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El monstruo de las galletas tenía ansiedad

¿Cuántas veces os habéis sentido como un auténtico monstruo de las galletas? Vamos de un lado a otro de la casa, del trabajo, de la universidad buscando algo que calme ese malestar que sentimos en el estómago. Pronto hallamos el remedio: la nevera.

La comida como solución a la ansiedad es una mala opción.

La comida como solución a la ansiedad es una mala opción.

Empezamos a comer todo aquello que parezca saludable pero al ver que seguimos sintiéndonos vacíos, decidimos parar y resignarnos a padecer.

Pero, ¿qué nos está pasando en realidad?, señores y señoras, estamos experimentando ansiedad.

La ansiedad es una respuesta de alarma que nuestro organismo emite automaticamente ante cualquier cambio existente en nuestro entorno con la finalidad de prepararse para hacer frente a cualquier demanda del mismo.  Como vemos esta respuesta no es negativa, de hecho, gracias a ella hemos podido sobrevivir en un entorno amenazante a lo largo de los años. Sin embargo, esta respuesta fisiológica ya no resulta adaptativa en un ambiente donde los peligros a los que nos enfrentamos son principalmente psicológicos. Es aquí donde la ansiedad se convierte en un problema que, si se mantiene a lo largo del tiempo, puede generarnos estrés.

Pero si es una respuesta fisiológica, ¿qué podemos hacer para controlarla?, la respuesta la han tenido siempre delante: respirar.

Sin embargo, no debemos respirar como acostumbramos sino que esta respiración debe ser rítmica. Para ello, debemos realizar entrenamientos en respiración con el fin de favorecer el control voluntario de la misma y automatizar ese control para que pueda ser mantenido en las situaciones ansiógenas.

¿Cómo podemos entrenar la respiración? A través de cinco ejercicios cuya duración debe ser de dos a cuatro minutos.

Ejercicio 1: Respiración abdominal. Coloque una mano en el abdomen y la otra en su estómago. A continuación tome aire por la nariz intentando que este solo llegue a la parte de inferior de sus pulmones y después expúlselo por la boca. Notará que está haciendo bien el ejercicio si la mano del abdomen se mueve pero no la de su estómago.

Ejercicio 2: Inspiración abdominal y ventral. Mantenga las manos en la misma posición que en el ejercicio anterior, es decir, una sobre el abdomen y la otra sobre su estómago. Tome aire por la nariz procurando llenar primero la parte inferior de sus pulmones y después la zona media. Podrá comprobar que primero se mueve la mano colocada en su estómago y después la situada en su abdomen. Una vez haya notado estos movimientos expulse el aire por la boca.

Ejercicio 3: Inspiración abdominal, ventral y costal. En este ejercicio mantendremos la postura de los anteriores. El objetivo es realizar una inspiración completa de modo que dirigiremos el aire tomado a la zona inferior, media y superior de los pulmones (en este orden). Para ello notaremos como se mueve la mano del estómago, después la del abdomen y finalmente percibiremos el movimiento del pecho. Después expulse el aire.

Ejercicio 4: Espiración. Una vez que sabemos cómo inspirar debemos ser capaces de hacer más compleja y regular la respiración. Para ello, realizaremos la inspiración abdominal, ventral y costal (ejercicio 3) pero a la hora de espirar cerraremos bastante los labios de manera que suene un breve resoplido cuando se expulse el aire.

Ejercicio 5: Ritmo inspiración-espiración. En este punto deberemos entrenar los ejercicios 3 y 4 de manera simultánea de modo que la inspiración no se realice seccionada en tres partes sino de manera continuada.

Una vez haya completado el entrenamiento será hora de ponerlo en práctica en las diferentes situaciones que nos provoquen cualquier tipo de malestar. Podrán comprobar la eficacia de la respiración y del entrenamiento que han realizado cuando vean la nevera llena la próxima vez que vayan a visitarla.

Vía| Méndez Carrillo, F., Olivares Rodríguez, J., & Quiles Sebastián, M. (s.f.). Técnicas de relajación y respiración.

Imágenes| Ansiedad y comida,  Monstruo de las galletas,

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