mando alemán en honor de un sacro emperador germánico, Federico I Barbarroja [1], uno de los ideales del nacionalismo germánico.

Mientras las fuerzas teutónicas progresan imparables hacia el este sin apenas oposición, Horthy recibe presiones crecientes de la Unión Soviética para no alinearse aún más con Hitler (Stalin llegó a prometer a Horthy toda Transilvania si no entraba en guerra con la URSS). Atrapado entre dos gigantes, el Regente se niega a declarar la guerra a la URSS si no media agresión previa de los soviéticos. En este punto debe recordarse que en un principio, Hitler no solicitó la participación de Hungría en la guerra contra la URSS. No obstante, un nutrido grupo de oficiales ultranacionalistas presionaban constantemente al Regente para sumarse a la ofensiva, insistiendo en que Rumanía sí participaba en la invasión, y que no hacerlo pondría en muy mala posición al país de los magiares en una hipotética revisión de la frontera transilvana. Con el paso del tiempo, el frente ruso absorbe un número creciente de tropas para cubrir sus vastas extensiones de terreno. Empujado por la necesidad de asegurarse más efectivos con los que mantener la ofensiva, Hitler idea una treta para lograr la colaboración militar de los húngaros. Buen conocedor del carácter testarudo del almirante, Hitler ordena bombardear las ciudades húngaras de Kasa y Munkács el 26 de junio de 1941 y arregla la escena de forma que parezca que se trate de un ataque soviético, dando así a Hungría un casus belli que neutralice las reticencias de Horthy. Llevado por la pasión del momento, el primer ministro Lázló Bardossy declara la guerra a la URSS al día siguiente, sin consultar al parlamento y sin el permiso del Regente. Puesta en marcha su maquinaria bélica y llevada por el rápido curso de los acontecimientos, Hungría entra de lleno en la guerra contra la Unión Soviética.

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Tropas húngaras en el frente del Don (1942).

Declarada la guerra, las tropas húngaras se incorporan a las demás fuerzas aliadas de la Wehrmacht (principalmente italianos, croatas y rumanos). En particular, el II Ejército Húngaro sigue la estela Grupo de Ejércitos Sur del mariscal de campo Karl von Rundsted, si bien no participa en las espantosas matanzas de civiles a las que sus camaradas rumanos se ofrecen como entusiastas voluntarios. A pesar de no contar con el suficiente equipo (los alemanes incumplían con frecuencia sus promesas de suministro) y de encargarse de la protección de los flancos (al menos al inicio de la ofensiva), los soldados húngaros demuestran un arrojo muy superior al de sus camaradas no alemanes (genuinamente en comparación con los italianos, cuya escasa disciplina bajo el fuego exasperaba a los mandos alemanes), como se demostró en el cierre de la pinza soviética sobre Stalingrado. Es necesario recordar estos hechos de armas para entender el papel y el valor del sacrificio húngaro en toda su extensión. Tras estancarse frente a Moscú, Hitler ordena a sus comandantes lanzar una ofensiva general que permita capturar los pozos petrolíferos del Cáucaso, controlados por los soviéticos, conquista que debía aliviar la creciente carencia de carburante de la que adolecían los ejércitos alemanes. El avance del VI Ejército alemán (al mando del general Friedrich Paulus) es detenido en Stalingrado en agosto de 1942. El empuje alemán no es capaz de quebrar la defensa soviética, que a costa de tremendas pérdidas (más de un millón de bajas) logra mantener la ciudad. Detenido el embate, las fuerzas soviéticas se recuperan e invierten la situación, pasando los alemanes de atacantes a defensores. Esta inversión de la posición estratégica alemana se consuma con el cerco de la ciudad por las tropas soviéticas, logrado el 24 de noviembre de 1942. Convertido en un auténtico caldero (los alemanes pasarían a llamarlo así, Der Kessel), 250.000 soldados alemanes quedan atrapados en la ciudad por la obstinada negativa de Hitler a permitir la evacuación cuando todavía había tiempo. Ateridas de frío y con abastecimientos insuficientes, las fuerzas alemanes terminarían por rendirse –contra la expresa prohibición de Hitler [2]– el 31 de enero de 1943, reducidas ya sólo a 90.000 hombres. Pues bien, es en este teatro de operaciones donde se levantó testimonio del valor húngaro. El II Ejército Húngaro defendió con gran vigor la línea del río Don durante el cierre de la pinza soviética sobre Stalingrado, perdiendo en el curso de las operaciones 135.000 hombres (entre muertos, heridos y prisioneros) de un total de 211.000 efectivos, sea esto el 64% de sus efectivos. A pesar de esta defensa espectacular, Hungría pierde su mejor ejército, golpe del que ya no se recuperaría. Acaecida la debacle, los restos del II Ejército se destinan a labores de ocupación y policía en las zonas de retaguardia en Ucrania y Bielorrusia, perdiendo cualquier papel relevante en el desarrollo de las operaciones militares. También es curioso resaltar que Hungría fue el único país del área de influencia del Eje que envió tropas judías al frente (si bien eran contingentes de retaguardia y batallones de trabajo -desarmados), que ascendieron a un total de 130.000 hombres.

