Cultura y Sociedad, Patrimonio 


El Museo Guggenheim y las virtudes de la arquitectura del espectáculo

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El museo Guggenheim de Bilbao, obra maestra de Frank Gehry

La arquitectura de Frank Gehry -Toronto, 1929- es espectacular, basta con mirar su obra predilecta, el Museo Guggenheim de Bilbao, para comprobarlo. Pero, Señor Gehry, ¿qué opina usted de aquellos que dicen que usted hace Arquitectura del Espectáculo?’ Inquirió un periodista a propósito de que le fuera concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2014. Tras una respuesta poco recatada, el arquitecto de nacionalidad norteamericana demostró que a sus 86 años, con los más prestigiosos premios de la profesión en su palmarés y todavía una intensa vida profesional, no está por la labor de tener batallas nobles con la prensa. La arquitectura del espectáculo tiene hoy connotaciones peyorativas y se encuentra más a gusto entre las críticas que entre las lisonjas gracias a una crisis que ha etiquetado esta arquitectura como disfuncional, problemática y dilapidante. Sin embargo, hoy venimos a explicar por qué el caso de Bilbao fue un éxito sin precedentes.  

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La ría de Bilbao antes de su regeneración.

La ‘arquitectura del espectáculo’ se define como aquella que crea objetos singulares, casi escenográficos, de ideas plasmadas en el dinamismo de las formas construidas, que niega una relación esencial con el contexto, la memoria o las tradiciones del lugar donde se ubica. Es una arquitectura que explota los medios técnicos del siglo XXI, lleno de posibilidades informáticas, soluciones constructivas imposibles y despilfarro presupuestario, pero cuyo carácter mediático vende la arquitectura de la imagen a doblón justificando el ornamento como un grito en el tejido urbano que sacude la indiferencia de las masas y que reclama, desesperadamente, una nueva identidad que inscriba el lujo institucional en el mapa y distinga al arquitecto creador dentro del panorama profesional internacional.
Destacado por su excelencia en este ámbito, en nuestro país encontramos el Museo Guggenheim. Inaugurado en 1997, con una superficie de 24.000 m² construidos y que presume de haber costado más de un millón de pesetas por metro cuadrado al Gobierno Central, Gobierno Vasco y Ayuntamiento de Bilbao, se trata de una joya bañada en titanio que ha deslumbrado al mundo con los reflejos de sus escamas plateadas. Su promoción supuso el antídoto para curar las enfermedades de una urbe asediada por la contaminación industrial, un paisaje deteriorado y especialmente resentido en las orillas de la ría a causa de los astilleros, donde hoy se ordenan además del Museo otros edificios institucionales de valor, como el Museo Marítimo, el Palacio Euskalduna, la Torre de Iberdrola o la Bibioteca Universitaria de Deusto. Estas bellezas arquitectónicas desfilan a lo largo de un parque lineal pulcro y aseado que ha vestido de gala y orgullo a sus ciudadanos y a todos los negocios de la ciudad. La creación del Museo de Gehry ha supuesto una profunda regeneración ambiental en la urbe, creando miles de puestos de trabajo, revalorizando todos los terrenos de la ría y reconvirtiendo Bilbao en toda una capital de cultura, negocios y vanguardia a nivel mundial.

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La ría tras la regeneración ambiental, presidida por el Museo Guggenheim.

El Guggenheim ha trascendido la imagen de museo en sí mismo para transformarse en el símbolo de una ciudad moderna de gran atractivo internacional que mueve masas turísticas gracias a la llamada ornamental de Gehry, reclamo que en plena crisis sigue tocando la mejor sinfonía: la de la prosperidad económica. A pesar de haberse empleado la receta para otras ciudades europeas, este fenómeno es posiblemente irrepetible debido a razones ajenas al control de ningún arquitecto del star-system. La ciudad fue pionera en transformar ocio y cultura en un solo negocio, preocupándose por la educación cultural, la renovación de los contenidos temporales, el incremento del atractivo comercial y el patrocinio del conjunto en los medios de comunicación.  La buena gestión de los medios es recompensada por un creciente millón de visitantes al año, los cuales generan unos beneficios que rentabilizan con creces su mantenimiento y el de todas las infraestructuras asociadas, lo cual destaca al Museo como un servicio sostenible de dinamización cultural, social y económica que se implanta con éxito en la ciudad, desarrollándola y enriqueciéndola. Todo un ejemplo a envidiar. Posiblemente Gehry no fuera consciente de las milagrosas consecuencias que tendría el Museo mientras diseñaba ese caprichoso carcasón, pero desde entonces no hacen más que lloverle encargos y medallas. ¿Es pues su obra ‘arquitectura del espectáculo’? Sin duda. Lo que el periodista no le aclaró es que ello pudiera ser una virtud en el caso de esta ciudad.

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Frank Gehry, triunfante frente a su obra.

Via| Frank Gehry

Más información| El efecto Guggenheim , Rueda de prensa de Frank Gehry, Apuntes de Frank Gehry

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En QAH| La arquitectura del espectáculoFrank Gehry, un escultor que estudió arquitectura

 

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