Historia 


El Origen de la Cultura del Vino (III): la Edad Media

Continuamos avanzando a grandes rasgos sobre la historia del vino y de su consumo en nuestro territorio. En las entradas anteriores analizamos el origen del cultivo que nos ocupa y su difusión, así como su importancia en las culturas ibérica y tartésica. En esta ocasión, nos centraremos en las particularidades del vino durante la Edad Media. Durante el periodo medieval, la sociedad desarrolló una serie de prácticas y creencias en torno al consumo del vino, ya fuesen éstas de tipo espiritual, placenteras, terapéuticas o alimentarias. La ingesta del vino también conllevaba el rasgo de factor de sociabilización. El vino solía ser mezclado con agua como paso previo a su consumo y sus propiedades benéficas se relacionaban, siempre que se bebiera con moderación y particularmente el vino tinto, como ayuda a la hora de realizar la digestión, como generador de “buena sangre” y como elemento para mejorar el humor.

Libro de Horas del Duque de Berry. Septiembre. Siglo XII

Libro de Horas del Duque de Berry. Septiembre. Siglo XII

En los reinos cristianos hispanos el modo de producción del vino seguía el modelo romano mientras que la Iglesia acaparaba el ciclo de elaboración, comercio y consumo. En numerosas ilustraciones medievales observamos escenas de vendimia y pisado de la uva donde priman la alegría y la sencillez, lo que nos deja entrever la cultura de trabajo y fiesta que se encontraba íntimamente relacionada con la elaboración del vino en el territorio peninsular entre los siglos XI y XIII.

Podemos afirmar que el vino era una bebida muy generalizada ya en la Alta Edad Media. Una fuente clave a la hora de descubrir los tipos de vino y cómo se consumían durante este periodo la encontramos en la famosa figura de San Isidoro de Sevilla, el cual en sus célebres Etimologías nos muestra los tipos de vino, así como sus mezclas.

“Al vino se le llama así porque, apenas terminado de beber, llena las venas con su sangre

San Isidoro de Sevilla

Siguiendo a San Isidoro descubrimos las distintas denominaciones dadas al vino según sus principales características, procedencia o función: el merum era el vino puro, aquél que no estaba mezclado con ninguna otra sustancia. A partir de éste tipo y según la tonalidad que presentase distinguía entre roseum o vino tinto, amineum o vino blanco y sucinacium o de una variedad cromática ámbar. Por otra parte, dependiendo de la consistencia del vino hablaba del limpidum o aquel con apariencia aguanosa y del turbidum o que contenía posos. Si ya en épocas anteriores, como en el mundo ibérico o tartésico, afirmábamos la presencia de vino importado como elemento de lujo o prestigio, durante la época medieval también se atestigua la importación de vinos desde el extranjero. Entre los más llamativos podemos mencionar el falerno, llamado así por la región italiana de la Campania de la que procedía, Falerna, o el gazeo, llegado desde la región de Gaza en Jordania. Por último, el vino ofrecido en la liturgia era el infertum mientras que aquél que se diluía en agua o no podía ser ofrecido se denominaba spurcum. En el escalafón más bajo en cuanto a calidad del vino nos referimos, el de peor calidad y más áspero era el crucium, principalmente dado y consumido por los esclavos.

Monje probando vino

Monje probando vino a hurtadillas. Miniatura procedente de Den Medeltida Kokboken, uno de los primeros libros medievales de cocina sueca.

Por otra parte y contrariamente a lo que ocurre en la actualidad, el vino en la Edad Media no solía consumirse solo sino que se mezclaba con otras sustancias muy variadas como especias, miel o agua, principalmente. San Isidoro también nos guía en el recorrido a lo largo de las combinaciones más características. Cuando el mosto se mezclaba con miel removiéndolo y agitándolo de forma muy acusada se denominaba Oenomelum. El Saccatum o aguachirle (término coloquial de carácter negativo utilizado hoy en día para denominar una bebida con muy poca consistencia o según la RAE: bebida o alimento líquido como el vino, el caldo, la miel, etc., sin fuerza ni sustancia) se obtenía de la mezcla del agua y de los posos del vino que posteriormente se pasaban por un filtro o saccus. El Melicratum era el vino con miel o también llamado vinomiel. Este tipo de vino conllevaba una segunda fase de fermentación con miel, incrementándose así su graduación alcohólica. El Oxymelum era el resultado de la combinación de vinagre y miel, dos sustancias de propiedades muy diversas que le otorgaban a su vez un carácter dulce y un carácter ácido. El Passum era la bebida proveniente de la prensa de las uvas pasas y su posterior cocción. El Defrutum, vino cocido, podía ser hervido con especias. Por último, el Carenum era un vino dulce, también cocido, al igual que el Sapa.

Tapiz de escenas de vendimia. Siglo XV

Tapiz de escenas de vendimia. Siglo XV

De lo mencionado anteriormente, deducimos la variedad de formas de consumir el vino durante los siglos medievales, ya fuese cocido o mezclado con especias, miel o agua. También, como el vino iba ganándole terreno a la cerveza, contrariamente a lo que ocurría en el mundo ibérico o tartésico, donde el vino era un elemento de lujo reservado, principalmente, para rituales de diverso tipo. Durante la Edad Media el consumo del vino se encontraba más extendido en la sociedad, aunque existiese una gradación de calidad respecto a la clase o estamento que lo consumiese.

Vía| Condado de Castilla, Cartivana. Iconografía del Arte Medieval, Paseando por la Historia

Más Información| CABAÑAS GONZÁLEZ, M.D., Algunas notas más sobre la Cultura del Vino en la Edad Media, Salamanca, 2012

Imagen| Septiembre, monje probando vino, Tapiz vendimia

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