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El recién nombrado mariscal Paulus (a la izquierda de la fotografía, con gorra de plato) rinde lo que queda del VI Ejército a los soviéticos en Stalingrado, el 31 de enero de 1943.

Consumado el desastre de Stalingrado, se invierte totalmente el curso de la guerra: la Wehrmacht pierde toda iniciativa (agotando así la Blitzkrieg [3] que tantos éxitos le había traído) y pasa a enrocarse en posiciones defensivas mientras que el Ejército Rojo, que hasta ese momento se había limitado a contener el avance alemán (con ingentes pérdidas) asume toda la iniciativa. Mientras las tropas de Hitler reculan, sus aliados se ponen cada vez más nerviosos al imaginar qué trato recibirán de los victoriosos soviéticos una vez acaba la guerra. Las deserciones acabarán llegando una tras otra. En Italia, el desembarco aliado en julio de 1943 desencadena la destitución de Mussolini, firmando el nuevo gobierno italiano un armisticio a principios de septiembre. Tiempo después, en el verano de 1944, Rumanía cambia de bando como resultado de una serie de sucesos políticos internos. Ante la amenaza de una invasión por parte de sus vecinos, el alto mando húngaro desplaza al parcialmente reconstruido II Ejército para asegurar la frontera de Transilvania [4]. Asegurada su posición en Rumanía, y con el entusiasta apoyo de sus nuevos aliados, los soviéticos invaden Hungría, pasando la frontera a finales de septiembre de 1944.

No tiene sentido describir aquí los pormenores de las operaciones militares ejecutadas en territorio húngaro (y que en cierta medida se reflejarán en los párrafos siguientes), pues éstas son extensas y desbordarían con mucho el propósito de este artículo. Baste decir que, a pesar de los heroicos esfuerzos de los húngaros por contener al enemigo, la superioridad numérica y armamentística de la Unión Soviética era tan exorbitante que en diciembre de 1944 las fuerzas rumano-soviéticas llegan a las puertas de Budapest, iniciando un largo asedio que habría de coronarse con la caída de la ciudad.

En la próxima entrega de este artículo comenzaremos la narración de los últimos días del Reino de Hungría, con la ocupación alemana de 1944 y la cuestión judía.

Vía| Memorias de Nicolás Horthy, Andrew L. Simons; La Segunda Guerra Mundial, Anthony Beevor; Eichmann en Jerusalén, Hannah Arendt;  Hungary: The Unwilling Satellite, John Flournoy  Montgomery; The Royal Hungarian Army in World War II, Men At Arms nº 449, Osprey Publishing; Review Article: Inventing Historical Myths—Deborah S. Cornelius. Hungary in World War II.  Caught in the Cauldron. New York: Fordham University Press, 2011. Peter Pastor.

Imagen| Tropas húngaras en el Don; Rendición de Paulus

En QAH| El Reino de Hungría (1920-1945) (I)El Reino de Hungría (1920-1945) (II)El Reino de Hungría (1920-1945) (III)El Reino de Hungría (1920-1945) (IV)


[1] Federico de Hohenstaufen, sacro emperador germánico desde 1155 hasta 1190. Gobernante enérgico, logró hacer valer su autoridad sobre los levantiscos príncipes germanos durante su reinado, fuerza política de la que la Casa de Prusia (los Hohenzollern) tomó ejemplo y de la que se reivindicaba heredera y sucesora.

[2] Hitler nombró mariscal de campo (Generalfeldmarschall) a Paulus el día antes de que se rindiera con la esperanza de evitar su capitulación, o al menos evitar que le cogieran con vida (pues nunca un mariscal alemán había sido hecho prisionero).

[3] En alemán, «guerra relámpago». Doctrina militar desarrollada por los militares alemanes durante los años 20 en base a la experiencia de la guerra de trincheras vivida durante la Primera Guerra Mundial. Consistía en primar la velocidad del ataque sobre cualquier otra consideración, evitando que el enemigo pudiese fortificarse en una posición cualquiera, lo que requería el uso ingente de tanques, aviones y tropas mecanizadas. Tras el estancamiento de frente ruso, los alemanes no volverían a desplegarla en toda su intensidad, si bien se produjeron intentos aislados que fracasaron (singularmente, la ofensiva de las Ardenas en diciembre de 1944 – enero de 1945).

[4] Prevención que se revelaría necesaria con la declaración de guerra de Rumanía (agosto de 1944) tras producirse en este país el golpe de Estado del príncipe Miguel contra su padre, el Rey Carlos, y el gobernante real del país, el mariscal Ion Antonescu. Tras esto, Rumanía cambiaría de bando, aliándose con la Unión Soviética (y teóricamente con el resto de los Aliados…).

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