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El realismo como esencia cinematográfica

Las cuestiones realistas que abarcan el debate cinematográfico han estado siempre vinculadas al eterno debate sobre la “esencia del cine”. Las posturas frente a este tema se han enmarcado principalmente entre los teórico “formativos”, quienes consideran que la especificidad artística del cine consiste en sus diferencias radicales respecto a la realidad, y los teóricos realistas, quienes por el contrario, atribuyen como especificidad artística del cine la representación fiel de la realidad.

Dentro de los primeros, destacan las figuras de los teóricos Rudolf Arheim y Bela Bálaz quienes se adhirieron a la corriente “formativista” defendiendo el cine como arte autónomo y reivindicando sus diferencias ya no sólo con la realidad sino también respecto a otras artes como el teatro o la literatura. No obstante, el interés principal de este breve post es explicar las teorías realistas del cine a partir de sus principales precursores y defensores. Antes de ir a ello, es necesario situar una serie de coordenadas históricas – geográficas en las que se enmarca el auge del movimiento del realismo cinematográfico.

En los años cuarenta, durante la posguerra en Europa el realismo en el cine emergió como el humo y la cenizas en la mayoría de las capitales europeas, una gran cantidad de cineastas comenzaron a mostrar una gran interés por lo mimético y el apego a lo real. El centro neurálgico de este movimiento fue Italia, no sólo por la gran cantidad de películas que se realizaron sino también por la inmensa producción académica – teórica sobre cine. Harta conocido es ya el afamado neorrealismo italiana. El cineasta – teórico Cesare Zavattini da una explicación al afirmar que la guerra y la liberación habían enseñado a los cineastas a descubrir el valor de lo real.

Zavattini reivindicaba que la clave para contar historias no estaba en que se asemejasen a la realidad, sino más bien en convertir la realidad en una historia. En gran medida inspirados por los logros del neorrealismo italiano André Bazin y Siegfried Kracauer convirtieron el realismo en la piedra angular de su teoría estética, basándose principalmente en el medio técnico que posibilita el cine, la cámara y su intrínseca objetividad reproductora de la realidad. De esta manera, Bazin defendía que a través de la cámara “se captura una imagen del mundo de manera automática”. Mientas que Kracauer, en relación a su defensa del realismo en el cine, asentó las bases de la que denominó “estética materialista”. El teórico alegaba que el valor del cine se debía a su capacidad de registrar lo que él llamaba “realidad material”, “realidad visible”, “naturaleza física” o “naturaleza”.Z

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Cartel de la película de Roberto Rossellini “Roma, citta aperta”

 

Como se puede observar ambos autores basan su razonamiento en las raíces fotográficas del cine, frente a su relación con el resto de artes. Lo cierto es que a menudo la dicotomía entre realista vs. formativo, Lumiere vs. Mélie o mímesis vs. discurso, y sus tensiones sintomáticas se han radicalizado en extremo, ignorando lo que ambas corrientes tienen en común: las dos se basan en nociones esencialistas del cine, son normativas y exclusivistas, marcando al cine un determinado camino. Cuando realmente el realismo es de por si un concepto abstracto y sujeto al múltiples definiciones y entendimientos. Si miramos con ojos contemporáneos la evolución de la comprensión general de la noción realista y su conjugación con el cine podemos observar como, efectivamente, el realismo ha guiado y guía la mayoría de los avances tecnológicos vinculados con el cine, con el propósito de mejorar la experiencia cinematográfica en busca de nuevos medios que consigan hacer más realista la historia y aumenten la inmersión del espectador en el filme, como por ejemplo lo muestran invenciones como el 3-D, el IMAX, el sonido envolvente o la realidad virtual.

Para terminar, como apunte histórico se ha de señalar que la estética realista tiene su origen en las historias éticas de la Biblia y la fascinación de los griegos por el detalle en la superficie, y de ahí al denominado “espejo frente a la naturaleza” del Hamlet shakespereano, el “miroir que se promène le long la rue” de Stendhal y por supuesto, la novela realista, sin obviar evidentemente toda la tradición pictórica, que nos llevaría a adentrarnos en una discusión mucho más amplia y densa.

 

Referencias:

Ontología de la imagen fotográfica (1945), André Bazin

Teoría del cine. La redención de la realidad física (1960), Siegfried Kracauer

Teorías del cine: una introducción (2001), Robert Stam

 

Fotografía:

Fuente: Filmaffinity

 

 

 

 

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