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El milagro vietnamita, o el reino de las motocicletas

Unos cinco millones de motocicletas se movilizan diariamente por Ciudad Ho Chi Min, Saigón para entendernos, una urbe de seis millones de habitantes. Teniendo en cuenta que suelen aceptar —tranquila aunque increíblemente— cuatro pasajeros, sobran motos para llevar a toda la población. ¿Habrá alguna ciudad del mundo más motorizada?. La respuesta es: no.

 

Bikes of Burden

Bikes of Burden

Este reino de las motos —magistralmente glosado fotográficamente en un popular libro, BIKES OF BURDEN, Hans Kemp, con centenares de fotos de motos transportando las personas, cosas y volúmenes más disparatados que quepa imaginar— es la mejor evidencia del cambio —“Doi Moi”— experimentado por la economía vietnamita en los últimos veinte años: un milagro en toda regla, que pronto dará mucho y bien que hablar.

 

Acabada la guerra en 1975, hasta 1986 continuó el racionamiento de la alimentación de la población. Por aquel tiempo la explotación de la tierra agrícola —cuya propiedad era y sigue siendo del Estado— era decidida por el Gobierno, que establecía qué había que producir y a qué precio —de miseria— lo compraba. En tales condiciones nadie quería trabajar, salvo para el autoconsumo, mientras que las importaciones anuales de arroz alcanzaban —para mal comer— el medio millón de toneladas métricas.

 

Politicos Vietnam 1986

Politicos Vietnam 1986

Salvadas las distancias —históricas, geográficas e ideológicas— con España, en 1986 surgieron renovadores en el gobierno de Vietnam, que, un poco al estilo de nuestro Plan de Estabilización de 1959, plantearon valientemente un cambio del que hacer económico —que recibió el nombre vietnamita de “Doi Moi”-, tan sencillo y lógico como luego exitoso. Sus defensores arguyeron que peor no se podía estar y que merecía la pena probar; incluso llegaron más lejos al popularizar un lema —al típico estilo comunista,- “Doi Moi o muerte”—, cuyo arrojo evidenciaba la quema de las naves del pasado para navegar valientemente con otras hacia un horizonte entonces desconocido y hoy felizmente poblado de realidades muy positivas y amplias esperanzas de futuro.

 

El “Doi Moi” implicó básicamente dos cambios esenciales: la libre explotación de la tierra y la libre empresa. En el primer caso, los agricultores podían producir y luego vender en el mercado al mejor postor lo que quisieran, con un pago muy pequeño de una renta fija al Estado en tanto propietario de las tierras. En el segundo, la empresa, muy pequeña y familiar que ya existía pero limitada a un máximo de cinco empleados, tomó personalidad jurídica y pudo crecer sin limitaciones de dimensión ni de actividad —salvo algunas excepciones—.

 

Sapa montañas al norte de Vietnam

Sapa montañas al norte de Vietnam

Los resultados positivos del “cambio” no se hicieron esperar: en 1989, sólo tres años después, Vietnam pasó de importador a exportador de arroz, hasta convertirse hoy en el segundo exportador mundial tras Tailandia, además de segundo exportador mundial de café —¡que antes de 1986 no producía!— después de Brasil y por delante de Colombia. La proliferación de la actividad empresarial privada ha conducido, a la economía vietnamita, además, por una insólita senda de crecimiento —que desafía al chino y que este año de crisis mundial superará el 5%— en un marco económico verdaderamente prodigioso: según la Cámara Europea de Comercio, sólo el 10% del empleo es público —–la mitad que en España— y el gobierno apenas maneja un 35% del PIB, el resto es privado. ¿Qué países del mundo están tan ligeros de equipaje público y prosperan a la velocidad vietnamita?

 

Alexandre de Rhodes

Alexandre de Rhodes

Para el viajero o residente occidental en este país, resulta especialmente amable el hecho de que pueda leer e incluso hablar la lengua vietnamita gracias a la latinización de su alfabeto —anteriormente chino— llevada a cabo por el misionero jesuíta Alexandre de Rhodes. Vietnam, se escucha allí, no es una “ miniChina”. Su población se muestra más abierta a Occidente que en el resto de Asia, mientras que la guerra y los enemigos históricos no forman parte de la memoria de una sociedad que sólo ansía trabajar duro y prosperar, mientras mira con personalidad propia y optimismo al futuro.

 

Basta visitar, incluso por poco tiempo, el Vietnam de hoy para saber a ciencia cierta que el gran país indochino está viviendo el comienzo de una edad de oro económica, que, de no torcerse las cosas, durará largo tiempo y —salvadas las distancias— podrá emular el éxito coreano; del Sur, se entiende.

 

Cosechados los primeros y abundantes frutos de la reforma, los desafíos más inmediatos de Vietnam son las infraestructuras, la salud y la educación. Hacen falta, aeropuertos, puertos, carreteras, autopistas, puentes, acueductos, transporte urbano, metro, electricidad, tratamiento del agua, hospitales, etc. También elevar el nivel educativo de la población, aceptable a nivel general pero muy insuficiente en cantidad y calidad a escala profesional y universitaria. El gobierno vietnamita no sólo reconoce tales insuficiencias; está trabajando en pos de resolverlas, para lo que necesitará ayuda e inversión exterior.

* Twitter| @jbanegasn
* Más información| España, más allá de lo conseguido, Canal Youtube de Jesús Banegas y Programa radio “Viaje a Serendipia”

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