Historia 


El puente de huevos y leche de Carlos IV en Praga

En Praga, la necesidad de un nuevo puente surgió tras la inundación de 1342 que destruyó el puente original. El puente de Judith, que unía la Ciudad Vieja con la Ciudad Pequeña, por encima del río Moldava. Un puente de estilo románico que debía su nombre en honor a la esposa del rey Ladislao I.

En ese momento el excéntrico emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos IV le pidió a su corte de astrólogos y numerólogos la construcción de un puente que durase 1000 años. La leyenda cuenta que tras encerrar, durante un día en una sala, a los más sabios de la corte, el emperador les pregunto cuales eran sus conclusiones.  El consejo de sabios le respondió al emperador que habían soñado con una secuencia de números 135797531, con leche y huevos.

Para los astrólogos y numerólogos estas visiones determinaban que la piedra fundamental debía ser erigida en 1357 el 9 de julio a las 5:31(1357/9/7/5/31 secuencia capicúa de dígitos impares ascendentes y descendentes, que se encuentra grabada en la torre de la Ciudad Vieja). Y que además la argamasa debía ser fortalecida con leche y huevos para hacerla resistente a las crecidas del río. La construcción fue supervisada por Peter Parler y dirigida por un “magister pontis”, Jan Ottl. Para sostener económicamente la obra se cobraban peajes, tarea que inicialmente estuvo a cargo de la orden religiosa de los Caballeros de la Cruz con Estrella Roja, y luego del ayuntamiento de la Ciudad Vieja (hasta 1815). Aunque dicha leyenda no se ha podido corroborar científicamente estudios recientes realizados tras las inundaciones de 2002, muestran la presencia de elementos orgánicos entre la argamasa de los cimientos del puente.

Detalles de algunas de las figuras del puente

Detalles de algunas de las figuras del puente
Crédito: Dave Meler

La decoración del puente la completan 30 esculturas de estilo barroco que contrasta con el estilo gótico de la construcción. Dichas esculturas fueron realizadas entre finales del s. XVII y principios del s. XVIII. Y representan a diferentes santos y patronos de la época. Entre las esculturas más notables, se cuentan las de Santa Lutgarda, el Crucifijo y el Calvario y la de San Juan Nepomuceno. También es conocida la estatua del caballero Bruncvík, a pesar de que no se halla en ninguna de las dos hileras principales a ambos lados del puente. Algunas de ellas encierran sus propias leyendas. A partir de 1965, todas las estatuas fueron reemplazándose con réplicas, siendo exhibidas las obras originales actualmente en el Museo Nacional.

Hoy en día el Puente de Carlos es el monumento más famoso de Praga y comunica la Ciudad Vieja (Staré Město) con la Ciudad Pequeña (Malá Strana). Los checos están seguros de que el puente por sí sólo tiene un atrayente poder sobrenatural y cada una de las figuras barrocas allí presentes destella su propia magia.

Vía| iHistoriArteDavid Melero, Turismo de Praga

Imágenes|Dave Meler, W. Commons

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