Historia 


El origen del Libro Guinness de los Récords

Los récords Guinness forman ya parte de nuestro día a día. Todos los días se baten unos cuantos cientos y algunos llegan a convertirse en noticia, pero ¿cuál es su origen? ¿Por qué Guinness? ¿Qué relación tienen con la afamada marca de cerveza?

Hugh Beaver, director ejecutivo de Guinness Bewery.

Hugh Beaver, director ejecutivo de Guinness Bewery

Pues, como no podía ser de otra manera, todo comenzó con una absurda conversación tomando unas cervezas en noviembre de 1951. Un grupo de trabajadores de la fábrica Guinness se encontraba tomando unas pintas, tras una jornada de caza, cuando surgió una acalorada discusión en torno a cuál era el ave más rápida de Europa. Unos eran partidarios del urogallo, otros del chorlito dorado, pero lo interesante es que, en mitad de la discusión, surgió la idea de publicar un libro que recopilase este tipo de récords: el más rápido, el más pesado, el más alto…
Aunque el ambiente en que tuvo lugar la conversación fue bastante informal, la idea no cayó en saco roto. Entre los participantes en la reunión se encontraba Hugh Beaver, ejecutivo de la fábrica de cerveza, que trasladó la idea al resto de la ejecutiva y logró que Guinness patrocinase la publicación de dicho libro. La marca contrató para tal fin a dos periodistas que se encargarían de recopilar todos esos hitos y, en 1955, el primer Libro Guinness de los Récords vio la luz.

Portada de la primera edición del libro, 1955.

Portada de la primera edición del libro, 1955.

Lo que nadie esperaba era que aquella alocada idea que surgió en una conversación de bar se hiciera realidad, y mucho menos que llegase a prolongarse tanto en el tiempo sin perder su fama. A día de hoy, la propia publicación ostenta el récord del libro más vendido de todos los tiempos sin tener en cuenta las obras exentas de derechos (La Biblia, El Quijote…). Además, la gente sigue empeñada en lograr aparecer en sus páginas, y aún en la actualidad se baten unos 44.000 récords anuales, aunque lo cierto es que el Libro Guinness solo recoge unos 1.500 para evitar accidentes y negligencias en aquellos récords más sensibles: por ejemplo, cuando se publicó el gato más gordo del mundo, decenas de dueños de felinos se afanaron en cebar a sus mascotas para superar el récord, pero el resultado fue la muerte de muchos de estos animales.
Por cierto, no os queremos dejar con la duda: ni el urogallo ni el chorlito dorado son las aves más rápidas de Europa. Muy por encima está el halcón peregrino, y hace pocos años, un grupo de científicos declaró a la agachadiza real el ave más rápida del mundo tras recorrer un trayecto entre Suecia y el África subsahariana (6.760 kilómetros) en tan solo dos días sin descanso, a una media de 97 kilómetros por hora. Para que veáis que no solo os enseñamos Historia.

En colaboración con QAH| Ad Absurdum

Vía| CONCOSTRINA, N. (2009): Menudas historias de la Historia, ed. La esfera de los libros, Madrid, pp. 237-238.

Imágenes| Hugh Beaver, Portada de la primera edición

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