Cultura y Sociedad 


El origen de la siesta

El término siesta data del siglo XI y proviene de una de las reglas de San Benito: reposo y tranquilidad en la hora sexta, del latín, lapso de tiempo comprendido entre las 12 y 15 horas del día. Según este abad de Nursia, en la región de Umbría (Italia),  todos los religiosos debían recostarse en el lecho en total silencio para descansar y retomar energías para el resto del día.

Esta costumbre se extendió y comenzó a adoptarse en muchos otros monasterios y la población, que comenzó a denominarla comúnmente “siesta”.

La siesta es una consecuencia natural ya que tras la ingesta de alimentos la sangre desciende desde el sistema nervioso hacia el digestivo. Esto produce una somnolencia que es proporcional a la cantidad de alimentos ingeridos. Dadas las proporciones de la “comida” española se entiende la devoción ibérica por dicha rutina.

Pero a pesar de darle el nombre (siesta es una palabra española proveniente del latín) y tener la fama, un estudio realizado en 2002 por la revista Neurology demuestra que nuestros vecinos europeos bien han asimilado dicho hábito en sus rutinas encontrándose Alemania en primer lugar con un 22% de personas que incluyen la siesta en su vida cotidiana. Le siguen de cerca un 15% de los italianos, el 14% de británicos, en penúltima posición un 9% de españoles y por último los portugueses con un 8%.

Al fin y al cabo resulta que los españoles no son los más siesteros pero, como dice el refrán y nunca mejor dicho: “críate la fama y échate a dormir”.

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Imagen | Campeón de la Siesta
Más información | El sueño y la siesta

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