Historia 


El mundo de los muertos en la Antigua Mesopotamia

En este viaje nos adentraremos por uno de los aspectos destacados de la cultura mesopotámica, el culto al más allá. Mesopotamia o la tierra entre ríos, como denominaron los griegos a la región comprendida entre los ríos Tigris y Éufrates, es considerada también la cuna de nuestro mundo. Allí nacieron la escritura, las ciudades, el Estado, la economía o las matemáticas, y también se desarrollaron pueblos que llegaron a construir algunos de los mayores imperios de la Edad Antigua, como Sumer, Babilonia o Asiria.

Diademas, collares, pendientes y tocado del cadáver número 61 del gran pozo funerario hallados en Ur, mediados del III milenio a.C.

Diademas, collares, pendientes y tocado del cadáver número 61 del gran pozo funerario hallados en Ur, mediados del III milenio a.C.

En Mesopotamia, la inmortalidad era algo exclusivamente reservado para las divinidades. Para el hombre de a pie, la muerte era el paso a una vida peor dominada por demonios y monstruos. Como en el Antiguo Egipto, se proveía al difunto de ofrendas y ajuar para asegurar su sustento en la otra vida. El ajuar común incluía joyas, agujas de bronce y cobre, espejos de bronce, cuentas de collar o brazaletes, vasos y platos de cerámica, pesas de balanza, etc. La práctica funeraria era la

En Jericó, los difuntos se enterraban bajo el suelo de las casas, pero las calaveras se separaban del cuerpo, se modelaban con yeso y arcilla y se decoraban con conchas y pinturas para el culto doméstico a los antepasados. Este aspecto ritual de la cultura del Levante meridional aparece también en el Éufrates medio, el sureste de Anatolia y la costa levantina septentrional. Cráneo procedente de Jericó, VIII milenio a. C.

En Jericó, los difuntos se enterraban bajo el suelo de las casas, pero las calaveras se separaban del cuerpo, se modelaban con yeso y arcilla y se decoraban con conchas y pinturas para el culto doméstico a los antepasados. Este aspecto ritual de la cultura del Levante meridional aparece también en el Éufrates medio, el sureste de Anatolia y la costa levantina septentrional.
Cráneo procedente de Jericó, VIII milenio a. C.

inhumación y los cuerpos de los muertos se colocaban en ambientes diferentes para separar a hombres, mujeres y niños (los niños solían enterrarse bajo el suelo de las casas, dentro de una tinaja). Del mismo modo, la posición del difunto varió a lo largo del tiempo, desde la colocación del difunto de lado y con las piernas dobladas, a la posición fetal o tendido sobre un costado o boca arriba.

Ahora, junto a tu gran divinidad, con azufre puro las quemo, las consumo. Guárdame, señor, arráncalas de mi cuerpo, líbrame de sus sortilegios perversos. (Conjuro a Girru)

Ya hemos mencionado anteriormente la visión pesimista de la vida tras la muerte que esperaba al hombre mesopotámico, en la cual éste se convertía en una especie de espíritu que vivía en un mundo subterráneo y desdichado. El espíritu (en sumerio, gidim), si había sufrido una muerte violenta, podía transformarse en un ser maléfico causante de dolor y desgracia para los vivos, que podía poseer a alguien penetrándole por los oídos y sólo se podía expulsar por medio de rituales mágicos llevados a cabo por exorcistas. Para los niños recién nacidos y aquellos que morían antes de su tiempo existía un más allá algo más prometedor que el descrito y se les imaginaba jugando alegremente en una mesa de oro y plata. Por el contrario, a los insepultos o a los que morían con el cuerpo quemado les aguardaba una existencia en ultratumba triste y desgraciada.

Daga de Meskalamdug, Ur, Cementerio Real, h. 2450 a.C. Empuñadura de plata y oro y hoja de bronce.

Daga de Meskalamdug, Ur, Cementerio Real, h. 2450 a.C. Empuñadura de plata y oro y hoja de bronce.

A continuación, abordaremos un breve esbozo de la necrópolis de Ur y de las tumbas reales de Nimrud. La necrópolis de Ur fue descubierta en 1922. El cementerio real estuvo activo hasta época neobabilonia, contaba con 1850 tumbas y en el destacan los ajuares funerarios de los reyes de la I dinastía de Ur (las diademas de la dama Puabi, La daga de Meskalamdug, jarras y vasos de oro o el estandarte de caliza roja, concha y lapislázuli), sepultados en tumbas de una o varias cámaras excavadas en el subsuelo, revestidas de piedra y ladrillo, a las que se accedía por un largo pasillo muy inclinado. En el ritual de la sepultura se incluían los sacrificios humanos, aunque estos  no eran muy numerosos.

En el sepulcro del rey se habían hecho tantos sacrificios humanos que el suelo de la tumba estaba completamente cubierto de esqueletos (Diarios de Sir L. Woolley)

Brazaletes hallados en Nimrud, Palacio Noroeste, tumba de Jabaya, siglos IX-VIII a.C. Oro y piedras duras.

Brazaletes hallados en Nimrud, Palacio Noroeste, tumba de Jabaya, siglos IX-VIII a.C. Oro y piedras duras.

Por otra parte, en cuanto a las tumbas de las reinas de Nimrud, éstas nos han proporcionado una enorme cantidad de piezas de orfebrería neoasiria datadas entre los siglos IX y VIII a. C (unas 10.000 piezas de joyería menor, así como ampollas, vasos, jarras y objetos de tocador). Las tres cámaras funerarias se encontraban debajo de la parte doméstica del Palacio Noroeste y en ellas yacían la reina Yabaya (posible esposa de Sargón II), su hermana Taliya y la Reina Mullissumukannishat-Ninua, esposa de Asurnasirpal II y de Salmanasar III.

Vía| ASCALONE, E., Grandes Civilizaciones. Mesopotamia, Barcelona, 2008

Más información| VV.AA., Atlas Histórico Mundo Antiguo. Egipto, Próximo Oriente, Grecia, Roma, Barcelona, 2016

Imagen|Gran pozo funerario, cráneo Jericó, Daga Meskalamdug, brazaletes Nimrud

En QAH|El mundo de los muertos en la Antigua China

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