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El otro lado de la crisis (II)

En el artículo anterior se trató de exponer un enfoque distinto sobre la crisis, encontrando su causa en otros hechos distintos a la caída de la producción y el empleo.

Siempre hay algo positivo, incluso en la crisis

Siempre hay algo positivo, incluso en la crisis

Aunque proporciona una imagen bastante pesimista sobre el panorama económico español,  lo cierto es que no todo el impacto de la crisis ha sido negativo. El entramado empresarial español ha sabido adaptarse a esta nueva coyuntura, como lo indica el aumento del emprendimiento durante los últimos años. En esta línea destaca la creación de nuevos y exitosos negocios, como las yogurterías, las novedosas tiendas de cigarrillos electrónicos o la gran variedad de empresas de servicios low-cost, siguiendo el ejemplo de las compañías aéreas. 2013 ha sido, desde que empezó la crisis, el primer año en el que se registra un aumento en el registro de autónomos. Esto demuestra que el empresario español ha aprendido a apreciar nuevos nichos de mercado. Por ello están apareciendo firmas cuyo objetivo es la ayuda al emprendedor, ya sea en relación a su planificación o a su financiación. Este es el caso de organizaciones como UnLtd Spain, GSEN y JP Morgan Chase Foundation o el programa “La Incubadora”.

Además, las empresas existentes antes de la crisis han tenido que realizar muchos ajustes para poder sobrevivir. Se ha optimizado el uso de los recursos y se recurre más a la planificación para poder conseguir que los negocios sigan siendo rentables. Esta mejora debería servir de base para no volver a cometer los mismos errores en el futuro.

Como otros motores del cambio, la formación y la empleabilidad juvenil han sido señalados como sectores que necesitan una renovación.  El tiempo dirá si la futura FP dual, copiando el modelo de aprendizaje-trabajo ya asentado en otros países de la UE, consigue promover la inserción laboral, gran problema con el que se encuentran los jóvenes actualmente.

La Universidad es un caso que requiere un especial análisis. La reducción del déficit y la caída de la inversión han cortado gran parte de la financiación que sirve de sustento a la institución que transforma las inversiones en conocimiento y desarrollo tecnológico, ese I+D+i del que tanto se habla para fundamentar un crecimiento sostenido. No obstante, hay que reconocer que tanto en docencia como en investigación no se optimizan recursos y la organización es deficiente, por lo que no se consiguen óptimos resultados y se empobrece la imagen de la Universidad. Estos centros deberían hacer autocrítica para poder progresar y volver a atraer la inversión privada.

Por todo esto, parece que la economía española pide a gritos un cambio drástico. Una renovación desde la base, fundamentada en la buena organización y la optimización de recursos, que estimule un crecimiento sostenible y amortigüe los cambios drásticos en la economía. La cuestión es… ¿Por dónde empezamos?

Via| La Semana, El Mundo, Tendencias21

Más información| Mètode

Imagen| Optimismo en la crisis

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