Historia 


El origen de la Cultura del Vino en la Península Ibérica (II): Culturas Tartésica e Ibérica

Tras unos meses de parón retomamos la serie sobre Los Orígenes de la Cultura del Vino en la Península Ibérica. En la primera parte hablábamos a grandes rasgos del origen de la viticultura y de cómo y cuándo llegó el cultivo de la vid a nuestro territorio, así como de algunos aspectos curiosos de su consumo en el Mediterráneo Antiguo. En esta ocasión pretendemos centrarnos en la presencia del vino en las culturas tartésica e ibérica y para ello aclararemos que la Cultura Tartésica fue una cultura pujante que se desarrolló en el suroeste peninsular desde finales del II milenio a mediados del I milenio a.C., mientras que la Cultura Ibérica o los Iberos la constituían un conjunto de pueblos prerromanos que habitaron en el nordeste, el litoral levantino y el sur de la Península Ibérica desde mediados del I milenio a.C. hasta la llegada de los romanos, y entre los que destacan los Bastetanos, Turdetanos, Layetanos o Contestanos, entre otros muchos.

En primer lugar debemos aclarar que son escasos los datos que conocemos sobre el vino en la cultura ibérica. Podemos afirmar que ya en el siglo VI a.C. existen evidencias de que los iberos producían vino, y a partir de este momento, su consumo y cultivo fue extendiéndose poco a poco. En este marco podemos situar el proceso por el cual el vino y su uso se pudieron introducir en Tartessos. Si seguimos las fuentes literarias para este periodo que hacen referencia a la viticultura o al consumo del vino en Iberia encontramos un panorama de escasez centrado en las técnicas de cultivo. Sí son más abundantes las fuentes referidas al tema que nos ocupa para el interior peninsular y Baleares por lo que podemos hacernos una idea aproximada de la situación. Las fuentes mencionan que la bebida alcohólica por excelencia en el interior peninsular eran las distintas variedades de cerveza con un consumo bastante extendido. Sin embargo, cuando había vino éste se consumía en banquetes familiares como nos muestra este fragmento de Estrabón dedicado al interior y norte peninsular:

“Beben  zythos, y el vino, que escasea, cuando lo obtienen lo consumen en seguida derrochándolo en espléndidas comilonas familiares”

¿En qué momentos se consumía vino en la cultura ibérica? ¿Se comerciaba con él o era destinado al autoconsumo?

 Vajilla griega para el consumo de vino aparecido en una tumba ibérica. Los Villares (Hoya Gonzalo, Albacete), s. V a.C.


Vajilla griega para el consumo de vino aparecido en una tumba ibérica. Los Villares (Hoya Gonzalo, Albacete), s. V a.C.

Las fuentes arqueológicas nos permiten dar respuesta a las cuestiones anteriores. El yacimiento de Aldovesta documenta para el siglo VII a.C. la introducción del vino por medio del comercio fenicio en el área levantina, también podemos afirmar la existencia de importaciones de vajilla griega asociada al consumo del vino en el mundo tartéssico. Otro de los yacimientos que nos ha aportado importante información es el del Alto de Benimaquía (siglos VII-VI a.C.) en Alicante, situado en una zona apta para el cultivo del viñedo. En este lugar se ha identificado la existencia de al menos cuatro lagares en los cuales se han encontrado ánforas, interpretadas como ánforas vinarias, y varios miles de pepitas de vitis vinífera, constituyéndose como el lugar más antiguo de producción de vino en Iberia con una producción controlada, protegida y distribuida por las élites del lugar. En La Quéjola, Albacete, se han identificado almacenes de ánforas vinarias y se deduce que podría tratarse de un asentamiento destinado al almacenaje, quizás producción, y distribución del vino por su capacidad de almacenamiento y porque estaba situado junto a la vía Heraclea. Por otra parte, en la necrópolis de Los Villares, Albacete, se han documentado dos depósitos de material quemado con abundancia de cerámica ática donde destacan la presencia de copas para beber vino, entre otros objetos. Esto podría asociarse a la práctica de banquetes funerarios donde se consumiese vino, como un depósito de ofrendas o lugar de libaciones, aunque nada sabemos con seguridad. Por otra parte, el hallazgo de un numeroso lote de ánforas en el pecio de el Sec, Mallorca, a mediados del siglo IV a. C., parece indicar la llegada a Iberia tanto de aceites como vinos importados, en cantidades reducidas, pero que se consideraban símbolo de un mayor status frente a la producción de vino local.

Prototipo de ánfora vinaria fenicia importada a la Península Ibérica

Prototipo de ánfora vinaria fenicia importada a la Península Ibérica

Trasladándonos a la cultura tartésica, Cancho Roano (Badajoz), conjunto palaciego-santuario, sobresale en muchas cosas pero en el tema que nos ocupa destaca el hallazgo de entre 80 y 100 ánforas pertenecientes a la última fase del palacio a mediados del siglo V a.C. De estas ánforas, solo una pequeña parte habían contenido aceite o vino, lo que nos lleva a pensar que eran suficientes para el autoconsumo del complejo y tal vez para grandes ceremonias o banquetes, por lo que no podemos considerar a Cancho Roano como un centro distribuidor de vino sino como de redistribución limitada para banquetes ceremoniales. El hallazgo también aquí de numerosa cerámica griega, vasos para beber vino, nos indica que tal vez pudieran ser empleados en ceremonias colectivas en el propio complejo.

A modo de conclusión, podemos afirmar que el vino se consumía asociado a banquetes rituales y en contextos funerarios a través de su consumo u ofrenda. La producción, distribución y consumo del vino aparece también claramente ligada al control de las élites, una aristocracia dominante que controlaba estos procesos, así como a las élites guerreras o su consumo previo a la entrada en combate, aunque de esto último no podemos estar seguros. Por último, debemos tener en cuenta que el vino no era la única bebida consumida en las culturas ibérica y tartésica. Con probabilidad y anterior a la llegada del vino a la Península Ibérica, éstos ya fabricaban distintos tipos de cerveza. Además la cerveza contaba con la ventaja para su mayor consumo en que no dependía de la estacionalidad del vino constituyéndose también como una bebida de gran importancia y más accesible al conjunto de la población que el vino, reservado para las élites.

Vía| QUESADA SANZ, F., Vino, aristocracia, tumbas y guerreros en la cultura ibérica (ss. V-II a.C.)” en Verdolay 6, págs. 99-124, Madrid

Más información| VV.AA., La Cultura del Vino. Primer Congreso Peninsular, Santiago de Compostela

Imagen| Vajilla griega de Los Villares, ánfora vinaria fenicia

En QAH| El misterioso reino de Tartessos¿Qué es la Falcata?

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