Patrimonio 


El Patrimonio español que viajó a Suiza

Si miramos atrás, las guerras siempre han generado un fuerte impacto en nuestro patrimonio histórico-artístico, ya que las nuevas conquistas siempre han llevado consigo la búsqueda del botín, basada en saqueos, expolios y destrucción del patrimonio. Sin embargo, durante la Guerra Civil española se tomaron una serie de medidas que sirvieron como referencia para conflictos posteriores como la Segunda Guerra Mundial.

El levantamiento nacional durante el verano de 1936, hizo que diera comienzo un conflicto armado que dividiría el territorio en dos bandos confrontados. Pronto los sublevados llegaron a Madrid, donde apoyados por la aviación alemana e italiana hicieron varios bombardeos sobre la población civil madrileña. La situación era tan grave que se decidió salvaguardar las obras frente a posibles saqueos. Uno de primeros impulsores de la protección del patrimonio fue Ricardo de Orueta y Duarte, que estuvo a cargo de la Dirección de Bellas Artes, el cual intentó llevar parte del Patrimonio a la Exposición Internacional de Nueva York de 1939.

Pronto la II República tomó medidas: la creación de la Junta General del Tesoro Artístico, la protección de diferentes monumentos madrileños (Neptuno, Cibeles…), recogida de obras de museos, iglesias, de manos privadas… y puesta en puntos seguros, de forma que fueron trasladando el patrimonio allí donde llevaron la capital, alejándolos de los bombardeos. De este modo, destaca el caso del Museo del Prado desde donde salieron cientos de obras para asegurar su salvamento, destacando la existencia de bombardeos en las inmediaciones de este.

Museo del Prado durante la Guerra Civil Española

El primer destino de las obras sería Valencia, de forma que se embalaron miles de obras que se trasladaron en camiones militares acondicionados con estructuras de hierro con medidas de seguridad como viajar de noche y sin luces para evitar ataques. Una vez allí se depositaron en lugares seguros como las Torres de Serranos o la Iglesia del Patriarca, protegidos con estructuras especiales contra posibles bombardeos.

Traslado de obra

Conforme continuaba la guerra y los republicanos huían a Barcelona, lo mismo sucedió con las obras y objetos, aunque esta vez de una forma mucho más caótica, de forma que fueron depositados en las Minas en el Ampurdá, el Castillo de Peralalda y fortaleza de Figueras.

Finalmente, ante la gravedad de la situación se pidió ayuda al concierto internacional (SDN)  donde se creó el Comité Internacional para la Salvaguardia de los Tesoros Españoles. Sin embargo, pronto la SDN decidió mantenerse al margen, aunque sí se creó un comité formado por diferentes museos internacionales que procedió a: recaudar fondos para la evacuación; inventariar obras; planificar la evacuación; depositar las obras en la sede de la SDN; establecimiento de las condiciones por las que debían ser entregadas al gobierno español, asegurando así su regreso al país… De este modo, en un tercer viaje las obras atravesaron Francia para ser trasladadas a la sede de la SDN en Ginebra (Suiza). Allí permanecieron hasta septiembre de 1939, poco después de iniciarse la II Guerra Mundial, desde donde se habilitó un tren con vagones especiales para su traslado. Ello fue entendido por el gobierno franquista como un gran logro.

Estas medidas fueron consideradas como heroicas por algunos, y además fueron tenidas en cuenta por los responsables de instituciones como la National Gallery o el Louvre durante la II Guerra Mundial para proteger su patrimonio frente a posibles ataques nazis.

VíaLos primeros monuments men fueron españoles,

Imagen| Traslado de obra, Museo del Prado durante la Guerra Civil.

En QAHCinco hitos de la historia del Prado.

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