Historia 


El problemático concepto de lo “chino”

Cualquiera que pretenda estudiar el pasado de China ha de enfrentarse en primer lugar a un auténtico bache relacionado con nomenclaturas y conceptos. Actualmente, cuando se piensa en China uno se imagina una nación milenaria que ha existido a lo largo de milenios sin apenas cambios significativos. Sin embargo, la compleja realidad china dista mucho de esta visión simplista motivada por una mezcolanza poco rigurosa de conceptos.

Los caracteres de “Reino Medio” en chino en sus formas tradicional y simplificada.

En primer lugar, señalar lo obvio: “China” es un término extranjero empleado para referirse al territorio en el que se encuentra actualmente la República Popular de China. Un nombre que gozaría de cierta continuidad en occidente sería Cathay, introducido por Marco Polo a través de sus diarios de viajes por la China de los Yuan, y cuyo nombre deriva de los kithan, un grupo nómada que reinaba en la región norte. El actual término “China” deriva del persa Cin, y se cree que proviene del nombre de la dinastía Qin. Sin embargo en oriente, el nombre tradicional con que se conocía China era Zhōngguó (中國) “Reino Medio” o “Reino Central”, o Huáguó (華囯) “Reino Próspero”. Aunque inicialmente sólo era empleado por los estados de la Llanura Central, cuna histórica de la civilización china, fue asumido como nombre oficial por las distintas dinastías imperiales hasta la caída de los Qing en 1912, si bien se sigue empleando como denominación coloquial. El término también pervive a día de hoy en idiomas cuya escritura está emparentada con el chino como el japonés, el coreano o el vietnamita.

Los primeros vestigios de escritura encontrados se tratan de inscripciones en hueso en objetos oraculares. Estos primeros pictogramas serían el origen del actual sistema de caracteres chinos.

Uno de los rasgos más característicos de la cultura china es su lengua y su sistema de escritura basado en el empleo de caracteres. La familia lingüística a la que pertenece el actual chino mandarín, las lenguas siníticas, abarca otras muchas lenguas emparentadas entre sí (como el hakka, el cantonés, el wu, el xiang…). Asimismo, tanto en el pasado como en la actualidad, estas lenguas convivían con otras de familias lingüísticas diferentes habladas por minorías étnicas como el mongol, el uigur o el coreano, que comparten pese a sus diferencias el uso de los caracteres en la escritura. A pesar de sus diferencias idiomáticas, el uso común de la escritura china fue un elemento clave, ya que permitió disponer de una lengua franca con la que transmitir ideas y conocimientos, ampliando por tanto el alcance la civilización china y facilitando la entrada de aportes externos.

Este sistema de escritura permitió el desarrollo de una tradición cronística desde tiempos muy tempranos, ha permitido el desarrollo de una inusualmente detallada y prolífica tradición historiográfica. Esto no quiere decir que se encuentre libre de revisiones. Como sucede prácticamente en todas las historias nacionales, bajo el paraguas de “historia de China” se suele presentar la historia de distintos pueblos englobados en las fronteras de la actual China. No puede culparse enteramente a la tradición contemporánea de esta idea, ya que la milenaria tradición cronística china mantuvo desde su creación la idea de una unidad indivisible y eterna de la nación China, muy vinculada a su idea cíclica del cosmos.  En todo caso, el fundacional del Reino Medio, tal y como se autodenominó a lo largo de milenios, se suele presentar siguiendo el llamado ciclo dinástico, que ordena la historia de los distintos pueblos siguiendo los registros cronológicos de los distintos emperadores (de forma similar, por ejemplo, al sistema dinástico de la historia de Egipto). Pero hemos de tener presente que a lo largo de su historia, esta línea dinástica encierra en muchos casos episodios de fragmentación política o de dominios extranjeros.

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Kublai Kan, y Kangxi, son dos ejemplos conocidos de emperadores de dinastías de origen extranjero en China (mongola y manchú, respectivamente).

Una manifestación de esta enorme variedad interna y adaptación la encontramos en su tradición religiosa. En China, al igual que en otras regiones de Asia, la religión no se plantea del mismo modo al que estamos acostumbrados desde nuestra cultura monoteísta cristiana. La religión en China puede definirse como un sincretismo politeísta. Es decir, un pensamiento en el que conviven distintas divinidades y en el que se van asimilando aportes de distintas religiones y tradiciones, principalmente el taoísmo y el budismo. El Confucianismo, muchas veces identificado erróneamente como religión, aporta toda una serie de doctrinas éticas y morales al conjunto. Esta forma de pensamiento no es por tanto religioso como tal, pero tampoco laico. Simplemente no entra en definición, lo que le permite coexistir con otras tradiciones, perpetuándose y adaptándose a los nuevos tiempos.

El kimono japonés tiene sus orígenes en la ropa tradicional de la china de los Han, muestra de la adopción de elementos chinos por parte de otros países. En la imagen de la derecha podemos ver la vestimenta tradicional manchú y su característica coleta. Aunque inicialmente fueron impuestas por la dinastía Qing, acabaron siendo adoptadas por la población como seña de identidad frente a las naciones extranjeras.

El kimono japonés tiene sus orígenes en la ropa tradicional de la china de los Han, muestra de la adopción de elementos chinos por parte de otros países. En la imagen de la derecha podemos ver la vestimenta tradicional manchú y su característica coleta. Aunque inicialmente fueron impuestas por la dinastía Qing, acabaron siendo adoptadas por la población como seña de identidad frente a las naciones extranjeras.

Actualmente, la idea de civilización China está construida principalmente en torno a la etnia han. Ciertamente, los han fueron protagonistas y actores preeminentes de muchos momentos de la historia de China, pero no son sino uno de los muchos pueblos que componen lo que podríamos denominar “civilización china”. Nos encontramos así pueblos nómadas y sedentarios, guerreros y comerciantes, artesanos y cazadores, literatos y agricultores… Es imposible encontrar un sólo aspecto de la historia de China que no haya sido influido de algún modo por distintas etnias o tradiciones. Asimismo, a lo largo de su historia China ha recibido aportaciones del exterior, bien por enfrentamientos con otros pueblos o bien por intercambios pacíficos, que posteriormente fueron integrados en su propia tradición. Muchos pueblos, sin ninguna relación en la actualidad con China, hunden sus orígenes culturales en este gran conglomerado cultural, como Japón o Corea.

La civilización china es sin duda un enorme collage cultural con aportes de diferentes pueblos que fueron relacionándose y coexistiendo en un amplio espacio a lo largo del tiempo. Por hacer una comparación, cuando hablamos de “civilización europea” no nos restringimos a un solo país o etnia, y tenemos en cuenta los aportes de otras culturas que no pertenecen actualmente a la actual Europa desde el punto de vista político-geográfico. Del mismo modo, no debemos entender la civilización China como una civilización-nación vinculada a la actual República Popular de China, sino más bien al contrario: la actual China, al igual que otros países asiáticos, es resultado de esta civilización milenaria.

 

Vía|FAIRBANK, J., Historia de la China. Siglos XIX y XX, Madrid, Tecnos, 1990.

FERNÁNDEZ LOMMEN, Y., China. La construcción de un Estado moderno, Madrid, Catarata, 2001.

GERNET, Jacques. El Mundo Chino, Barcelona: Crítica, 2003.

Imágenes|Wikipedia

En QAH|El mundo de los muertos en la antigua China, Tensión en el mar de China

 

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