Coaching Profesional 


El perfeccionista (I): cuando ser perfecto te vuelve imperfecto

 

El perfeccionista

El perfeccionista

“Cada minuto que pasaba era anunciado con voz firme y decidida. Habían pasado 2 horas desde que su madre salió a trabajar y todo iba como estaba previsto. Y lo previsto, ahora, era disfrutar en el patio. Como lo hacían todos los niños de 12, 10 y 6 años.
Pero su obligación era otra. Al menos hasta que mamá cruzara de nuevo la puerta, no sin antes comprobar dos o tres veces que era ella. El marcaje era férreo. “Deja eso, no toques, come”. No podía fallar. Y no falló. Ni entonces ni a lo largo de los años cuando las circunstancias lo requirieron. Siempre responsable, asumiendo su papel de primogénito. Esa forma de actuar pronto se convirtió en una forma de ser. Hábitos que acabarían moldeando su carácter y por ende su vida, su destino.
Con el tiempo, esa disciplina que el mismo imponía a su entorno y sobre todo a si mismo, a menudo inhibían el placer y la satisfacción cuando de encarar o celebrar proyectos se trataba. Siempre faltaba algo”.

Mario, no te equivoques, la gran mayoría de las veces, perfeccionismo equivale a infancia. Demasiadas responsabilidades, demasiadas expectativas. Toda una vida de exigencias, siempre queriendo agradar, sobresalir. Tus logros son esa droga que ansías para poder relajarte dos minutos. No más, no vaya a ser que entre a formar parte del dominio de la pérdida de tiempo. Siempre más y mejor, antes y más rápido.
Eres bueno, muy bueno en algo ¿verdad? Seguro, tanta disciplina y esfuerzo no pueden ser en vano. Tienes éxito en ello, más que la media, nivel que consideras el de la mediocridad. Porque aunque perfeccionismo no siempre equivale a logro o prosperidad, sí suele estar sujeto a cierto brillo y notoriedad, al menos en algún apartado de la vida.
Exigente a más no poder. Mucho con lo demás y cruelmente contigo mismo. “Como me exijo a mi mismo tengo derecho a exigir a los demás”. Pues no, te equivocas.
Perpetuo sentimiento de incumplimiento. Sólo ves lo que no has hecho, lo pendiente. Y cuando eso ocurre, tomas medidas, duras. Te hacen daño.
Bastante por no decir muy crítico, pocos son lo suficientemente capaces para ti. Y es que siempre habrá algo que podrías haber hecho mejor. Pero recuerda, al criticar, sólo reflejas en el otro lo que no te gusta de ti, lo que no aceptas. Espejito, espejito…
Difícil pillarte en un renuncio. Nunca hablas de tus debilidades, de tus inquietudes, transmites poco, empatizas menos. ¡Has de ser fuerte, controlar tus emociones! Faltaría mas.
Y claro, todo esto tiene sus consecuencias. Porque Mario, eres algo introvertido, reconócelo. Digamos que no eres el alma de la fiesta. Ríes poco, no tanto quizás en tu entorno próximo pero sí en tu trabajo. ¿Temes acaso perder la compostura, algo de esa supuesta autoridad y reconocimientos que tantas alegrías te han dado a nivel profesional?

El perfeccionista

El perfeccionista

Poco tiempo para los demás, hasta para los que quieres. Demasiadas cosas pendientes de hacer. ¿Te extraña entonces que te consideren algo distante, frío?
Gran procrastinador, quizás tu peor lacra. ¡Vaya contradicción! Tú, el perfeccionista, probando de tu propia medicina. ¡Que ironía!
Espera, aún no he acabado. Te lo tomas todo bastante a pecho ¿o no? Susceptible, empujado al extremo, tienes incluso un agudo sentido de la persecución. Si te atacan tienes que defenderte y volver a controlar la situación. Siempre en tu zona de seguridad, en guardia.
Perenne insatisfecho, eres juez y parte a la misma vez. Tomas partido en tu propio juicio. Jamás serás imparcial, al contrario, serás tu propio verdugo. Te impones obligaciones inalcanzables que te impiden disfrutar del presente. Ves como el hoy quiere ser el mañana y el mañana el pasado mañana. Permanecer aquí y ahora te resulta inviable y hasta peligroso. No tienes casi presente, solo pasado de arrepentimientos y futuro de preocupaciones. Siempre a la búsqueda de algo que te imposibilita ser quien realmente eres.

Pero Mario, que nadie se rasgue las vestiduras. Otros quizás no sean como tú en ese sentido pero a buen seguro que acarrean con lo suyo. Todos tenemos nuestros cosas…

“Su vida siguió por esos derroteros durante años. Su autoexigencia no parecía tener fin. Duro panorama…a menos que cambiara. Hasta que sucedió…”

Imagen │El perfeccionista, perfeccionismo

 

 

RELACIONADOS