Patrimonio 


El patrimonio de una arquitectura efímera

Al hilo de un artículo publicado no hace demasiado tiempo en esta plataforma sobre la adjudicación del próximo pabellón para la Serpentine Gallery al estudio español Selgascano, se mostraba la arquitectura efímera como una corriente más dentro de esta rama del arte.

Comúnmente, se nombra como construcción efímera a aquella que muere, se destruye o se desmonta cuando se considera que ha acabado su cometido. Desde hace 15 años, este término es el que define la ideología de la Serpentine Gallery (Londres) con su compendio de pabellones producto de la firma de arquitectos elegidos. También son arquitectura efímera los pabellones de las exposiciones universales, que sirven de escaparate y promoción a países y marcas, o las cabañas de nuestros antepasados nómadas: cuevas, tiendas y chozas que servían de hogar y refugio.

Sin embargo, la arquitectura en general, como cualquier expresión creativa en el tiempo, es efímera, perecedera, caduca. La arquitectura es una forma más de escribir en un período, de borrar y reescribir con palabras nuevas. Cualquier arquitecto que hace arquitectura borra sobre un patrimonio que ha traído el tiempo  y reescribe con su lenguaje. Esta es una teoría de intervención en el patrimonio que fue enunciada por John Ruskin en su escritoLas siete lámparas de la arquitectura”.

Monte Testaccio, Roma

Es uno de los ejemplos de patrimonio hecho ruina y convertido en polvo, El monte Testaccio, consecuencia de la acumulación de restos de ánforas que iban a Roma llenas de aceite desde Andalucía en pleno auge del Imperio Romano

Cualquier arquitectura es una acumulación de tiempo, un hojaldre a capas de intervenciones humanas, que sólo pretenden prolongar más la agonía. De esta forma, es difícil establecer el inicio de una arquitectura efímera, puesto que está construida a base de ruinas. Viajar atrás en el tiempo nos llevaría a la época medieval, que a su vez utilizó como cantera las construcciones romanas y, seguir indagando en la memoria, sacaría a la luz restos de colisiones de cometas en la corteza terrestre.

Todo cuanto se construye está avocado a ser polvo, es efímero. La continuidad que existe desde el proyecto de arquitectura, desde el primer esbozo de grafito, la obra y la ruina es producto de un tiempo asesino. Desde el momento en que se da por finalizada una obra, ésta empieza su agonía, empieza a desgastarse. Una obra que es tallada a modo de escultura como si el escultor fuera el tiempo. Las huellas de su uso, el maltrato de la vida quedan adheridos a su piel y así, poco a poco, va muriendo la arquitectura.

 

Vía| RUSKIN, JOHN; Las siete lámparas de la arquitectura

Imagen| Monte Testaccio

En QAH| Selgascano en la Serpentine Gallery, La Serpentine abre sus puertas otro año más, El basurero más insigne de Roma: il Monte Testaccio

 

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