Coaching y Desarrollo Personal, Reflexiones 


El mundo de los espejos

¡Basta! ¡Basta ya de corazones de hielo y de mentes vacías, de silencios que callan gritos de auxilio y de sonrisas que ocultan lágrimas, de sentimientos que llevan consigo una condena y de reflejos de una vida que no estamos viviendo. ¡Basta ya de salir a la calle a pasear por una fantasía! La vida no es un cuento, no hay hechizos, ni magia, el cristal de los zapatos corta la piel, no hay princesas indefensas, y los príncipes, a menudo, suelen ser sólo apariencias.

Dejemos de asfixiarnos por querer formar parte de una falsa realidad, dejemos de ponerle cadenas a los sentimientos, disimulando y riendo, pero ahogándonos en una masa de dolor, de soledad, dejemos de ser objeto de miradas y comentarios, de “like” y de “follow“, la vida no necesita público, sino protagonistas, personajes que actúen pero que no interpreten papeles, individuos que no teman mirarse al espejo, mostrar lo que sienten, personas que vivan para compartir momentos y no imágenes en las que fingen lo felices que son.

No tienen nada de malo regalar las emociones a los demás, no hay delito en decir si estás triste, o contento, si quieres a alguien, si lo echas de menos, si estás tan aterrado que no te responden los pies. Es tu momento, estás en tu derecho, dedícate el privilegio de verte a ti mismo, de hablar contigo mismo, de sentirte, para que luego puedan sentirte los demás. En el mundo de espejos en el que vivimos la gente tiende a pensar que un rostro lo dice todo, que no hay más allá de lo que observan a simple vista, porque están ocupados demostrándoles a los demás la vida que interpretan.

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El mundo de los espejos

Pero ellos han de saber que los reflejos son tan sólo una mitad, una vida a medias, una realidad a medias, un corazón a medias, la carcasa de una persona que se encuentra partida en dos pedazos, una coraza de piel oxidada, una sonrisa incompleta y temblorosa, una mirada como un océano.

Todos nos rompemos, porque somos frágiles aunque nos creamos eternos, porque tenemos miedo aunque nos guste ser valientes, porque podemos estar tristes aunque seamos felices. Todos somos pedazos, emociones desarmadas de un cuerpo caduco, piezas de un puzzle por armar. La diferencia entre unos y otros, está en aquellos que luchan por construirse día a día, frente a aquellos que sólo se preocupan por decorar su fachada.

@Jota_PrietoAbia

Imagen | Pixabay 

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