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El Olvido de Maslow

Abraham Maslow fue un conocido psicólogo estadounidense cuyo trabajo de mayor relevancia es la archiconocida “Pirámide de las Necesidades”. Esta teoría psicológica fue propuesta por Maslow en el año 1943 en su obra Una teoría sobre la motivación humana.

Refrescando la memoria de aquellos que no la recuerden, esta jerarquía de las necesidades establece que todo ser humano requiere de la satisfacción de unas necesidades básicas y que en la medida en que éstas son satisfechas se desarrollan necesidades y deseos más elevados.

En una breve descripción de mayor a menor necesidad:

  • Fisiológicas: respiración, alimentación, descanso, sexo, homeostasis.
  • Seguridad: seguridad física, de empleo, de recursos, moral, familiar, de salud, de propiedad privada.
  • Afiliación: amistad, afecto, intimidad sexual.
  • Reconocimiento: autorreconocimiento, confianza, respeto, éxito.
  • Autorrealización: moralidad, creatividad, espontaneidad, falta de prejuicios, aceptación de hechos, resolución de problemas.

El sentido común humano hace pensar que esto se cumple en todos y cada uno de nosotros pero como bien conocemos, el sentido común es el menos común de los sentidos. Sorpresa: esto no sucede.

 Si uno se remonta a la época pre-crisis donde todos eramos felices y el miedo y la incertidumbre habían sido erradicados de la faz de esta hermosa tierra que nos alberga, ¿Qué buscaban esas familias que pedían créditos para una segunda vivienda o para un coche que en condiciones normales no podían ser capaces de comprar? ¿No hipotecaban en cierto modo necesidades fisiológicas como la alimentación o de seguridad como el uso adecuado de los recursos en pro de una necesidades de reconocimiento?

 ¿Dónde se quedo la moral, a la que se hace referencia en las necesidades de seguridad, en las actuaciones de políticos, empresarios o grandes multinacionales en su búsqueda incesante de reconocimiento y autorrealización?

Simplemente, nos olvidamos de ellas. Simplemente, distorsionamos la pirámide de Maslow. Establecimos una nueva figura donde los cimientos son sostenidos por el tejado. Donde las necesidades más básicas de la persona, y por ende de la sociedad, estaban apoyadas sobre la débil necesidad de autorrealización y de la autoestima. Variables etéreas  asimilables a una droga: una vez probada sólo quieres más y más. En la búsqueda de ese más y más esos débiles cimientos que sostienen lo más necesario del ser humano se hacen más frágiles hasta que llegado un punto crítico se fracturan.

 ¿Consecuencia del ego humano o adquirido en base a una cultura que fomenta el consumismo y la autorrealización como modelo de éxito?

 Seguramente la respuesta a la pregunta sea una combinación de ambas. Ahora, perdidos en la mayor crisis económica de la historia, el ser humano disputa un combate en el que no sólo pelea por reconstruir un sistema sino también por reconstruirse a sí mismo.

 Un olvido con consecuencias sombrías. Recurrir a teorías de 1.943 para solucionar problemas de 2.012 sólo te hace reflexionar que el progreso que éramos capaces de sentir se sustentaba sobre la destrucción de aquello que más preciamos: la capacidad para sentirnos dueños de nosotros mismos.

 

Imagen| Pirámide de Maslow

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